Capítulo 16

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El paraguayo se encontraba sentado en el borde de su cama atando los cordones de sus zapatos. Cuando de pronto, alguien llamó a la puerta.

— Adelante.—alzó la vista a la par que la puerta fue abierta, dejando ver al guardia, quien mostraba una leve preocupación en su rostro.

— ¿Está todo bien?.—cuestionó, observando cómo el country se ponía de pie y le sonreía amablemente.

— Sí, todo está bien.

— Me alegro. El desayuno ya está servido.

Se hizo a un lado y el pelirrojo salió de la habitación. Dirigiéndose hacia el comedor.

Al llegar, vió a Uruguay sentado de brazos cruzados alzando una ceja.

—Ah, cierto. Buenos días, Uru.—saludó sentándose al frente del menor.

—¿Qué pasó con Colombia?. ¿Se enteró de lo que sucedió?.

—Síp, hablamos un rato, me dijo que todo estaría bien y que no me preocupara.—respondió sirviéndose cocido con leche.

Uruguay observó esa acción detenidamente e imitó aquello, sirviéndose un poco cuando Paraguay había terminado de servirse.

—Tiene razón.

Paraguay sonrió y mandó una tostada a la boca, pensando en lo extraño que le parecía no haber recibido una llamada de China hasta el momento.

Dejó pasar aquel pensamiento y disfrutó de la comida junto con su hermano tranquilamente.

(...)

Llegada la media tarde, Paraguay y Uruguay estaban en el patio trasero. Específicamente tomando tereré en la sombra de un árbol.

—Qué calor que hace...—exclamó el de franjas azules tomando un sorbo de aquella bebida refrescante.

El paraguayo soltó una leve risa, pasando su mano por su frente. Estaba sudando, el menor le pasó la guampa y procedió a servirse también.

—Hace mucho que nadie venía a tomar tereré conmigo.

—Pero, ¿Taiwán no tomó contigo cuando vino acá?.

—¿Cómo?...—lo miró.— Bueno, sí.—había recordado lo que le había dicho a Taiwán cuando supuso que sus hermanos venían a tomar tereré cuando hacía calor, y el paraguayo había reído ante eso.

Ahora se daba cuenta de que las cosas podían cambiar. Tenía a Uruguay en su casa. Ya no estaba tan solo como hace unos meses.

—Era obvio, con este calor nadie se aguanta un buen tereré.

—Uru. ¿Nos sacamos una foto?.—pidió el pelirrojo, tomando su celular de la mesita de madera rústica que tenía a su derecha.

—Dale.

Paraguay apuntó la cámara hacia ellos, sonriéndo a ésta. El uruguayo hizo una pose de "V" con los dedos, mostrando una amplia sonrisa.

Miraron la foto, formaron un lindo recuerdo de aquel día.

—¿Por qué de repente una foto?.

—Solo quería una foto juntos.—sonrió guardando su celular. Sirviendo nuevamente el tereré y pasárselo al contrario.

Pasaron las horas y el sol comenzaba a ocultarse. Los mosquitos se hicieron presentes, lo cual hizo que los dos entraran a la casa.

Paraguay salió de la ducha, se puso algo cómodo y antes de que saliera de su habitación, recordó algo.

Prendió su celular y mensajero a Taiwán. Le pasó la foto que se había tomado con Uruguay en la tarde.

Agregando un pequeño texto que decía: "Hace un calor infernal."

Hacia el continente asiático, el taiwanés recibió aquel mensaje y sonrió al ver la foto de su mejor amigo y su hermano.

Lo pensó unos segundos, y al final decidió llamarlo. Siendo contestado.

—¡Hola Taiwán!, me alegra que llamaras, ¿cómo estás?.

—Estoy bien, ¿y tú?.

—Me alegra oír que estás bien, pero ¿estás seguro?.  ¿China no te dijo algo?.

Hubo un silencio por unos instantes, y antes de el latino dijera algo, el asiático habló primero.

—Oh, ¿China?. Sí. Hablamos, pero no te preocupes, ya sabes cómo es.—soltó una risita nerviosa.

—Taiwán.—llamó con tono neutral.—Sabes que podés decirme todo. ¿Soy tu mejor amigo, no?.—insistió, sentía que el taiwanés evitaba contarle algo.

—Lo sé, Pary.—hizo una pausa, suspirando por la nariz.—Pero no quiero que te preocupes. Además, no tengo mucho tiempo ahora... solo te llamaba para saludar.

Aquella sensación de que en verdad tenía algo que decirle, o por lo menos contarle qué le dijo China seguía molestandolo, a pesar de eso, no quería presionar tanto al contrario.

—Entiendo, ¿Vas a tener tiempo mañana?.

—Te avisaré cualquier cosa, lo prometo.—volvió a hacer una pausa.—¿China no te llamó o algo así?.

—No, no me llamó ni nada por el estilo... aún.

—¿Seguro?.

—Tai. Si me hubiera llamado ahora mismo te lo estaría contando todo, sabes bien eso.

Taiwán soltó una risa entre dientes.

—Ok ok. Te creo.

—Hablamos mañana, tai.

—Hablamos, pary.

El nombrado fue el primero en colgar la llamada. Se quedó de pie pensando en qué le pudo haber dicho el malvado hermano mayor a su mejor amigo.

Por otro lado, el oriental posó ambas manos en su rostro, frunciendo el ceño. Estaba recostado en su cama, fue un día agotador.

No sabía por qué, pero se sentía inútil, no le contó nada a su mejor amigo sobre lo que habló con China, la forma en que le habló, cómo se sentía. Cuando el paraguayo era capaz de contarle todo en cualquier momento.

Tenía miedo.

Exactamente lo que China quería.

𝙋𝙤𝙥𝙪𝙡𝙖𝙧 ¿𝙔𝙤?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora