Habían pasado dos semanas. Dos semanas en las que mi vida se resumía en dos actividades: estudiar y convertirme en la sombra de Park Jimin.
Sé cómo suena. Suena maníaco, suena a que he perdido la cabeza, suena a que soy un acosador. Pero desde que vi a Harim sujetando la muñeca de ese imbécil en el aula de ingeniería, una semilla de inseguridad brotó en mi pecho y sus raíces me estaban asfixiando. No es que no confíe en ella; confío plenamente en mi novia. En quien no confío ni un ápice es en él. Ese cretino mujeriego tiene una reputación que lo precede, y mis sospechas de que está intentando cazar a Harim son del 99%.
- Taehyung... pide algo para los dos. Ya vuelvo - le dije a mi amigo en la cafetería, sin apartar la vista de la nuca de Jimin.
- ¿A dónde vas ahora? Ni siquiera hemos empezado a comer - se quejó Tae.
- Al baño, no tardo.
Mentira. Salí de la cafetería pisándole los talones a Jimin, que caminaba con paso decidido hacia el área de ingeniería. Lo vi entrar en un aula de la que apenas salían los últimos estudiantes. Me pegué a la ventana, ocultándome tras el marco como un delincuente.
Jimin estaba allí con su amigo, el que parece modelo. El chico guardaba sus libros mientras Jimin esperaba con una impaciencia evidente. De pronto, el amigo sacó un pequeño papel doblado de su mochila y se lo extendió.
- ¿Qué es esto? - preguntó Jimin, arqueando una ceja con intriga.
- No tengo idea, hermano. Una chica me pidió que te lo entregara. Solo cumplo con el recado.
- ¿Una chica? ¿Quién? - Jimin examinó el papel sin abrirlo todavía.
- No lo sé. Cabello largo... no me dio su nombre. Estaba con sus amigas y parecía tener prisa - el chico se encogió de hombros -. Me lo dio y se fue.
- ¡Ahgs! Okey, okey. ¿Nos vamos ya?
Me oculté rápidamente en una esquina mientras los escuchaba salir. Mi corazón latía con una fuerza violenta. Sabía que esa nota no traía nada bueno.
El entrenamiento de fútbol esa tarde fue un infierno. Jimin, como capitán, parecía disfrutar dándome órdenes y haciéndome correr hasta que mis pulmones ardían. Para mi mala suerte, mi vida no podía ser peor desde que conocí a ese tipo. Sentía que mis piernas iban a colapsar; tenía tiempo sin practicar y el cuerpo me estaba pasando factura.
Al volver al dormitorio, el cansancio me pesaba en los huesos, pero la adrenalina de la sospecha era más fuerte. En cuanto Jimin entró a la ducha y escuché el correr del agua, supe que era mi oportunidad. Hice algo que nunca creí que haría: husmear.
Revisé sus jeans tirados, pero el bolsillo estaba vacío. Fui a su mochila, revolví sus libros, pero nada. Finalmente, con las manos temblorosas, tomé su billetera. Dentro había dinero, tarjetas, su identificación... y preservativos. Sentí una náusea instantánea.
Y ahí, doblada en un compartimento, estaba la nota. Una letra cursiva, delicada y perfecta. La letra de Harim.
> "Te veo en los vestidores mañana a las 11:00 AM. No me hagas esperar. ♡"
>
El sonido del grifo cerrándose me golpeó como un disparo. ¡Mierda! Dejé todo en su lugar y corrí a mi cama. Me senté rígido, mirando a la nada. Jimin salió del baño secándose el cabello; me miró con extrañeza por mi posición tan tensa, pero no dijo nada. Se cambió en el baño y el silencio volvió a la habitación.
Al día siguiente - 11:05 AM
Me encontraba escondido cerca de los vestidores, sintiéndome como una rata. Había esperado a Jimin toda la mañana, pero no lo vi. Aun así, sabía que vendría. ¿Quién ignoraría una nota así?
Esperé, rezando por estar equivocado. Esperando que mis celos me estuvieran volviendo loco. Pero a las 11:05, la realidad me dio un bofetón.
Era ella. Harim.
Llegó a los vestidores revisando su teléfono con una expresión de fastidio absoluto. Estaba enojada, frustrada. Pasaron diez minutos tortuosos en los que ella no dejó de marcarle al celular, bufando de rabia, hasta que finalmente se marchó.
Me quedé allí, sintiendo que me habían vaciado un balde de agua helada. Ella lo estaba esperando a él. Le había escrito un corazón. Jimin nunca llegó, pero eso no me alivió. ¿Y si sabe que es mi novia y todo lo hace para molestarme? Sí, seguro ese cabrón me quiere provocar. Pero... ¿y las notas? Él no las escribió.
- ¡¡¡Ahhhh!!! ¡Maldición! ¡Voy a enloquecer! - grité frustrado en el pasillo.
Necesitaba ver su celular. Aproveché que él llega tarde por el trabajo y pasé la tarde buscando pruebas en sus cajones, pero no había nada. Ni fotos, ni cartas. El celular era la única opción.
Cuando Jimin regresó, me hice el dormido. En cuanto entró al baño, corrí a su escritorio y tomé el aparato. Tenía contraseña.
Intenté con su fecha de nacimiento. Incorrecta.
Intenté con su número de identificación. Incorrecta.
Intenté su nombre con sus apellidos. Incorrecta.
En el último intento, el celular soltó un destello blanco, un flash frontal que me cegó por un segundo.
- ¡Mierda! - salté del susto, dejando caer el celular al suelo con un golpe seco.
Me quedé paralizado. ¿Qué diablos había sido eso? ¿Se había quemado el teléfono por tantos intentos? ¿Había hecho cortocircuito? No tenía idea de por qué el aparato se había comportado así, pero el miedo de haberlo roto me invadió. Lo recogí rápido, lo dejé donde estaba y volé a mi cama, haciéndome el dormido de nuevo.
Minutos después, Jimin salió del baño. Escuché cómo tomaba el teléfono. El silencio que siguió fue eterno. No supe si notó el golpe o si el aparato seguía funcionando.
No dormí nada. Ni un segundo en toda la puta noche. Ideas y escenarios no dejaban de rodar en mi cabeza. De solo pensar que Harim se traía algo con ese tipo, sentía la sangre hirviéndome como lava. No sé qué es peor: si la traición de ella o el hecho de que mi enemigo sea el protagonista de mis peores pesadillas.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲
FanfictionEn el bullicioso campus universitario de Seoul, Jungkook, recién llegado de Estados Unidos, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida. Sin embargo, su primer día en la universidad da un giro inesperado cuando es atropellado por Jimin y su m...
