Un sábado por la noche, Paraguay se encontraba en un bar muy concurrido de la ciudad. No solía venir a menudo, de vez en cuando pasaba a tomar algunos vinos u otras bebidas.
Estaba sentado frente a la mesa del barrendero con una copa de vino tinto en la mano.
Luego de cada sorbo, la hacía dar vueltas observando cómo aquel líquido se movía dentro de ella.
—¿Se le ofrece algo más?.-habló amablemente el barrendero.
—Gracias, pero esta es mi última copa.-respondió sirviéndose un poco más de vino.
—Si cambia de opinión, me avisa.-aseguró alejándose hacia el otro lado de la mesa.
El paraguayo acabó aquella copa dando el último trago, dejándola a un costado.
Sacó su celular de su bolsillo, y revisó la hora, marcaban las diez de la noche. Suspiró y lo guardó de vuelta.
Estaba a punto de levantarse para retirarse hasta que sintió un mano posar sobre su hombro.
Dió la vuelta y alzó la vista.
—Disculpe, ¿podríamos tomarnos una foto?.- una chica se le había acercado. Lo vió desde lo lejos.
El de doble escudo tardó unos segundos en responder.
—Está bien.-posó para la selfie mostrando una sonrisa forzada.
—¡Gracias!. ¡Fue un placer conocerte en persona!.-se despidió alegremente del country, con una abrazo desprevenido y se alejó hasta desaparecer entre la gente.
Paraguay parpadeó varias veces y soltó una leve risa, pensó que lo mejor que podía hacer ahora era salir del lugar.
Pagó la cuenta y salió de aquel bar, acercándose a su auto estacionado.
—¿Que tal las cosas ahí dentro?.-el guardia lo miró de pies a cabeza mientras el pelirrojo subía al auto, lo escaneaba por si notara algún indicio de que estuviera pasado de copas.
—Normal, muy tranquilo.-respondió despreocupado, no tomó mucho, mantuvo una medida decente.
El de traje negro asintió y condujo de regreso a casa del país sudamericano.
El guaraní observaba tranquilamente la ciudad a través de la ventanilla del auto.
No se había dado cuenta de que alguien lo estuvo observando dentro del bar todo este tiempo.
(...)
Amaneció lloviendo al día siguiente, los truenos y relámpagos de escuchaban de vez en cuando, mientras el protagonista observaba a través de la ventana en la cocina.
Casi nunca iba a esta parte de la casa, pero esta vez hizo una excepción. Se levantó muy tarde, dejándolo sin tiempo para desayunar.
Había bajado hacia la cocina sigilosamente, para comer una galletita dulce solo para no quedar con el estómago vacío.
El chef de la casa lo descubrió y solo soltó una risa, diciendo que podía comer lo que quisiera y que no se preocupara por eso.
Después de todo, era el patrón.
Cuando Paraguay salió de la cocina y subió hacia la sala se encontró con el guardia sentado en un banco con la cabeza baja mirándo al suelo.
—¿Estás bien?.-posó una mano en el hombro ajeno, haciéndolo levantar la mirada.
—Sí, no se preocupe...-ladeó la cabeza.-Solo tengo un poco de sueño.
—¿Y por qué no dormís más?. Hoy es domingo y está lloviendo.
—¿Está seguro?. ¿Y si necesitas algo?.
—Yo puedo encargarme de mí mismo.-se cruzó de brazos.-Te doy el día libre. Andá a descansar.-dijo con un tono firme, pero lo suavizó mostrando una sonrisa de labios.
—Muchas gracias.-se levantó y fue a su habitación.
El paraguayo subió las escaleras hacia su habitación, abrió la puerta y al entrar la cerró detrás de él.
Caminó hacia su escritorio para tomar asiento. Comenzó a agradecer por la lluvia ya que el calor era sofocante.
Mientras pensaba, escuchó un tono de mensaje desde su celular.
Supuso por un momento que era Taiwán, no se le cruzó por la mente que fuera alguna otra nación.
Pero se sorprendió al encontrarse con un mensaje de Honduras.
—Hola Paraguay, ¿cómo va tu día?.
—Hola, hace mucho que no
hablamos, honduras. ¿Cómo estás?.
—Estuve muy ocupado estos meses.
Y por lo que me enteré por medio de
las noticias, vos también.
—¿Yo?. Esque las elecciones en
mi país serán pronto...
—Me refiero a Taiwán.
—¿Taiwán?.
—Pasaste dos meses con ella en tu casa. China no está muy contento con eso.
—No te preocupes por eso,
todo está bien. Tal vez Tai
se equivocó en venir a
nuestro continente
—¿Se equivocó?. No entiendo.
—Taiwán vino a escondidas de China
por eso la salida de su país
no fue anunciada, nadie lo sabía.
—Ya veo. ¿Entonces estás
diciendo que fue su culpa?.
—¿Qué?. Claro que no. Taiwán
es mi mejor amiga.
—Si es tu mejor amigo,
¿por qué no lo defendiste?.
—Yo le dije que era una mala idea
quedarse en mi casa en secreto.
Pero Taiwán insistía.
—Ya no sé que decirte...
—Sin ofender, pero,
¿por qué te preocupa tanto?.
Hace casi un año que te aliaste a China.
—Lo sé pero me preocupa que algo te pase, eso es todo. No porque haya escogido a China signifique que apoye sus mandatos estrictos.
—Entonces ¿por qué lo escogiste a él?.
—Lo siento, tengo mis razones.
—Está bien.
—Gracias, Paraguay, me aclaraste las cosas.
Hablamos pronto.
—Hablamos.
Al paraguayo le parecía rara aquella conversación. Honduras le escribía de la nada diciendo que se preocupaba por él y que no aceptaba del todo a China cuando había optado en reconocer a su país luego de años estando del lado del taiwanés.
Pero después de todo, comprendió a su hermano, talvez se arrepentía de su decisión y no podía admitirlo.
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𝙋𝙤𝙥𝙪𝙡𝙖𝙧 ¿𝙔𝙤?
FanfictionDonde la fama y el dinero crecen, los conflictos y desgracias nacen. Quién hubiera dicho que una inocente amistad entre dos países sería una de las causantes.
