Capitulo 15 (Nuevo)

82 7 0
                                        

—Mi señor, tenemos información.

Mis sombras se postran ante mí, sus siluetas alargadas por la penumbra del salón. Les permito hablar, aunque la paciencia nunca ha sido mi virtud.

—Habla. No me hagas perder el tiempo.

—La unigénita de la Reina de los Dragones está en el mundo mágico. Su nombre es Michell Anderson. La vi cruzar el portal con otro chico.

Finalmente. La chica de la profecía. Sonrío, disfrutando del sonido peculiar de su nombre en mi boca.

—Mi-chell... —pronuncio en un susurro lleno de desprecio, antes de reír —. ¿Estás seguro de que es ella?

—Sí, mi señor. Está en la Escuela de Dragones. ¿Qué quiere que hagamos?

La espera ha terminado. Que entrene, que crea estar lista. Así la batalla será... justa. Pero no tengo prisa. Quiero disfrutar de este juego.

—Nada. Déjamela a mí. Deja que entrene, que aprenda. Luego, la asesinaré lentamente... hasta que me pida que la mate.

—Sí, mi señor —responde, y la sombra se retira, dejándome solo en mi trono oscuro, rodeado por el eco de mi risa.

Pronto, Michell. Pronto estaremos cara a cara y me veras como tu peor pesadilla.

Narración Michell

La biblioteca es enorme. Columnas interminables de libros se extienden en todas direcciones, haciendo que me sienta pequeña, perdida entre el conocimiento de hace siglos.

—Michell, concéntrate. Agua de Lemuria para ver recuerdos, Agua de Niz para dormir, Agua de Flor de Loto para sanar heridas —dice Kai, paciente, mientras señala cada flor en el libro.

Mis ojos empiezan a doler de tanto leer y releer.

—Kai, ya no puedo más —suelto, agotada—. Si tengo el poder de todos los dragones, ¿por qué no se activa el de sabiduría? —Me cubro el rostro con las manos, frustrada.

—Mic, todo a su tiempo. —Él sonríe, pero su tono es firme—. Primero estudiaremos, un paso a la vez.

Levanto la cabeza, sorprendida.

—¿Mic?

Kai sonríe, encogiéndose de hombros.

—Pensé que podía llamarte así. Lo siento si te incomoda.

—No, no es eso. Solo... "Mic" es especial. Es algo que solo mi mejor amiga, Alicia, suele decirme —le explico, pensativa—. Pero puedes llamarme así, si quieres, siempre y cuando que no sea "Lena".

—¿Por qué no quieres que llame "Lena" al final ese es tu nombre ?

—No es mi nombre soy Michell Anderson. Lena es el nombre que me puso mi madre biológica, pero no me siento identificada. Es como si fuera alguien que no soy, una expectativa que no deseo cumplir.

—Lo entiendo —dice en voz baja.

Kai me mira con curiosidad, y su tono se vuelve juguetón.

—Dime, Michell, considerando que eres una persona con buen juicio, ¿qué apodo me pondrías?

Pienso un momento y sonrío.

—Ocean.

Él suelta una risa.

—¿No es un poco predecible, Fuego?

—No lo creo, Ocean —respondo, divertida.

Aún no lo conozco del todo, pero hay algo en su sarcasmo y seguridad que me reconforta. Siento que podría llegar a confiar en él.

—Fuego, volvamos al estudio.

Suspiro y retomo el libro, resignada.

Después de casi dos horas, finalmente cerramos los libros. Me recuesto en el respaldo de la silla, sintiendo como si mi cerebro hubiese corrido una maratón.

—Bueno, oficialmente terminamos —dice Kai—. Pero aún hay algo que quiero mostrarte.

—¿Qué es?

—Ven, vamos a la sala de entrenamiento. Es hora de aprender algo de combate y armas.

Mis ojos se abren un poco más. Lo último que quiero es herir a alguien.

—Pero... no tendré que matar a nadie, ¿verdad?

Kai niega con una sonrisa tranquila.

—Claro que no, pero es mejor que estés preparada para defenderte. A veces, Michell, este mundo el más fuerte sobrevive.

—Tiene que haber otra opción. Mi madre siempre me enseñó que cada vida es sagrada.

Kai suspira, su expresión es como si yo fuera tan inocente.

—Ser bueno es importante, Michell. Pero la oscuridad siempre se aprovecha de los buenos. A veces tenemos que hacer cosas difíciles para proteger a quienes amamos.

No puedo evitar sentir que este mundo es injusto, implacable. Kai me mira, serio, y me guía hasta una vitrina de armas.

Él saca un estuche con cuchillos de diferentes tamaños y me entrega uno pequeño y bien afilado, de mango rojo.

—Es tuyo. Llévalo contigo a donde vayas. Puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Sujeto el cuchillo con cautela, mientras Kai coloca su mano sobre la mía y me guía en cómo usarlo sin lastimarme. Sus movimientos son precisos, su voz baja, dándome instrucciones con calma.

—Aquí —dice, señalando la parte interna de mi zapato—. Ponlo aquí, donde nadie lo verá. Pero recuerda, solo úsalo como último recurso.

Asiento, sintiendo el peso frío del cuchillo mientras lo guardo en mi zapato.

—Nunca lo muestres. Ni siquiera a los más cercanos —advierte, mirándome con firmeza. —Bueno, el cuchillo nunca debe estar fuera de tu vista.

—Está bien

—Eso es todo por hoy, Fuego. Ve y descansa.

—Gracias por la lección, Ocean.

Me toma un segundo asimilarlo, el significado de lo que Kai me acaba de entregar. Me acompaña hasta mi habitación en silencio, la sensación de que él espera algo de mí, que use este cuchillo para herir a alguien.

—Descansa, Fuego —dice, con una sonrisa

—Descansa, Kai.

Él asiente y me mira algo confuso esperando que lo llamara de manera distinta, y lo veo alejarse por el pasillo. Y mientras dejo caer mi cuerpo sobre la cama, siento que este día ha sido el comienzo de algo grande, de algo que nunca podré olvidar.

La Profecía De Dragones                           (NUEVA VERSION)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora