No tuve valor para enfrentarlos. En ese momento, el aire se sentía como cristales rotos en mis pulmones y mis piernas amenazaban con fallar. Lo único que logré hacer, con las manos temblando de forma violenta, fue tomar una fotografía: la prueba digital de mi propia destrucción. Después, salí huyendo de ahí como un cobarde.
Porque eso es lo que soy. Un cobarde insignificante que no vale nada.
Me arrastré hasta los vestidores, buscando el rincón más oscuro. Me desplomé contra la hilera de casilleros metálicos y dejé que el primer sollozo me desgarrara la garganta. Dicen que llorar es de débiles, pero en ese momento, sentirme débil era lo único que me quedaba. Las lágrimas bajaban calientes, humedeciendo mis mejillas, mientras las imágenes del beso se repetían en mi mente como una tortura infinita.
De pronto, la puerta principal del vestidor se abrió con un golpe seco. Unos pasos rápidos y pesados resonaron en el azulejo.
- ¡Jungkook! ¡Sé que estás ahí! - la voz de Taehyung vibró con una alarma que me hizo encogerme -. ¡Te vi salir corriendo del edificio! ¡Ábreme, maldita sea!
No pude responder. El llanto me bloqueaba la garganta y solo un gemido agudo escapó de mis labios. El sonido de mi propio dolor pareció desesperar a Taehyung, quien comenzó a golpear la puerta de mi cubículo.
- ¡Jungkook, por el amor de Dios! ¡Ábreme ahora mismo! - su voz subió de tono, cargada de una angustia real -. ¡Si no abres en tres segundos, voy a buscar al entrenador y le diré que hay una emergencia! ¡Tú decides, pero yo de aquí no me muevo!
Con un esfuerzo sobrehumano y las manos entumecidas, quité el seguro. En cuanto la puerta cedió, Taehyung entró como un torbellino, cerrándola tras de él. Al ver mi rostro desfigurado por el llanto, sus ojos se abrieron de par en par y su expresión de autoridad se hizo añicos.
Se arrodilló frente a mí, tomándome de los hombros con urgencia. Su mirada escaneaba cada centímetro de mi cuerpo, buscando una herida que justificara mi estado.
- ¡Jungkook! ¡Mírame! ¿Qué pasó? -su voz temblaba -. ¿Te lastimaste? ¿Te caíste? ¿Alguien te puso una mano encima? ¡Habla conmigo, por favor!
Intenté articular una palabra, cualquier cosa que explicara el vacío en mi pecho, pero solo logré soltar un jadeo entrecortado. El aire no llegaba a mis pulmones. Mis labios temblaban tanto que las palabras se deshacían antes de salir.
- ¿Fue Jimin? - insistió Taehyung, con los nudillos blancos de tanto apretar mis hombros -. ¿Te hizo algo ese imbécil? ¿Estás herido, Kook? ¡Dime dónde te duele!
Negué con la cabeza frenéticamente, hundiendo el rostro entre mis manos. No podía decírselo. No podía pronunciar el nombre de Harim sin sentir que me moría de nuevo. El llanto se volvió más ruidoso, más violento, sacudiendo todo mi cuerpo.
Taehyung pareció entender en ese instante que las preguntas solo me estaban asfixiando más. Se detuvo en seco, soltó un suspiro tembloroso y suavizó su agarre.
- Está bien... está bien, pequeño. No digas nada - murmuró, su voz ahora era pura seda -. Olvida lo que pregunté. No me digas nada ahora. Solo respira conmigo.
Me envolvió en un abrazo protector, pegando mi frente a su pecho. Yo me aferré a su camiseta con desesperación, ocultándome del mundo en su cuello.
- Shhh... ya pasó. Aquí estoy. No importa lo que haya pasado, yo te sostengo - decía mientras acariciaba mi cabello con una lentitud sanadora-. No te voy a presionar. Quédate así el tiempo que necesites. No te voy a dejar solo.
Pasaron los minutos. Nos quedamos allí sentados en el suelo frío, con el único sonido de mis sollozos apagándose poco a poco contra su hombro. Taehyung no volvió a preguntar nada. No insistió en saber el motivo de mi desastre. Simplemente se dedicó a ser mi ancla, limpiando mis lágrimas con el pulgar cada vez que mis ojos volvían a humedecerse.
- ¿Estás un poco más tranquilo? -susurró después de un rato, sin soltarme.
- S-sí... - logré decir, con la voz pastosa -. G-gracias por... por no obligarme a hablar.
- Jamás lo haría, Jungkook. Escúchame: vas a irte a casa ahora mismo. Yo hablaré con el entrenador e inventaré cualquier cosa. Quédate aquí, iré por tu mochila y volveré en un minuto. No quiero que nadie te vea así y empiece a husmear.
Caminé hacia la salida del campus bajo la mirada pesada de los demás jugadores. Pude sentir la vista de Jimin clavada en mi espalda, pero no le di el gusto de girarme.
Llegué al dormitorio y me enterré bajo las sábanas hasta que a las 9:00 PM mi celular vibró. Era Taehyung.
- Estoy en la puerta. Traigo refuerzos en forma de comida. Ábreme.
Me levanté y le abrí. Allí estaba él, con una sonrisa pequeña que iluminó la habitación y una bolsa que olía a gloria.
- Hola - dije, sintiéndome aún un poco aturdido.
- Hola, zombie - bromeó con suavidad -. Traje algo que preparé yo mismo. Quería que probaras algo hecho con cariño, no esa basura de la cafetería.
Nos sentamos y el aroma de la comida casera llenó el aire. Por un momento, el nudo de mi garganta se aflojó.
- Gracias, Tae... de verdad. Sabe a... hogar.
- Esa era la idea. Traeré más siempre que lo necesites.
Esa noche, Taehyung se quedó conmigo. No mencionó a Harim, ni a Jimin, ni el incidente en los vestidores. Simplemente puso una película de comedia y se sentó a mi lado. Por un par de horas, el sonido de nuestras risas bajas logró acallar los ecos de la traición. Taehyung estaba allí, firme como una roca, respetando mi silencio, y por primera vez sentí que, tal vez, podría sobrevivir a este desastre sin tener que dar explicaciones que aún me dolía pronunciar.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲
FanfictionEn el bullicioso campus universitario de Seoul, Jungkook, recién llegado de Estados Unidos, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida. Sin embargo, su primer día en la universidad da un giro inesperado cuando es atropellado por Jimin y su m...
