«¿Y si tu destino ya está escrito, pero tienes la oportunidad de reescribirlo a través del amor?»
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Emma Honley ha visto su vida últimamente desmoronarse y todo empeora tras la muerte de su abuelo, la única persona q...
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—Me gustas, Hon.
Mierda. ¿Qué estoy haciendo?
Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas, escapando de mis labios con una seguridad que no sentía en absoluto. Apenas las dije, el pánico me recorrió entera. Mi corazón golpeaba mi pecho con tanta fuerza que dolía, mis manos estaban frías, y cada célula de mi cuerpo me pedía huir.
Trágame, tierra.
—¿Qué? —su voz suena incrédula, confundida.
No me atrevo a mirarla. Tengo la espalda vuelta hacia ella, mis puños cerrados a los lados. Pero no puedo ser una cobarde, no otra vez.
Respiro hondo y me giro. Sus ojos verdes me observan, su ceño levemente fruncido, tratando de procesar lo que acaba de escuchar. Mantengo la compostura como puedo, aunque por dentro me estoy desmoronando. Nunca imaginé que terminaría declarando esto, y mucho menos que sería a Hon.
Trago saliva. Mi garganta está seca, y el aire se siente denso. ¿Cómo demonios se lo dije con tanta seguridad hace un momento? Ahora mismo me siento al borde del colapso. No sé qué carajo me pasó por la cabeza. Solo supe que no podía guardármelo más.
—¿Qué? —repite ella, su voz aún llena de desconcierto.
Mis nervios aumentan. Mi pecho se contrae con fuerza.
—Escucha… yo… yo no sé desde cuándo siento esto. ¡Sé que es extraño! —Las palabras se atropellan en mi boca, mi lengua tropieza con ellas, mi respiración es errática—. Solo sé que me gustas. No sé cómo.
Hon se queda en silencio. Ese silencio me carcome, me pesa. Nunca me había atrevido a ser tan directa, y ahora me estoy arrepintiendo de cada palabra.
—Entonces, ayer tú…
—Intenté besarte, sí —admito, sintiendo mis mejillas arder. Siento que cada vez que hablo, lo arruino más—. Lo lamento, ¿sí? Yo… hace tiempo que me siento así.
Ella duda. Su expresión cambia, y por un segundo, parece luchar con algo en su interior.