- ¡Tú! ¡Hijo de puta!
Fue lo único que procesé antes de que el mundo se volviera líquido y ardiente. Jungkook me arrojó el whisky directamente a la cara; el alcohol me escocía en los ojos como fuego y el olor penetrante a centeno me inundó los sentidos. No lo pensé. No hubo análisis. La rabia, acumulada tras semanas de soportar su arrogancia y sus desplantes, estalló en mis venas.
Lo tomé por el cuello de la camisa con una fuerza que no sabía que poseía y lo jalé por encima de la barra, arrastrando su cuerpo contra el mostrador para tenerlo a mi merced. Quería borrarle esa mirada de suficiencia de un golpe.
- ¡Detente ahora! - gritó Eunwoo, sujetándome el brazo con una desesperación que casi me hace perder el equilibrio -. ¡Jimin, está ebrio! ¡Maldita sea, no sabe ni dónde está parado!
- ¡Me importa una mierda su estado! - rugí, zafándome de su agarre con un movimiento violento -. ¡Este imbécil acaba de cruzar la línea que no debía!
Aparte a Eunwoo de un empujón y le propiné un puñetazo seco en la mandíbula a Jungkook. El impacto resonó en todo el bar. Él se tambaleó hacia atrás, cayendo pesadamente sobre Eunwoo. Salí de detrás de la barra, saltando el mostrador con la agilidad de quien no tiene nada que perder, listo para terminar lo que él había empezado. Pero mi jefe intervino, bloqueándome el paso con una mirada que prometía el fin.
- ¡¿Qué carajos crees que haces, Park?! - gritó, empujándome hacia atrás -. ¡¿Quieres perder tu trabajo?! ¡¿Golpeando a los clientes frente a todo el mundo?!
- ¡Ese bastardo me tiró el trago a la cara! - señalé mi uniforme empapado, con la respiración errática.
- Hijo de puta... ojalá te pudras -escupió Jungkook desde el suelo, limpiándose un hilo de sangre del labio con una sonrisa que destilaba veneno -. Pegas como una niña, Park. Me das lástima.
Me lancé sobre él de nuevo, ciego de odio, pero mi jefe me empujó con una fuerza que me hizo retroceder varios metros contra las mesas.
- ¡Eunwoo, saca a este borracho de aquí ahora mismo! - ordenó el jefe, y luego se giró hacia mí con una frialdad que me heló la sangre -. Y tú... estás despedido. No me importa quién empezó. Recoge tus cosas y lárgate. No quiero volver a ver tu cara en mi local.
Me arranqué el delantal con las manos temblando y lo lancé sobre la barra con desprecio.
- ¡Quédate con tu maldito trabajo de mierda! - espeté.
Salí del local sintiendo las miradas de los clientes como agujas en mi nuca. Había perdido mi sustento por culpa de un capricho de ese heredero estadounidense. Esa noche no volví al apartamento; el solo pensamiento de compartir el mismo aire que Jeon me daban ganas de vomitar. Pasé la noche en un motel de mala muerte, contando las manchas del techo y sintiendo cómo la impotencia me carcomía por dentro.
Pasó una semana de absoluto exilio. Me refugié en la habitación de Seokjin y Namjoon, durmiendo en un colchón viejo en el suelo. Taehyung no había dejado de llamarme, pero ignoré cada una de sus notificaciones. Sabía perfectamente para qué me buscaba: para sermonearme, para defender a su nuevo "protegido", y yo no estaba en condiciones de soportar su hipocresía.
Me encontré con Eunwoo en la cafetería de la universidad por casualidad. Se veía fatigado al acercarse.
- Hola, Jimin. ¿Cómo has estado?
- ¿Cómo crees, Woo? Perdí mi trabajo hace una semana por culpa de un imbécil. Así que tu pregunta está de más - respondí con amargura.
- Escucha... el jefe me pidió que te dijera que vuelvas. Le expliqué que ese día el chico te había insultado gravemente, que se metió con tu familia y que estabas bajo mucha presión. Al parecer, entendió que fue una reacción humana. Quiere que regreses mañana.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲
FanfictionEn el bullicioso campus universitario de Seoul, Jungkook, recién llegado de Estados Unidos, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida. Sin embargo, su primer día en la universidad da un giro inesperado cuando es atropellado por Jimin y su m...
