CAPITULO 11

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Frank

No lograba tener un momento de paz.

No importaba cuantas veces hablara con Stone, parecía que todo era un círculo mal trazado, un círculo que giraba alrededor de mi presente y eso me mataba. Me mataba porque ese centro no era solo para mí y aunque no quisiera decirlo ahora mismo estaba llevando las de perder.

Por todos lados, en mi presente y en mi pasado.

Tommy era mi peor pesadilla hecha realidad, aun con un brazo se las arreglaba para llevarla de mi cada que nos topábamos, no podía acercarme a ella de manera casual porque ese tipo básicamente salía de las alcantarillas para mostrarme que tenía la delantera.

Esa maldita sonrisa en su rostro, esa sonrisita burlona, esto era un juego para él, una competencia, estaba seguro de ello y aunque quisiera no caer, caía lentamente.

Había pasado más de dos semanas de su llegada y decir que era mi ancla personal en realidad era poco, porque parecía que lentamente zarpaba con un barco que parecía estar en puerto desde hacía tanto, esperando, solo esperando y finalmente permitía ser parte del mar dejándome amarrado en aquella orilla que tanto me gustaba contemplar.

Lo detestaba.

Y a pesar de toda esa nieve mental aquí estaba... sentado en el último juego de invierno de David buscando un momento de descuido para de una vez por todas dejarle en claro a Georgia y a mí que no podía estar más tiempo lejos de ella.

Mire un largo rato, me escabullí entre tiempo y tiempo y finalmente ese vaquero ruidoso fue acaparado por un par de chicas del pueblo que apenas George se levantó se fueron a él como si fuera una bolsa de agua caliente en medio de este invierno.

Georgia camino entre las gradas del pequeño estadio, parecía que buscaba a alguien, y yo me acercaba lentamente a ella, la extrañaba tanto, escuchar su voz, oír su risa, no quería aceptarlo, pero lo hacía, la extrañaba y ahora mismo estaba dispuesto a levantarla y llevarla conmigo con tal de que me llenara el alma nuevamente con su sola existencia.

-Si sigue asechándome de esa manera terminare partiéndole la cara- se detuvo en seco apenas salió del área publica

-Lo lamento, no quería molestarla-

-Pues me molesta- se giró con los brazos cruzados sobre el pecho y yo tuve que soportar no reírme de lo poco imponente que se veía.

-No era mi intensión-

-Debería buscar un diccionario fuera de las disculpas-

-¿Cómo está?- y el vapor de mis palabras se mezclaba en el invierno con sus mejillas llenas de pecas rojas y moradas- creí que no vendría al juego-

-Es mi hijo, no encuentro lógica en ese pensamiento- se encogió de hombros- y el silencio se ahogó entre ambos- Creo que me pase un poco de la raya-admitió seguramente al ver como mi torpe cabeza intentaba decir algo coherente

-Creo que yo no dije lo que deseaba- di un par de pasos hacia ella

-Está bien, no hace falta que toquemos el tema... es algo que ya paso-

-No creo que eso sea posible- volví a acortar nuestra distancia- no creo que pase, yo creo que es algo que esta atorado aquí- nos señale - y que se ahoga por nuestras indecisiones-

-Está loco- intento escapar sabiendo perfectamente hacia donde escapaba todo esto

-Quizá, pero en todo caso la culpo a usted, la culpo porque mi vida tenía un ritmo bastante prudente y melancólico con el cual era feliz, la culpo por hacerme querer reír, por desear y por no poder sacarla de mi cabeza-

Dicen En El PuebloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora