El agua caliente cayendo sobre mi piel se sintió como una bendición, lavando la tensión física del trabajo y, esperaba, también la incipiente confusión que Jungkook había despertado en mí. Pero incluso con los ojos cerrados bajo el vapor, la imagen de su espalda, las gotas resbalando, persistía en mi mente.
Me enjaboné con más fuerza de lo necesario, frotando mi piel como si pudiera borrar la impresión de sus músculos tensos. ¿Por qué ahora? ¿Por qué justo después de la conversación con Taehyung? Era como si su descripción detallada hubiera abierto una puerta en mi percepción, permitiéndome ver a Jungkook bajo una luz completamente diferente.
Salí de la ducha, sintiéndome ligeramente más calmado, aunque la punzada de vergüenza por mi reacción anterior aún persistía. Me vestí rápidamente con ropa cómoda y salí de la habitación, decidido a actuar con normalidad. Necesitaba demostrarme a mí mismo que esto no era nada, una simple reacción momentánea a una visión inesperada después de un día agotador.
Jungkook estaba en el sofá, absorto en la pantalla de su computadora portátil, con auriculares grandes cubriendo sus orejas. La toalla ya no estaba, reemplazada por unos pantalones deportivos grises que se ajustaban suavemente a sus muslos. Una camiseta negra holgada ocultaba la mayor parte de su torso, pero la forma de sus hombros seguía siendo visible, fuerte y definida.
Me aclaré la garganta suavemente antes de acercarme. Jungkook no reaccionó, completamente inmerso en lo que estuviera haciendo. Dudé por un momento, luego me senté en el otro extremo del sofá, manteniendo una distancia prudente.
Finalmente, se quitó los auriculares, sus ojos oscuros encontrándose con los míos. Una leve sorpresa cruzó su rostro antes de que se suavizara en una expresión neutra.
- ¿Me necesitas? - preguntó, su voz ligeramente amortiguada por los auriculares.
- No, solo... quería saber si tenías hambre. Estaba pensando en pedir algo de pizza.
- Pizza suena genial - respondió, cerrando la computadora portátil y dejándola a un lado -. ¿Algún antojo en particular?
- Lo de siempre, pepperoni y champiñones, ¿te parece?
- Perfecto. Yo invito esta vez.
Mientras sacaba su teléfono para hacer el pedido, traté de actuar con naturalidad, preguntándole sobre su día. Hablamos de cosas triviales, de su trabajo en el estudio de baile, de una nueva canción que estaba escuchando, de cualquier cosa que mantuviera nuestras interacciones en un terreno seguro y familiar.
Pero incluso mientras conversábamos, no podía evitar notar pequeños detalles que antes pasaba por alto. La forma en que sus dedos se movían ágilmente sobre la pantalla del teléfono, la ligera curva de sus labios cuando sonreía ante algo que decía, el brillo en sus ojos cuando hablaba de su pasión por el baile. Era como si de repente estuviera viendo una película en alta definición después de haberla visto siempre en baja resolución.
La pizza llegó rápidamente, y cenamos juntos en silencio cómodo, cada uno absorto en sus propios pensamientos. Pero para mí, el silencio no era tan cómodo. Cada roce accidental de nuestros brazos al alcanzar una porción de pizza enviaba una pequeña descarga nerviosa a través de mí. Cada vez que su mirada se cruzaba con la mía, sentía un vuelco en el estómago.
Después de cenar, Jungkook se ofreció a lavar los platos, y yo me retiré al balcón, necesitando un poco de aire fresco y espacio para ordenar mis pensamientos. La noche era cálida y húmeda, el aire cargado del aroma de las flores que crecían en los jardines cercanos.
Miré las luces parpadeantes de la ciudad, tratando de entender qué me estaba pasando. ¿Era solo la sugestión de las palabras de Taehyung? ¿O había algo más? ¿Había estado tan ciego a la presencia de Jungkook, a su... atractivo, durante todo este tiempo?
La idea era desconcertante. Jungkook había sido mi compañero de piso y amigo... Si así se puede llamar desde todo lo que pasó entre nosotros durante casi un año. Nunca lo había visto de esta manera. Siempre había sido simplemente Jungkook, el chico talentoso y a veces malhumorado con el que compartía gastos y silencios cómodos.
Quizás la convivencia diaria había creado una especie de familiaridad que nublaba la percepción. Quizás necesitaba esta perspectiva externa, las palabras de Taehyung, para abrir mis ojos a lo que siempre había estado ahí.
Escuché la puerta corrediza abrirse y supe que era Jungkook. Se apoyó en la barandilla junto a mí, con las manos en los bolsillos de sus pantalones deportivos.
- ¿Todo bien? Parecías un poco pensativo.
- Sí, todo bien - mentí, mi voz sonando un poco más tensa de lo que pretendía -. Solo... cansado.
Jungkook se quedó en silencio por un momento, mirando las luces de la ciudad. Luego, suspiró suavemente.
- Sabes que puedes hablar conmigo si algo te preocupa, ¿verdad?
Su tono era suave, genuinamente preocupado. Sentí una punzada de culpa por no ser completamente honesto con él.
- Lo sé, Jungkook. Gracias. Es solo... nada importante. De verdad.
Él asintió lentamente, aunque no parecía del todo convencido. El silencio volvió a caer entre nosotros, pero esta vez era diferente. Estaba cargado de una tensión tácita, de algo no dicho que flotaba en el aire.
Miré a Jungkook de reojo. La luz de la luna perfilaba su rostro, resaltando la línea fuerte de su mandíbula y el suave contorno de sus labios. Por un instante, sentí un impulso irracional de acercarme, de tocar su mejilla.
Me aparté rápidamente, sintiendo mis mejillas arder de nuevo. Esto tenía que parar. Necesitaba recuperar la normalidad, la familiaridad despreocupada que siempre había existido entre nosotros. No podía permitir que esta repentina y extraña atracción se interpusiera en nuestra amistad.
- Creo que voy a meterme dentro -dije, mi voz sonando un poco más brusca de lo que quería -. Tengo sueño.
- Claro - respondió Jungkook, sin mirarme -. Que descanses, Jimin.
- Igualmente - murmuré, entrando rápidamente al apartamento y cerrando la puerta corrediza detrás de mí.
Me apoyé contra la puerta, con el corazón latiendo con fuerza en el pecho. Esto era más complicado de lo que pensaba. Las palabras de Taehyung habían plantado una semilla, y la visión de Jungkook en toalla la había regado. Ahora, tenía que encontrar la manera de evitar que esa semilla echara raíces. Porque si lo hacía, sabía que las cosas entre Jungkook y yo nunca volverían a ser las mismas. Y una parte de mí, una parte que me aterraba reconocer, no estaba segura de querer que volvieran a serlo.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲
FanfictionEn el bullicioso campus universitario de Seoul, Jungkook, recién llegado de Estados Unidos, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida. Sin embargo, su primer día en la universidad da un giro inesperado cuando es atropellado por Jimin y su m...
