Abro lentamente los ojos y veo que estoy recostada en una camilla. A mi lado, Kai está sentado, observándome con una expresión de preocupación.
—¿Michell, estás bien? —pregunta, intentando mantener la calma, pero sus ojos lo traicionan.
—Sí... eso creo —respondo, mientras bajo la mirada para examinar mi cuerpo. Al ver mi brazo derecho, noto un tatuaje en forma de dragón. Es impresionante, una obra maestra. Jamás había visto algo tan detallado.
—¿Qué rayos me pasó? —preguntó en voz baja, intentando comprender. Kai suelta un suspiro antes de hablar, como si el peso de las palabras fuera a traerme de vuelta a la realidad.
—Sucedió en el combate. Sentiste el poder activarse y... actuaste sin pensar. Pero no es culpa tuya, Michell. Tienes el poder de cada dragón dentro de ti —me dice, tratando de encontrar las palabras adecuadas—. Este tatuaje es una marca, aparece cuando activamos el poder por primera vez.
Se levanta la camiseta y me muestra el suyo, un dragón magnífico con ojos azules que parece mirarme desde su piel.
—Kai, siento que me estoy convirtiendo en... un monstruo —murmuro, bajando la mirada hacia mis manos, temblorosas.
—No eres un monstruo —dice, con firmeza—. Fue tu primer combate. A todos nos pasa. No puedes culparte por lo que sentiste en ese momento.
—Puedo hacerte una pregunta? No tienes que responder si no quieres.
—Pregunta con confianza. Además, soy tu protector.
—Pero no tu amigo.
—Estoy intentando serlo —responde, sonriendo levemente.
Dudo por un momento, pero decido preguntar lo que me intriga.
—¿Ya conocías a Sonia? Ella dijo algo sobre que tú nunca cambias.
Kai frunce el ceño, claramente incómodo.
—Sí, la conozco. Fue mi exnovia. Lo nuestro terminó hace un año. Apenas duramos eso, un año... Nunca llegué a quererla de verdad. Me engañó con alguien más.
—Eso debió doler —comento, casi susurrando.
—Lo hizo... pero ya lo superé —responde Kai, intentando sonar despreocupado, aunque algo en su tono me dice que el recuerdo aún le duele.
—Gracias por contarme —le digo, con sinceridad.
—Tranquila.
—¿Puedo ir a mi habitación? Necesito una larga ducha. Mañana tengo clases, ¿no?
—No, tienes el día libre. Pero después de clases, iremos a la biblioteca a terminar algunos trabajos.
—Gracias, Kai... por sacarme de mis pensamientos. Si no hubieras estado ahí, no sé qué habría hecho. Tal vez habría herido a Sonia... y nunca me lo habría perdonado.
—Para eso estoy aquí. Y a seguir entrenando, todavía tienes un largo camino.
Kai me acompaña hasta mi habitación y se despide. Me doy una ducha caliente que alivia cada músculo adolorido. Un rato después, llegan Eva y Roci; me ayudan a organizar mis cosas, ya que cada parte de mi cuerpo protesta por el agotamiento. Pero, curiosamente, me siento más fuerte que nunca.
Ellas se arreglan y salen con sus novios, dejándome sola en la habitación. Me quedo mirando el techo unos minutos, y decido retomar mi música. Camila y Ali me habían mandado mensajes antes de clase; extraño a ambas. Camila seguramente está en su turno de enfermería, y Ali, sobreviviendo a la montaña de trabajos en la universidad.
Coloco la guitarra en la cama, saco mi libreta y un lápiz, y empiezo a escribir mis ideas. La melodía que me viene es suave, llena de algo que no puedo nombrar. Cierro los ojos y me dejo llevar.
🎶
¿De dónde vengo?¿De dónde soy ?Mil preguntas pasan por mi mente.Ya no sé qué es bueno para míSi debo quedarme o irme a otra parte🎶
Un ruido en la puerta me saca de mi cabeza. Al voltear, veo a Kai en el marco de la puerta, vestido con una camisa blanca y jeans oscuros.
—Lo siento, no pares por mí. Solo vine a ver si necesitabas algo.
—Tranquilo. Si quieres, pasa —le digo, y él se sienta en la silla de mi escritorio.
—Tocas muy bien. ¿Esa letra la escribiste tú?
—Sí, bueno, aún le faltan algunos ajustes, pero sí —le sonrío, con un poco de vergüenza.
—¿Me enseñarías a tocar? —pregunta, con una sonrisa de medio lado.
—Si tienes paciencia, sí —bromeo, entregándole la guitarra y guiándolo a colocar sus manos en las cuerdas.
—No tengo idea de lo que estoy haciendo —admite, mirando la guitarra con una mezcla de asombro y confusión.
—Déjate llevar. Te enseñaré las notas poco a poco.
Pasamos la siguiente media hora entre risas, mientras intento enseñarle cada acorde básico. Kai no deja de bromear cada vez que se equivoca, y yo tampoco puedo evitar reír.
—Creo que soy mejor en el combate —dice, dejando la guitarra en la cama.
—Y yo en la música.
Kai asiente, y su mirada se queda en la mía por un segundo más de lo normal. Luego, carraspea.
—Es mejor que me vaya. Necesitas descansar.
—Sí, claro. Buenas noches, Kai.
—Buenas noches, Michell.
Cuando cierra la puerta, me dejo caer en la cama y empiezo a juguetear con mi collar. Me siento más ligera, como si el peso del día hubiera comenzado a desaparecer. Y, poco a poco, me quedo profundamente dormida.
ESTÁS LEYENDO
La Profecía De Dragones (NUEVA VERSION)
FantasyNueva Versión publicada el 12/12/2024 Sinopsis: Michell Anderson ha vivido una vida tranquila y protegida con su madre adoptiva, pero siempre ha sentido que hay algo más en su interior. Cuando descubre que tiene poderes de dragón y está destinada...
