Desperté con el sonido de la regadera. El vapor se colaba por la rendija de la puerta y, minutos después, el desgraciado de Jimin salió envuelto en una toalla, buscando ropa en su armario como si fuera el dueño del mundo.
Verlo fue como recibir una puñalada. Mi mente, traicionera, reprodujo el beso con Harim en bucle. Sentí un nudo de bilis y tristeza cerrándome la garganta. Me cubrí con las frazadas hasta la cabeza, dándole la espalda. Enterré el rostro en la almohada para ahogar los sollozos; no quería darle el gusto de verme destruido. Solo deseaba que se largara, que desapareciera de mi vista para poder desmoronarme en paz.
En cuanto escuché el portazo de la entrada, solté el aire que contenía y lloré. Lloré con una rabia que me quemaba el pecho. No iba a ir a clases. No iba a fingir que mi vida no se había vuelto una farsa en menos de veinticuatro horas.
A media mañana, me arrastré hasta la cocina por un vaso de agua. Mi celular vibró: era Taehyung.
- Buenos días, Kook. ¿Cómo amaneciste? - su voz sonaba preocupada, pero cálida.
- Mejor... - mentí, con la voz pastosa -. ¿Dónde estás?
- En la universidad. Perdona que me fuera tan temprano, pero no quería interrumpir tu descanso. Te veías... en paz.
- Descuida. Gracias por quedarte.
Caminé hacia la alacena y mis ojos se detuvieron en una bandeja con comida tapada. Tenía una nota adhesiva.
- No tuve mucho tiempo antes de irme - siguió Tae por el teléfono -, así que voy a enviarte el desayu...
- Por cierto, gracias por el desayuno que me dejaste, Tae - lo interrumpí, esbozando una sonrisa amarga -. Seguro que si lo preparaste tú, estará delicioso. Lo comeré ahora.
Hubo un silencio extraño al otro lado de la línea.
- ¿Qué?
- El desayuno que me dejaste en la alacena con la nota - repetí -. Gracias por preocuparte, de verdad. Sé que tenías prisa por las clases.
- Ah... sí. Eso. Bueno... disfrútalo, Kook - respondió él, sonando extrañamente dubitativo -. Tengo que volver al aula. No te preocupes por el entrenamiento ni por los profesores, yo me encargo de inventar algo creíble. Hablamos luego.
Colgué y devoré la comida. Estaba deliciosa, con un sazón que superaba incluso lo de la noche anterior. Taehyung tenía un talento oculto para la cocina que me reconfortaba el alma.
El resto del día fue una tortura de soledad. Jimin regresó de la universidad antes de irse al trabajo, moviéndose por el apartamento con esa arrogancia que me revolvía el estómago. Al ver que no planeaba irse pronto, el aire se volvió irrespirable para mí. Tomé mi chaqueta y salí sin rumbo, terminando, como un imán al metal, en el bar donde trabajaba Taehyung. Necesitaba anestesia líquida.
Llegué a las 9:00 PM. El lugar estaba lleno de humo y música fuerte. Pedí un whisky tras otro, buscando ese punto de entumecimiento donde el rostro de Harim dejara de dolerme. Me extrañó no ver a Taehyung por ningún lado, así que me acerqué a la barra.
- Buenas noches - dijo el bartender con una sonrisa profesional -. ¿Qué te sirvo?
- Un whisky doble. Sin hielo.
- Enseguida.
- Oye - lo detuve antes de que se fuera -, ¿el chico de siempre no viene hoy? Taehyung.
El bartender me miró con curiosidad, arqueando una ceja.
- ¿Interesado en él?
- ¿Qué? No, es mi amigo - respondí, irritado.
- Tranquilo, es broma. No ha de tardar, su turno empezó hace veinte minutos, pero creo que está ayudando en la bodega. Disfruta tu trago.
Pasaron dos horas. Dos horas en las que el vaso nunca estuvo vacío. El alcohol empezó a hacer su trabajo, soltándome la lengua y nublándome el juicio. Intenté llamar a Taehyung, pero su línea daba ocupado constantemente.
- Wow, despacio, tigre - dijo el bartender, regresando a mi lado -. Te vas a acabar la botella tú solo. No te ves muy bien, amigo.
- ¿Es tan obvio? - balbuceé, mirando el fondo del vaso.
- Bastante. Tienes cara de que el mundo te pasó por encima con un camión.
- Mi vida es una mierda - solté, dejando caer la cabeza sobre mis manos -. Desde que llegué a este país, todo es un maldito desastre.
- ¿No eres de aquí? - preguntó él, apoyando los codos en la barra con interés.
- Mis padres son coreanos, pero crecí en Estados Unidos. Todo era perfecto allá... mis amigos, mis padres, mi habitación privada... y mi novia - la palabra me salió como un veneno -. Aquí no tengo nada. Solo problemas.
- ¿Quieres hablarlo? - ofreció él -. Mi turno termina en diez minutos. Pareces alguien que necesita un amigo, no otra botella.
- No necesito amigos - gruñí -. Solo quiero emborracharme hasta desaparecer. ¡Otro!
- No te voy a dar más alcohol, amigo. Estás en el límite.
- ¡Sirve el maldito trago! - grité, golpeando la barra -. ¡Para eso te pagan! O prefieres que llame al dueño y le diga que no estás cumpliendo con tu trabajo.
El chico me miró con una mezcla de lástima y resignación. Me sirvió el último trago y se alejó. Minutos después, regresó vestido de civil y se sentó en el taburete contiguo al mío.
- Eres Jungkook, ¿verdad? -preguntó.
- ¿Cómo carajos sabes mi nombre? - lo miré con los ojos entrecerrados.
- Escuché a Taehyung saludarte la última vez. Soy Lee Dong-min, pero todos me dicen Eunwoo. Mucho gusto.
- Vete a servirme otro trago, Eunwoo - mascullé.
- No. Mi turno terminó y, aunque pudiera, no lo haría. No necesitas más alcohol, necesitas desahogarte. ¿Cuál es la "relación perfecta" de la que hablabas? La distancia no es un problema si hay amor.
- Amor de verdad... - solté una risa seca y amarga -. Eso no existió. Solo esperó a que yo diera la espalda para apuñalarme. ¡Me fue infiel, Eunwoo! Con el tipo que más odio.
- Joder... eso es duro. Pero al menos lo descubriste ahora. Siempre hay alguien mejor. ¿Y qué pasa con ese tipo que odias? ¿Es tan grave?
- ¡Es un asqueroso! - exclamé, sintiendo que el alcohol sacaba toda mi furia -. No solo me trató como basura desde el primer día que puse un pie en ese apartamento. ¡El hijo de puta se robó a mi novia! ¡Dos años de relación tirados a la basura por su culpa! ¡Ahora entiendes por qué quiero morir en esta barra! Intenté levantarme para demostrar mi punto, pero el mundo giró violentamente. Eunwoo me sostuvo antes de que me diera de bruces contra el suelo.
- Ya basta, Jungkook. Estás demasiado ebrio - me ayudó a sentarme de nuevo.
Lo ignoré por completo. Golpeé la barra de nuevo, buscando al bartender que acababa de entrar a cubrir el turno de Eunwoo.
- ¡Eh! ¡Tú! ¡Tráeme otro! - exigí, levantando la mirada con una sonrisa torcida, listo para agradecer el servicio.
Pero la sonrisa se me congeló en el rostro. El corazón me dio un vuelco que casi me hace vomitar. Detrás de la barra, con el uniforme puesto y una expresión de piedra, estaba él.
Park Jimin me observaba con los ojos entrecerrados, sosteniendo la botella de whisky que yo acababa de pedir. Lo había escuchado todo. Cada palabra. Cada secreto.
- ¿Tu trago, Jeon? - preguntó Jimin con una voz tan fría que me heló la sangre -. O preferirías que llame al dueño para decirle que "no estoy cumpliendo con mi trabajo".
Hijo de puta.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲
FanfictionEn el bullicioso campus universitario de Seoul, Jungkook, recién llegado de Estados Unidos, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida. Sin embargo, su primer día en la universidad da un giro inesperado cuando es atropellado por Jimin y su m...
