XI

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El cabello desordenado, el torso desnudo, los ojos seductores que amaba con el alma... Esos elementos estaban ocasionando una sensación nueva en él. Quería que sus labios se acercaran más y que su dueño dejara de torturarlo con su caminata lenta, queriendo provocarle. No sabía que era esa corriente eléctrica en todo su cuerpo, no tenía control sobre ella, y solo quería que esa sensación de cuando se besaban se extendiera más sobre cada centímetro de su piel. No entendía qué le pasaba cada noche al cerrar sus ojos para dormir.

Lo había visto de casualidad cuando se cambiaba porque debían conseguir tres atuendos para la sesión con el fotógrafo, y le vio el torso y la espalda a través de las cortinas del vestidor. Su piel acanelada le había manchado como el café en la cartulina. Estaba ahí, en su mente. Ese mismo día los sueños comenzaron siendo cada uno más extraño que el anterior, su imaginación le estaba haciendo divagar incluso estando despierto.

Jungkook quería presenciar eso y no solo como un espejismo onírico, quería sentir su respiración rápida mientras el calor le hacía sentir bien, pero le daba vergüenza. En su vida había sentido todo eso, pues, siempre fue una piedra que todos se cruzaban en el camino y que apartaban pateándola a un lado.

Se limitó a disfrutar cada sueño por, ya casi, dos meses. No llegaba más allá, cruzar esa línea era sinónimo de no poder verlo a la cara nunca más. Lo único que estaba libre era su imaginación, porque incluso el picor que quedaba en sus labios luego de cada beso era tragado y con la sola intención de ocultarlo en sus entrañas.

—Jungkook ¿Puedes pasarme la camisa de estampado?, por favor.

—¿Eh? Ah, sí, claro, perdóname.

Lo malo de todo aquello era que ahora su imaginación rebasaba sus horas de sueño y se colaba en su día, incluso estando frente al causante.

—Amor, ¿Estás bien? —Taehyung se acercó a él, sostuvo su mejilla y lo examinó buscando algún indicio de malestar.

—Lo estoy, enserio, solo pensaba...

—¿Puedo saber en qué?

Jungkook empezó a reír nervioso, así que le miró para concluir con un "luego". Y es que no tenía valentía, además, estaban en medio de la sesión de fotos, no podían darse el lujo de retrasarse a pesar de que Joseph, el fotógrafo, era muy amable con ambos.

—Promete que me lo dirás, estoy preocupado —. Temía que fuera algo que comprometiera la salud de Jungkook y le afectara en demasía.

—Está bien —respondió Jungkook —, te lo diré después.

Se dieron un pico, Jungkook le entregó su camisa de estampado y ayudó a acomodarla. Lo vio de pies a cabeza, su pantalón negro, zapatos de vestir, una delgada camiseta negra dentro del pantalón y pegada a su torso, y la linda camisa ancha de estampado de leopardo. Ese estilo fue inventado para él, sin duda. Cuando él iba a abrir la puerta sintió un tirón en su brazo, se vio cara a cara con Taehyung mientras su espalda estaba pegada a la puerta. Rozaron sus narices cariñosamente mientras pequeñas risitas escapaban de sus labios, hasta que Taehyung se atrevió a besarlo de esa manera –haciendo énfasis en esa-.

Jungkook tembló un momento, su mente se nubló, su respiración se alteró. El picor de sus labios se vio resuelto al fin, pero esa sensación abrumadora comenzó. Quería más y más, de pronto todo el atuendo maravilloso de su enamorado le estorbaba, quería tenerlo más cerca incluso si ya estaban unidos por un acto de cariño inmenso.

Tres golpes en la puerta les hizo separarse en un segundo y salir del camerino.

—Chicos, tenemos treinta minutos, aceleremos un poco ¿Les parece? Oh —Joseph los vio a ambos con los ojos muy abiertos, y luego sonrió en grande —, solo debían decirlo. Jungkook te agradezco la grandeza de las fotografías que sacaremos ahora.

With his Art | taekookHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora