Capitulo 5(Nuevo)

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A la mañana siguiente, me levanto con una mezcla de nervios y determinación. Estoy a punto de embarcarme en un "viaje" a la universidad, aunque en el fondo sé que es algo mucho más complicado. Me duele mentirle a mi madre, pero necesito respuestas. Son las 7:40 a.m.; Kai llegará en solo 20 minutos.

Llevo una sola maleta, mi estuche de guitarra y ropa cómoda: un jean azul sin rotos, una camisa verde de manga larga, una chaqueta negra y mis tenis blancos de siempre. Al bajar a la cocina, mi madre ya tiene el desayuno listo y una bolsa de comida para llevar. Siempre tan detallista.

Miro por la ventana y veo a Kai, esperándome en su camioneta negra. Mi madre lo saluda con una sonrisa amable, y para mi sorpresa, él le responde de manera más cordial de lo que esperaba. Algo en esa interacción me pone nerviosa, como si todo estuviera demasiado bien armado.

—Michell, cariño, cuídate. Llámame en cuanto llegues —me dice mi madre, abrazándome con fuerza. Siento su calidez, y el nudo en mi garganta se hace más difícil de contener. Estoy al borde de las lágrimas.

—Gracias por todo, mamá. Te amo —logro decir, mi voz temblorosa.

—Yo también te amo, hija —me susurra al oído, sin soltarme del todo.

Al salir por la puerta, veo a Ali afuera. Al verme, corre hacia mí y me abraza. Ese abrazo me hace tambalear, porque a pesar de todo lo que he planeado, no estoy lista para dejar atrás a quienes más amo.

—Cuídate, Michell. Cualquier cosa, estaré aquí —me dice Ali, con su mirada preocupada, mientras ajusta el vestido rojo que le regalé para su cumpleaños.

—Nos vemos, Ali —respondo, intentando mantener la compostura. Cada paso hacia la camioneta me pesa más. Kai está allí, vestido igual que anoche, como si el tiempo no hubiera pasado.

—Buenos días, Michell —me dice, y su sonrisa me parece fuera de lugar.

—Buenos días —respondo, fría, sin ganas de fingir cortesías. Mi mente está demasiado ocupada.

Kai me ayuda con la maleta y el estuche de mi guitarra, abriendo la puerta del copiloto con una calma que me desespera. Nos sentamos en silencio; el único sonido es el motor de la camioneta encendiéndose. Mientras él conduce, miro por el espejo retrovisor, viendo cómo la casa en la que he vivido mis dieciocho años se va haciendo cada vez más pequeña.

Mi corazón late más rápido, y sin pensarlo dos veces, suelto las palabras que he estado conteniendo.

—Ahora sí habla. ¿Qué les pasó a mis padres o me tiro de la maldita camioneta? —mi voz tiembla con la adrenalina que corre por mis venas.

Kai suspira, sin perder la calma.

—No lo hagas, te podrías lastimar —responde, concentrado en el camino, sin mirarme.

Mientras el silencio vuelve a llenar el espacio, lo observo más detenidamente. Kai tiene una nariz bien perfilada, su cabello negro desordenado de una forma que le queda perfecta, y unos labios carnosos de un color rosado carmesí suave. Su piel, tan blanca como la mía, refleja una cierta fragilidad, pero sé que detrás de esa apariencia hay algo mucho más complicado.

Sacudo la cabeza y vuelvo al tema que realmente importa.

—¡Habla o abro la maldita puerta! —aseguro, sintiendo que mi paciencia se agota. En ese sentido, sí sería capaz de hacerlo.

—Por los dragones, ¿porque los de Dragones de Fuego tienen un horrible carácter.? —murmura mirando para arriba.

—No hables de mi carácter, porque no me conoces.

La Profecía De Dragones                           (NUEVA VERSION)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora