Capitulo 39(Nuevo)

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Ha pasado una semana desde que regresé, y la distancia entre Carlos y yo es notable. Lo veo a lo lejos, en los pasillos de la escuela, siempre evitando mi mirada. Cada intento mío de acercarme parece chocar contra una pared invisible. Yo quiero hablar con él, poner las cosas en claro, pero la oportunidad nunca llega. Su hermana... la tengo en mi mente todo el tiempo. Sé lo que está pasando, lo que Dion puede hacerle, y lo que Carlos aún no sabe. Y me pesa. Pero tengo que salvarla. Poner fin a esto de una vez por todas.

El plan de Dion me atormenta. No quiero llegar al punto de tener que matarlo, no quiero ser esa persona. Pero la última opción está ahí, esperando. No puedo permitir que destruya más vidas.

Kai... él ha estado a mi lado, lo sé. Siempre vigilante, siempre atento. Pero hay algo en su mirada ahora. Algo diferente. Su preocupación me hiere de un modo que no sé cómo manejar. La tensión crece entre nosotros, como si él también me estuviera culpando de algo, aunque no me atrevo a decir qué es. ¿Por qué estoy tan sola en esto?

Y luego está la Oscuridad. La verdad es que ni siquiera sé por qué sigo intentándolo. Cada vez que trato de acercarme a ella, algo en mi cuerpo lo rechaza. Como si no fuera digna de ese poder, como si fuera una traidora. Las sombras, las almas de los dragones muertos, se burlan de mí. Se niegan a liberarse, se retuercen en su prisión. ¿Por qué no puedo liberarles, Dion? ¿Por qué siempre tienes que complicarlo todo?

Durante el almuerzo, la atmósfera es densa, cargada de algo que no puedo identificar. Todos me observan en silencio. Carlos ha dejado de comer con nosotros, y es como si su ausencia fuera un vacío que no se puede llenar. Eva... Eva lo mira con una mezcla de ira y desesperación, y no puedo evitar pensar que es mi culpa.

Pero nadie sabe lo de la hermana de Carlos. Solo yo. Solo yo soy consciente de lo que realmente está pasando. Lo intenté, intenté hablar con Kai, pero ahora él está más distante que nunca. La distancia entre nosotros se siente más profunda que cualquier océano.

Me acerco a la mesa. Mi cabeza da vueltas. Un dolor intenso se clava en mi sien, y de repente mi bandeja de comida cae al suelo. Todo se congela, y un escalofrío recorre mi espina dorsal. No es solo el dolor... esa voz.

—Voy por ti, Michell.

Es Dion. La maldita amenaza en su tono se clava en mi mente como una daga.

—Dion, por favor, hablemos —le suplico, mi voz casi quebrándose por la tensión.

—¿Hablar en serio? —su risa burlona resuena en mi mente, como si lo disfrutara. No me puedo permitir perder la calma ahora. No quiero que nada empeore.

—No tiene que morir nadie.

La respuesta llega como un susurro venenoso, frío. Me congelo por un segundo.

—Bien, te espero donde comenzó todo. Ve sola. Si veo algo sospechoso, todos en la escuela morirán.

La voz de Dion desaparece de golpe, y el peso de su amenaza queda suspendido en el aire. Mis piernas tiemblan, pero tomo aire y trato de mantenerme firme. ¿Por qué siempre tiene que ser así?

Kai me ayuda a levantarme, pero sus ojos están llenos de preocupación. Todos nos observan, y me siento como una extraña en mi propia piel.

—Prepárense. La escuela será atacada —anuncio, con un tono grave que me sorprende incluso a mí misma. Ellos siguen observándome, como si no pudieran comprender lo que está pasando. Yo no tengo tiempo para explicaciones. Salgo corriendo hacia mi habitación. Sin mirar atrás, dejo a todos atrás, preguntándome si alguna vez volveré a verlos.

En mi habitación, me cambio rápidamente. Me quito la ropa incómoda del uniforme y opto por algo más ligero, algo que me permita moverme con libertad. Mis manos tiemblan mientras me visto, pero cuando cierro la puerta con fuerza, me doy cuenta de que es ahora o nunca.

La Profecía De Dragones                           (NUEVA VERSION)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora