XXIII

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Jungkook jamás se había sentido tan ajeno a la realidad como en esos momentos. Tenía tantas cosas en la cabeza que, al igual que la conjunción de los colores, se combinaban todos creando un blanco aislado. Él encerrado ahí era un punto negro en un lienzo enorme y blanco.

Llegó de mañana a casa y forzando una sonrisa hasta que se aseguró de estar completamente solo. El día estaba nublado, su sala tenía todas las cortinas cerradas y todo estaba extrañamente diferente a cómo lo recordaba. Entró y tiró sus cosas en el mostrador de la cocina, caminó hasta la sala y se sentó en el sillón. Su mente seguía divagando entre diferentes preguntas: ¿Por qué? ¿No se supone que todo iba a estar bien? ¿Que las cosas iban a mejorar después de eso? Él había sido ingenuo, le creyó a los lamentos falsos, se había colado una serpiente en el jardín y los había atraído hacia el fruto que sería su ruina. No solo él peligraba, sino que Taehyung estaba dentro de eso y no podía enterarse. ¿Qué podía hacer? ¿A quién podía recurrir? ¿A la policía? Lo poco que sabía sobre el pasado del Señor Jones era que había sido un policía con un rango alto, denunciarlo no era opción, podría tener algún camarada que daría aviso sobre eso y sería aún más peligroso. Frente a él estaba una pintura que había iniciado hace un par de días antes del incidente en el departamento de Taehyung, planeaba hacerlo para su aniversario y pasarlo a un lienzo para que se pueda enmarcar; ahora verlo le provocaba algo de ira... Ira porque nada salía como deseaban, porque las cosas iban de mal en peor, porque la felicidad no duraba nada, porque lo efímero no era suficiente. No podía creer que todo eso se hubiera quebrado en tan poco tiempo, una cuesta abajo que no podía detener, una bola de nieve que desataba una fría avalancha que cubría y desolaba todo. Cosas horribles no podían dejar de pasar y eso no le parecía justo. ¿Por qué? ¿Por qué pasaban tantas desgracias? ¿Lo merecían? ¿Eran tan malos para merecer tantos obstáculos en sus vidas?

Los jóvenes animosos que deseaban vivir del arte se iban desvaneciendo con cada día que pasaba y eso a Jungkook le ardía. Su pecho no podía explicar la presión que sentía, sus pulmones ardían no solo al recordar la terrible sensación de asfixia provocada por el señor Jones, sino que su respiración se iba acelerando más y más llegando a hiperventilar. El llanto raspó su garganta y necesitaba sacarlo, sacar el dolor que había ocultado porque tenía que ser fuerte, valiente, resiliente y todas esas tonterías que en su cabeza trataba de retener; mas, ahora, ya no podía sostenerse, todo era diferente, no reconocía su entorno, todo se hacía más grande y él se hacía más pequeño quedándose solo y entrando en pánico. Empezó primero a dar pequeños golpes en el sillón mientras siseaba lamentos ininteligibles para quien las oyera, pero perfectamente pronunciadas para los corazones heridos que por ahí deambulaban.

—¿¡Por qué?! —gritó llorando —¿¡Por qué?! ¿¡Por qué?!

Jungkook tiró los almohadones de su sillón al piso en una rabieta llena de frustración. Cuando no hubo nada más fijó su vista en el jarrón con Smeraldos que decoraba su sala, esas flores eran el símbolo de amor más grande y puro, pero no sabía en qué momento esas flores blancas y azulinas se habían marchitado. Jungkook se acercó a ellas y las miró con detenimiento, sus manos temblando temiendo lastimarlas más. Los pétalos secos, a penas los tocó, cayeron sobre la mesita donde estaba el jarrón. Jungkook las sostuvo sobre su pecho, no importándole que estuvieran mojadas. Se rompió más, seguía sin entender, y mientras seguía cuestionándose, simplemente agarró el jarrón y lo estampó contra el suelo mientras dejaba caer los pétalos y los empezaba a pisar. Volteó sobre sí, y vio la pintura, los vasos de agua oscura producto de ir limpiando los pinceles, las acuarelas, óleos, lápices, todas derramadas sobre la pintura que estaba haciendo ¿qué podría hacer él con eso para defender a Taehyung y a su propia integridad? no tenía ningún tipo de influencia, era un pintorcito que alucinaba la vida como si fuera un cuento de hadas, era el nudo de su historia con final abierto que aún no descubría. Su pintura de ellos, arruinada, quizá era una señal, pero si lo era, tenía que dejar en claro la culpa de quién había sido. No le importó que la cartulina estuviera mojada, ni que casi todo haya sido afectado por la pintura negra, remangó su abrigo y con las manos empezó a pintar y contornear algo que ni siquiera él estaba seguro de saber qué era. Las lágrimas se hicieron parte de la pintura, el dolor se hizo su pincel.

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⏰ Última actualización: Jun 14, 2024 ⏰

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With his Art | taekookHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora