Llevaba días dándole vueltas a lo mismo. Las palabras de Taehyung en la escalera se habían quedado grabadas en mi mente como una marca de fuego. Al principio, intenté convencerme de que solo lo decía para molestar a Jimin, pero... ¿por qué usaría una mentira tan específica y extraña? Había algo que no encajaba, una pieza del rompecabezas que me faltaba y que me hacía sentir que caminaba a ciegas.
Lo lógico sería preguntarle a Taehyung directamente. Pero, ¿cómo? "Oye, Tae, ¿por qué dijiste que Jimin y yo parecíamos querer devorarnos mientras lo espiaba detrás de una pared?". Imposible. Eso me dejaría como un acosador ante el único amigo que tenía en esta ciudad.
Y luego estaba Jimin. En este primer mes, mi vida había sido un campo de batalla compartido. Sin embargo, debía admitir — muy a mi pesar — que como compañero de cuarto era casi una anomalía. La habitación no solo estaba limpia; brillaba. Todo, desde la cocina hasta el rincón más oscuro del baño, estaba impecable, ordenado con una precisión militar. Era un imperio de orden bajo el mando de un tipo que, irónicamente, era un caos de arrogancia.
— Excelente servicio para ser un cabrón — mascullé para mis adentros mientras terminaba de alistarme.
Hoy era un día importante. Tenía una cita con Harim. Llevábamos semanas en tensión y ella estaba molesta, así que hoy por fin le soltaría la bomba: de que me había transferido permanentemente a su universidad. Me había estado escondiendo de ella por todo el campus para que la sorpresa fuera perfecta, aprovechando que nuestras facultades estaban en extremos opuestos.
A mediodía, me reuní en la cafetería con Taehyung y Mingyu. Mingyu era un tipo agradable; al principio era tan tímido que apenas saludaba, pero ahora ya lanzaba chistes y se sentía parte del grupo.
— ¿Y qué tal la convivencia con el "general" Jimin? — preguntó Mingyu, terminando su almuerzo —. ¿Siguen en zona de guerra?
— Peor — suspiré —. Cada día es un ejercicio de paciencia no lanzarlo por la ventana.
— Lo siento mucho, de verdad —dijo Mingyu con sinceridad —. Si pudiera hacer algo por ayudarte, lo haría, pero ese tipo me intimida un poco.
— Descuida, el tiempo vuela. En cuanto termine el año, pediré el cambio de habitación y este infierno habrá acabado.
— Hablando del rey de Roma... —intervino Taehyung, señalando con la barbilla hacia la entrada.
Jimin acababa de entrar flanqueado por su séquito: el tipo alto de los hoyuelos y el otro que parecía sacado de una pasarela de moda. Pero lo que me revolvió el estómago fue la chica rubia que caminaba a su lado y que, en cuanto se sentaron, se acomodó sobre las piernas de Jimin con total confianza.
— Genial, ya le cayó la mosca a la sopa — mascullé, sin apartar la vista. Jimin reía, relajado, mientras la chica le susurraba cosas al oído.
— ¿No es la misma de la semana pasada, verdad? — pregunté, frunciendo el ceño —. ¿Este tipo es un mujeriego profesional o qué?
— ¿Cómo? — Taehyung me miró sobre su sándwich.
— Hace poco tuvieron una discusión en el pasillo y él estaba con una pelinegra en la misma posición. Ahora es una rubia. Es un jugador, Tae. Un aprovechador que salta de chica en chica.
— Bueno... quizá se tiñó el cabello —sugirió Taehyung con una calma que me irritó.
— ¿Por qué siempre intentas justificarlo? — le reclamó Mingyu a Taehyung —. Es obvio que el tipo es un Playboy. Un mujeriego de manual.
— Bien, quizá lo parezca — opinó Taehyung, encogiéndose de hombros mientras volvía a su comida —. Pero si me preguntas a mí, Jungkook, te diría que estás muy equivocado.
Ahí estaba otra vez. Ese tono. Esa seguridad.
— ¿Equivocado por qué? — insistí, sintiendo que la curiosidad me quemaba —. Es lo que veo. Dos chicas, un mes. Las matemáticas no mienten.
— Quizá lo que ves no es lo que realmente sucede — soltó Taehyung.
— ¿Y qué se supone que debería ver entonces?
Mingyu golpeó discretamente el codo de Taehyung y le hizo una seña con los ojos. Tae levantó la vista, miró a Mingyu, luego me miró a mí y su expresión se cerró por completo.
— No es nada... olvídalo. Solo son cosas mías. Quizá tengas razón y sea un casanova.
Esa respuesta me dejó más inquieto que antes. Volví a mirar a la mesa de Jimin. En ese momento, el amigo que parecía modelo se percató de mi mirada y le dio un toque a Jimin. Él giró la cabeza con lentitud, me sostuvo la mirada un segundo — fría, indescifrable — y volvió a su conversación como si yo no fuera más que una mancha en la pared.
Al terminar las clases, Taehyung me pidió que lo acompañara al bloque de Ingeniería para entregar un trabajo. Acepté a regañadientes, cuidándome de no ser visto. Estar en el territorio de Harim antes de la sorpresa me ponía los pelos de punta.
Mientras esperaba a Taehyung fuera de una oficina, vi pasar al amigo modelo de Jimin. Me pareció normal, él estudiaba allí. Pero unos minutos después, vi una silueta conocida doblando el pasillo: Jimin.
¿Qué hacía un estudiante de Contaduría en el área de Ingeniería? Me pareció sospechoso. Quizá venía a ver a su amigo, pero se movía con una rapidez que no era de alguien que viene de visita.
— Estoy llegando... iré a donde estás ahora — lo escuché decir mientras pasaba frente a mí con el teléfono en el oído. Ni siquiera me miró. Estaba demasiado concentrado en su llamada.
El instinto de detective que había nacido en mí desde la conversación de Taehyung se activó. Me aseguré de que Taehyung seguía dentro de la oficina y comencé a seguir a Jimin a una distancia prudente.
El pasillo estaba desierto, el eco de sus pasos era lo único que se escuchaba. Jimin dobló a la derecha y entró en un aula vacía al final del corredor.
Caminé pegado a la pared, conteniendo el aliento. Me asomé con cautela por la ventanilla de la puerta.
Él estaba de espaldas. Frente a él, había una chica. Debido a la estatura de Jimin, no podía verle el rostro, pero era bajita y parecía estar reclamándole algo.
— Ya te he dicho que no estoy interesado — la voz de Jimin sonó cortante, fría —. ¿Para esto me pediste que viniera hasta aquí?
"Vaya, el mujeriego rechazando a alguien", pensé con sarcasmo.
— Deberías tenerlo en cuenta —respondió la chica, y un frío glacial me recorrió la columna —. Te aseguro que si dices que sí, no te arrepentirás.
Me quedé helado. Esa voz. Conocía cada matiz de ese tono, cada inflexión de esas cuerdas vocales.
Jimin dio un paso atrás, negando con la cabeza, y se giró para marcharse. Me escondí rápidamente tras la columna para que no me viera, con el corazón martilleando contra mis costillas.
— Espera... — suplicó ella.
Me asomé una vez más, con los ojos ardiendo por la tensión. La chica había estirado el brazo y sujetaba a Jimin de la muñeca, tratando de detenerlo. Ahora que Jimin se había movido, su rostro quedó completamente expuesto bajo la luz de los fluorescentes del aula.
Mi mundo se desmoronó en un segundo. Era ella.
Era Harim.
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𝐒𝐰𝐞𝐞𝐭 𝐀𝐧𝐝 𝐒𝐚𝐬𝐬𝐲 𝐁𝐨𝐲
FanfictionEn el bullicioso campus universitario de Seoul, Jungkook, recién llegado de Estados Unidos, se prepara para iniciar una nueva etapa en su vida. Sin embargo, su primer día en la universidad da un giro inesperado cuando es atropellado por Jimin y su m...
