Narración Dion
¿Dónde estoy? El cielo se extiende despejado, y la hierba fresca acaricia mis dedos. Mis alas, pesadas como nunca, descansan sobre el suelo. El susurro del viento es una calma desconocida, pero mi corazón late con inquietud. Me levanto con torpeza cuando escucho una voz.
—Este es tu lugar de descanso, Dion. —Suena cálida, pero no puedo evitar estremecerme al escucharla.
Frente a mí, una mujer de cabello rojo como el fuego me observa con una sonrisa tranquila. Deduzco rápidamente quién es. Es la madre de Michell.
—¿Qué hago aquí? —pregunto, aunque la respuesta parece evidente.
—Entregaste tu vida por mi hija. Tu sacrificio te trajo aquí, pero este no es tu final.
—¿No? —mis ojos buscan algo, cualquier cosa, pero solo encuentran calma. Demasiada calma.
—Antes de cruzar la línea, alguien quiere verte.
El aire cambia. Un rugido profundo resuena, y un dragón oscuro aterriza frente a mí. Cuando su figura se disuelve en humo, veo a una mujer de cabello negro y ojos como pozos infinitos. Su voz es apenas un susurro.
—¿Hijo?
Mi pecho se comprime. Una lágrima traicionera rueda por mi mejilla al ver a mi madre por primera vez.
—Mamá...
Ella me envuelve en un abrazo, cálido y eterno. Pero su voz, a pesar de su ternura, es una despedida.
—No es tu tiempo aún. Debes regresar.
—No quiero volver. Estoy cansado, mamá.
—Pero no puedes rendirte. Eres oscuridad, sí, pero también eres más que eso. La oscuridad no es mala, Dion; es el equilibrio. Eres como el fuego que destruye y renueva.
—Por eso Michell y yo...
—Exacto ambos están hechos el uno para el otro
—No es tan fácil yo hice mucho daño
—Pero puedes volver y remediar las cosas
—No sé cómo hacerlo...
—Lo descubrirás. Y cuando lo hagas, vivirás una vida que valga la pena recordar.
Ella me besa la frente, y su toque se convierte en un suave empujón que me hunde en la nada.
Narración Michell
Dion lleva tres días en coma. La directora asegura que es porque le transmití parte de mi energía, pero ninguno sabe cuánto tiempo podrá resistir.
Las sombras, con su ausencia, han comenzado a sembrar caos. Aunque el escudo mantiene la escuela a salvo, nadie puede entrar ni salir sin enfrentarse a ellas. Estoy atrapada aquí, y el portal al mundo terrenal está bajo su constante vigilancia.
Todos están esperando que Dion muera para que yo tome el liderazgo, pero la directora sigue respaldándome. Aunque no soy la líder que esperaban, mis amigos Eduard, Carlos, Roci y Eva están a mi lado, insistiendo en que el sacrificio de Dion demuestra que merece una segunda oportunidad.
—Michell, él estará bien. Estamos contigo, pase lo que pase —dice Roci con una voz que intenta sonar firme, pero sus ojos la traicionan.
Desvío la mirada hacia Carlos y, tras un instante de duda, murmuro:
—Si Dion despierta y me dice dónde está tu hermana, iré personalmente a buscarla. No te preocupes.
Él asiente lentamente. Eva lo mira incrédula, pero no dice nada. Eduard, en cambio, deja escapar una sonrisa cansada mientras abraza a Roci con fuerza.
Siento el peso de lo que no se ha dicho. Hay demasiadas cosas pendientes entre todos nosotros, en especial entre Carlos y yo. Respiro hondo antes de hablar:
—Necesito un momento a solas.
Asienten y, uno a uno, abandonan la habitación. No pasan ni veinte minutos antes de que la puerta se abra nuevamente.
—Michell...
Kai entra y se sienta a mi lado.
—Kai, ahora no.
—Sí, es ahora. Necesito que me digas: ¿por qué él y no yo?
Cierro los ojos, sintiendo el peso de sus palabras.
—Kai, te quiero mucho. Has sido mi protector, mi refugio. Pero con Dion... es diferente. Hay algo en él que no puedo explicar. Quizás sea la magia, o lo que dicta la profecía, pero siento que tengo que conocerlo más, que aún no hemos tenido suficiente tiempo juntos. Lamento cómo terminaron las cosas entre nosotros, pero necesito que me dejes ir. Yo no te merezco.
Kai suspira profundamente y me observa en silencio antes de responder:
—He pasado el mejor año de mi vida contigo, Michell.
—Y yo no lo merezco, Kai.
—No digas eso. Lo entiendo. Espero que tú y Dion tengan la oportunidad que buscas. Si no es así, aquí estaré, esperándote.
Lo abrazo, dejando que mis lágrimas se mezclen con las suyas.
—Gracias por tanto, Kai.
—Gracias por ayudarme a respirar, Michell.
Se levanta y se marcha. Me quedo sola, mirando a Dion. La impotencia me consume.
—¡Dion, por favor, vuelve! Aún nos queda tanto por vivir. Nos faltan por probar todos los sabores de helado, recorrer el mundo juntos...
Acaricio su frente. Sus alas permanecen extendidas, señal de que se siente en peligro.
—Estoy aquí. No te dejaré.
Pero no hay respuesta. No se mueve. No respira. Lo estoy perdiendo.
Entonces, recuerdo la Profecía de los Dragones:
"Bajo el resplandor de la luna llena, la gran batalla entre las escamas de la oscuridad y el fuego de la luz se desatará. En ese conflicto ancestral, solo el vínculo del amor verdadero entre dragones podrá restaurar lo que se ha perdido en las llamas del desequilibrio. Cuando las fauces choquen y los rugidos retumben en el firmamento, el amor se elevará como un viento fresco, sanando las heridas de siglos y restaurando la gloria de un tiempo olvidado. Así está escrito en las escamas y así se cumplirá."
Hoy es luna llena. El suelo tiembla bajo mis pies. No puedo esperar más.
Lo cargo con esfuerzo, cada paso me exige más de lo que tengo, pero no me detengo. Lo llevo afuera, donde las sombras aguardan. Desactivo el escudo y, al instante, siento sus ojos oscuros fijos en mí.
—Soy Michell, Reina de los Dragones. Necesito su ayuda para traerlo de vuelta.
Una de ellas avanza, su voz profunda y helada como la noche:
—¿Por qué deberíamos ayudarte?
—Porque si Dion regresa, ustedes también serán liberadas. Sus almas tendrán descanso. Solo díganme cómo salvarlo.
—Si lo amas de verdad, sabrás la respuesta. Pero no olvides: si fallas, destruiremos este mundo.
Las sombras se abalanzan sobre la escuela. Los dragones mestizos salen a defenderla, desatando un caos de fuego, sangre y cenizas. No queda tiempo.
Me inclino sobre Dion, colocando mis manos temblorosas sobre su pecho. Cierro los ojos y dejo que mi instinto de dragón tome el control. Todos los recuerdos de este año, los momentos compartidos con Dion, mis amigos, y mi vieja vida, atraviesan mi mente en un torbellino.
De mis manos brota una luz cegadora. La energía se desborda, fusionándose con la suya. Es como si nuestras almas danzaran entrelazadas. Lo estoy arriesgando todo. Y, en ese momento, dejo de ser Michell para convertirme en algo más grande, más poderoso.
Por favor, Dion, vuelve.
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La Profecía De Dragones (NUEVA VERSION)
FantasyNueva Versión publicada el 12/12/2024 Sinopsis: Michell Anderson ha vivido una vida tranquila y protegida con su madre adoptiva, pero siempre ha sentido que hay algo más en su interior. Cuando descubre que tiene poderes de dragón y está destinada...
