Capitulo 40(Nuevo)

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Narración Dion

Se supone que soy el villano de este mundo. Es mi destino. Sin embargo, la mestiza a la que debería estar eliminando parece haber olvidado ese detalle. ¿Por qué intenta ser amable conmigo? Todos me temen, ¿por qué ella no?

¿Se golpeó la cabeza al volar?
Bueno, al menos me está facilitando matarla.

Estamos frente al portal que lleva al mundo terrenal, una roca gigante con forma de dragón cuyas escamas parecen brillar con vida propia.

—¿Qué vamos a hacer en el mundo terrenal? —pregunto, dudando de sus intenciones.

—Quiero que veas que no todo el mundo es malo —responde Michell con una sonrisa demasiado confiada. Esa expresión casi me hace reír. Ella realmente cree que los humanos merecen vivir. Yo sé que solo piensan en ellos mismos.

—Solo un mestizo impuro puede abrir los portales.

—La ventaja de ser una mestiza —replica con un tono burlón.

—¿Quieres que el mayor enemigo de este mundo entre al mundo terrenal sabiendo que puedo causar daño? —La miro con incredulidad, esperando que entre en razón.

—Sé que no lo harás.

—¿Por qué estás tan segura?

—Por la misma razón por la que no me has matado aún.

Eso me deja sin palabras. Aprieto los puños, intentando ignorar la voz dentro de mí que me pregunta por qué no lo he hecho. ¿Qué estoy esperando?

Michell no espera mi respuesta. Toca la roca del portal y este se abre, liberando una luz cegadora que me hace entrecerrar los ojos.

—Vamos, te gustará el mundo terrenal —dice con una alegría que me irrita—. Nos dirigimos a Nueva York, pero no iremos a mi casa.

Me quedo en silencio. ¿Qué me pasa? ¿Por qué estoy hablando con una impura? Ella no merece nada. Podrá tener el poder, pero no las agallas que yo tengo. Quiero matarla, pero... no sé por qué no lo he hecho.

—Vamos, te gustará el mundo terrenal. Vamos a Nueva York, pero no iremos a mi casa.

—Michell, tú no eres normal —aclaro, cruzando los brazos.

—Y tú, Dion, deja de ser tan obstinado. Solo sígueme —dice ella mientras toca la roca del portal en forma de dragón.

El portal se abre, una luz brillante nos envuelve, y avanzo hacia él, impulsado por una determinación que no entiendo.

Cuando abro los ojos, un montón de edificios y extraños artefactos rodantes —autos, creo que los llaman— llenan mi vista. Desde que era niño no había pisado el mundo terrenal. Mi plan siempre fue simple: primero el mundo mágico, luego el terrenal.

Michell, con su cabello rojo brillando bajo el sol y sus ojos verdes resplandecientes, parece encajar aquí de una manera que no puedo explicar.

¿Por qué rayos me fijo en eso?

—Dion, te presento Nueva York. Espero que mi celular todavía tenga dinero en el banco —dice Michell con dramatismo.

—¿Para qué necesitas dinero? —pregunto fríamente.

—Para comprarnos un helado y luego pasear por la ciudad.

—¿Pasear?

—Sí, pasear es ver lugares que no has visto.

—No eres normal.

—Solo sígueme, Dion.

—Bueno —respondo, a regañadientes.

La Profecía De Dragones                           (NUEVA VERSION)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora