Llegué a casa con la tensión acumulada del trabajo tensando cada músculo de mi cuerpo. Odiaba esos turnos de noche, lidiando con borrachos impertinentes que parecían olvidar toda noción de respeto al cruzar la puerta del bar. Solo anhelaba una ducha caliente y el silencio reconfortante de mi habitación.
Al abrir la puerta del apartamento, el silencio era casi palpable. Asumí que Jungkook aún no había llegado, lo cual era inusual. Dejé mi mochila caer pesadamente al suelo y me dirigí a la cocina, mi garganta pidiendo a gritos un vaso de agua fría.
Y ahí estaba él.
Jungkook estaba de espaldas a mí, la puerta del refrigerador abierta, iluminando su silueta. Llevaba solo una toalla enrollada alrededor de sus caderas, la tela blanca contrastando con el tono ligeramente bronceado de su piel. Gotas de agua resbalaban por su espalda, dejando un rastro brillante que desaparecía bajo el borde de la toalla. Sus músculos se movían suavemente mientras buscaba algo en el estante superior.
Mi respiración se atascó en mi garganta. Era una visión... inesperada, para decir lo menos. En la convivencia diaria, uno tiende a normalizar la presencia del otro, a no detenerse realmente a observar. Pero en ese momento, la luz de la nevera esculpiendo sus contornos... era imposible no notar.
Involuntariamente, las palabras de Taehyung de esa mañana volvieron a mi mente, resonando con una claridad sorprendente. Cabello negro azabache... piel blanca... tatuado... siempre huele bien... mejillas rosadas... labios sexys...
Mi mirada lo recorrió sin permiso. Su espalda ancha se estrechaba hacia una cintura definida. El sutil asomo de un tatuaje oscuro cerca de su omóplato capturó mi atención por un instante. Luego mis ojos descendieron, deteniéndose en la firmeza de sus muslos mientras se inclinaba para alcanzar una botella de agua.
Una cascada de pensamientos, rápidos e intrusivos, inundó mi mente. Mierda. Taehyung tenía razón. Es... guapo. Mucho más de lo que jamás me atrevería a admitir en voz alta. Su piel parece suave bajo esa luz artificial. Y esos músculos... nunca me había detenido a pensar en lo bien definidos que son. Ese aire de chico malo que a veces irradia... ahora, viéndolo así, desprevenido... tiene un atractivo innegable.
Recordé la vez que lo vi concentrado estudiando en el sofá, su ceño ligeramente fruncido por la concentración, dándole ese aire de "chico malo en ciertas ocasiones" que Taehyung también había señalado. Incluso el ligero aroma que emanaba de él, una mezcla limpia de jabón y algo sutilmente masculino, llenó mis fosas nasales.
Y sus labios... sí, tienen esa forma definida, esa ligera curvatura que a veces parece una promesa silenciosa. ¿Y las mejillas? Ahora que lo pienso, sí, a veces tienen un ligero rubor, especialmente cuando está molesto o ligeramente avergonzado. La imagen de aquel día dónde defendí a Jungkook en la cafetería, su furia contenida pero palpable, cruzó por mi mente. Había una intensidad en él, una fuerza bruta que, aunque aterradora en ese momento, ahora evocaba una sensación extraña en mi interior.
Mi corazón dio un vuelco inesperado, latiendo un poco más rápido de lo normal. Era desconcertante. Estaba viendo a Jungkook bajo una luz completamente nueva, una luz que las palabras de Taehyung habían encendido subrepticiamente en mi conciencia. Era como si un velo se hubiera levantado, revelando detalles que antes había ignorado o simplemente no había querido ver.
Jungkook cerró la puerta del refrigerador con un suave golpe y se giró, la botella de agua en la mano. Su cabello oscuro, aún húmedo por la ducha, le caía ligeramente sobre la frente, suavizando sus facciones. Sus ojos oscuros se encontraron con los míos, y por un instante, hubo una sorpresa silenciosa en su mirada.
- ¿Jimin? Llegaste temprano. ¿Todo bien en el trabajo? - su voz grave y ligeramente áspera rompió el hechizo de mis pensamientos, devolviéndome bruscamente a la realidad.
Reaccioné con un sobresalto interno, sintiendo mis mejillas arder con vergüenza. Aparté la mirada rápidamente, carraspeando y fingiendo un repentino interés en el fregadero vacío. - Sí... sí, todo bien. Solo... un día largo. ¿Tú... tú ya te duchaste? - La pregunta salió más entrecortada de lo que pretendía.
Mierda. Necesitaba recomponerme y dejar de pensar en Jungkook en toalla. Era mi compañero de piso, nada más. Absolutamente nada más.
Jungkook entrecerró los ojos ligeramente, su mirada fija en mí con una intensidad que me hizo sentir aún más incómodo. Era obvio que acababa de salir de la ducha; las gotas de agua aún brillaban en sus pestañas oscuras y su cabello azabache estaba revuelto y húmedo. Mi repentina pregunta sobre su ducha, cuando era más que evidente que se acababa de bañar, debió sonar extraña.
- Sí - respondió lentamente, su voz grave teñida de una ligera confusión-. Acabo de salir. ¿Por qué la pregunta? ¿Pasa algo?
Sentí mis mejillas arder aún más. ¡Maldita sea, Jimin! ¿No podías haber pensado en una excusa mejor? Tartamudeé, buscando desesperadamente una salida a esta situación incómoda.
- No... no, nada - dije rápidamente, evitando su mirada y fingiendo un interés repentino en una mancha invisible en la encimera -. Solo... curiosidad. El día fue largo, ¿sabes? La mente divaga.
Jungkook continuó mirándome, su expresión aún inquisitiva. Podía sentir sus ojos analizándome, tratando de descifrar mi repentino nerviosismo. El silencio se extendió, pesado y cargado de una tensión que yo mismo había creado.
Finalmente, suspiró suavemente y se acercó a la nevera, tomando un largo trago de su botella de agua. El movimiento de sus músculos bajo la piel húmeda de su cuello no pasó desapercibido para mí, y tuve que apartar la mirada nuevamente, reprimiendo un suspiro involuntario.
- ¿Un día largo, eh? - comentó, su voz ahora más suave, como si tratara de romper la incomodidad -. ¿Algún cliente especialmente... interesante hoy?
Agradecí el cambio de tema y me apoyé contra la encimera, tratando de relajarme. - Como siempre. Un par de borrachos intentando ligar, una señora quejándose del precio de la cerveza... lo habitual. Nada que no haya visto antes. Solo que hoy... no tenía mucha paciencia.
Jungkook asintió, dejando la botella sobre la mesa. Se giró completamente hacia mí, apoyándose también contra la encimera, la toalla ajustándose ligeramente alrededor de su cintura. Su cercanía hizo que mi corazón volviera a acelerarse un poco.
- Lo entiendo. Hay días así. Todo el mundo te saca de quicio. ¿Quieres algo de beber? Tengo jugo de naranja.
- Sí, por favor - acepté, agradecido por su amabilidad y por la oportunidad de tener algo en qué enfocarme que no fuera su torso desnudo.
Mientras Jungkook sacaba el jugo del refrigerador y servía un vaso para mí, traté de calmar los latidos erráticos de mi corazón. Era solo Jungkook. Mi compañero de piso. No había nada más. Tenía que dejar de darle vueltas a las palabras de Taehyung y a esta repentina... conciencia... de su atractivo.
Me entregó el vaso y nuestros dedos se rozaron brevemente. Una pequeña descarga eléctrica me recorrió el brazo, haciéndome estremecer ligeramente. Jungkook pareció notarlo, porque su mirada se posó en mi rostro con una intensidad renovada.
- ¿Estás seguro de que estás bien, Jimin? Estás un poco... rojo. ¿Te sientes enfermo?
- No, no -vmentí rápidamente, tomando un sorbo grande de jugo para ocultar mi nerviosismo -. Solo... cansado. Necesito una ducha.
Jungkook continuó observándome durante unos segundos más, su expresión aún indecifrable. Luego, asintió lentamente. - Entiendo. Bueno, si necesitas algo, estaré por aquí.
- Gracias - murmuré, apartándome rápidamente y dirigiéndome a mi habitación, sintiendo su mirada en mi espalda hasta que cerré la puerta.
Una vez a salvo en mi habitación, me apoyé contra la puerta, respirando profundamente. ¡Maldita sea, esto era un desastre! ¿Desde cuándo Jungkook en toalla me ponía tan nervioso? Taehyung tenía razón, había algo innegablemente atractivo en él. Pero la idea de sentir algo más allá de la amistad por Jungkook... era un pensamiento que me aterraba y me confundía a partes iguales. Necesitaba una ducha, sí, pero más que nada, necesitaba aclarar mis propios sentimientos antes de que esta extraña nueva conciencia de Jungkook se saliera de control.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲
FanfictionEn el bullicioso campus universitario de Seoul, Jungkook, recién llegado de Estados Unidos, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida. Sin embargo, su primer día en la universidad da un giro inesperado cuando es atropellado por Jimin y su m...
