Décimo séptima rosa (1/2)

144 18 4
                                        

Había pasado una semana desde que Louis y Harry habían escapado de casa. En ese tiempo Louis había hablado con su madre y con la de Harry por teléfono, les explicó la situación y que no importaba cuantos regaños y gritos le dieran, no volvería con Harry. Sus madres estaban realmente molestas pero decidieron dejar las cosas en paz, a fin de cuentas ellas los entendían, ¿quién no había soñado con escapar de casa? Ellos habían sido valientes y lo habían hecho.

Ellos dos realmente la estaban pasando bien. Ambos ayudaban en la limpieza de la casa, cocinaban, y hacían otras cosas juntos, e incluso habían conseguido trabajo en un restaurante que les permitía tener lo necesario y uno que otro lujo. Aunque realmente no los necesitaban, estaban bien así.

El turno del jueves había terminado y ahora ambos chicos se encontraban caminando hasta la parada del bus, sus manos estaban entrelazadas y la gente los miraba. Algunos con miradas cariñosas y otras de asco, pero ellos ya estaban acostumbrados a eso.

–Realmente creo que deberías volver a la escuela– dijo louis.
–¿Te quieres deshacer de mí?– Harry dio un codazo y un fingido puchero.
–Claro que no, tonto, es sólo que eres muy inteligente y no me perdonaría que por mí culpa no hayas terminado la escuela.
–Tú tampoco la terminaste.
–Puedo hacerlo.
–Yo terminaré la escuela sí tú lo haces ¿qué te parece?
–Me parece justo.

Y así llegaron a su destino, con un nuevo plan que harían juntos.

(...)

Louis había pedido permiso de llegar tarde el día lunes, así podría ir a la escuela e inscribirse a él y a Harry, y las cosas fueron muy sencillas, en realidad. Así que cuando menos lo pensó, ya estaban inscritos en la escuela para su último año.

Louis tendría que salir más tarde de su turno, lo que significaba que Harry tendría que volver solo a casa, cosa con la que no estaba de acuerdo el rizado.

–Puedo trabajar horas extras– alegó el de ojos verdes.
–No, Harry. No va a pasar nada malo sí salgo más tarde.
–Tengo miedo, ¿y si te asaltan?
–No pienses en cosas así, no ganas nada. Ahora, le pedí a Chad que te lleve a casa, así que no te vas a ir solo, ¿de acuerdo?
–De acuerdo. – Harry hizo un puchero.
–Nada de pucheros, te prometo que cuando llegue a casa te daré tantos besos que terminaras babeado.
–Esa idea me agrada.

Así que Chad llevó a Harry a casa y no se fue de ahí hasta que Harry cerró con seguro la puerta principal. La casa no era grande pero Harry se sentía muy pequeño estando ahí él solo. Decidió preparar algo de cenar y limpiar un poco y después tomar un baño, quería que todo estuviera listo para cuando Louis volviera a casa y así sólo tendrían que pasar la noche abrazados y dándose besos hasta que el sueño los venciera.

O eso esperaba.

Mientras preparaba la cena escuchó como el motor de un auto se apagaba, algo raro, pero trato de restarle importancia. Siguió cortando los vegetales y escuchó como alguien tocaba en la puerta. Eso sí era raro. Louis no tocaría, él tiene sus llaves y todos sus amigos ya debían estar en casa. ¿Y sí algo le había pasado a Louis? A paso apresurado dejó el cuchillo y troto hasta la puerta, quitando el seguro y abriéndola lo más rápido que sus manos le dejaban.

Muy mala idea. Pésima idea. ¡Cierra la puerta! Muy tarde...

Rosas Azules.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora