Paraguay repetía esas palabras de Taiwán en su mente con la mirada perdida.
Al día siguiente, en el Palacio de gobierno, los paparazzis y periodistas acorralaron al paraguayo mientras salía del lugar.
Las noticias sobre China, al haber descubierto la visita secreta de Taiwán a Paraguay, habían resonado en todos los medios de comunicación.
En un abrir y cerrar de ojos, todo había empeorado.
El latinoamericano se sentía presionado, angustiado y preocupado. Los fotógrafos le sacaban fotos sin parar y eso lo mareaba y molestaba.
Los periodistas no paraban de hacerle preguntas sobre la situación en la que estaba.
Se limitó a no responder. No quería hablar, lo único que quería era desaparecer.
— ¡Paraguay!—llamó una periodista, intentando recibir una respuesta—¿Cómo cree usted que China se haya enterado de esto?.
El mencionado la miró sorprendido. Era una buena pregunta.
— No lo sé.—bajó la vista sin decir nada más, intentando pasar entre ellos, sin ningún éxito.
El guardia del paraguayo había llegado en el momento indicado. Se metió entre la gente, tomó a Paraguay del brazo y lo jaló para salir de en medio de todas las personas que ansiaban entrevistarlo.
— ¡Permiso!.
— ¡Una pregunta más Paraguay! ¡No se vaya!.
Todos repetían lo mismo, mientras Paraguay subía a su auto.
El guardia arrancó el motor y se alejaron del lugar, dejando a los periodistas y paparazzis atrás.
— ¿Se encuentra bien?.—observó por el espejo cómo el pelirrojo se cubría la cara con ambas manos, asintiendo levemente.—¿Dónde desea ir?.
Hubo un silencio, el country recuperó su postura suspirando, cansado por toda esta presión que sentía.
— Ya no sé dónde ir... —respondió, observando los árboles junto con los edificios pasar a través de la ventanilla del auto.
El guardia manejaba con una mirada seria. Sabía que el contrario no estaba bien. Quería animarlo pero no encontraba manera alguna de lograrlo.
Mientras ambos se movilizaban en el auto. Taiwán se sentía abrumado por lo que había pasado.
Se encontraba trabajando en su oficina, leyendo y firmando papales.
De algún modo se sentía culpable, no podía evitarlo.
China lo había llamado por la mañana apenas se había enterado de dónde y con quién había estado durante esos dos meses que estuvo fuera del continente.
Y para su suerte, estuvo con el país que siempre se había negado en reconocerlo, prefiriendo a Taiwán.
Era consciente de la frustración de su hermano mayor. Siempre quería que todo fuera como a él le gustara.
Había conversado con él sobre eso, muchas veces.
Pero nunca escuchaba.
Nunca le hacía caso.
Taiwán para él no era nadie.
Eso lo ponía mal aveces.
Deseaba poder sentir el cariño de un hermano. Su amigo sudamericano tenía muchos hermanos que, apesar de las diferencias que tenían, siempre estarían uno para el otro.
Frunció en ceño, apretó el bolígrafo con el que firmaba los papeles. Le enfadaba la forma de ser de China.
Se estaba cansando de él y de todo.
¿Acaso querer pasar tiempo con tu mejor amigo es algo malo?, ¿Desear ser un país normal es mucho pedir?, ¿Querer ser libre es un delito?.
Así se sentía el taiwanés. Desde que se había "Independizado" nunca supo lo que era ser de verdad un país reconocido.
Era como estar en una burbuja irrompible.
Quería dejar todo atrás.
Quería enfrentarse a China.
Quería sentirse acompañado.
Quería y quería, pero no podía.
Era el miedo, era la inseguridad, eran las barreras que no podía derribar.
Y ahí se quedó hasta tarde, trabajando, pensando en su amigo del otro lado del mundo.
(...)
Paraguay observaba su celular mientras caminaba por la costanera, solo veía su rostro en cada noticia.
Estuvo esperando por una llamada del Taiwanés, o incluso de China.
Tampoco se atrevía a llamar. No quería molestar o preocupar más al de raza china.
Cuando se sintiera mejor, lo llamaría, pero ahora no era el momento. Necesitaba despejar su mente y asumía que Taiwán también.
Tenía ganas de ir a visitarlo, pero la distancia se lo impedía.
Y no solo eso.
Mientras el paraguayo caminaba y pensaba, el guardia lo observaba desde el estacionamiento, recostado por el auto.
Luego de una charla motivacional que le había dicho al country, habían decidido venir a la costanera para tomar aire fresco.
Cuando vió como el paraguayo alzaba una mano para cubrir un bostezo, se acercó a él a paso tranquilo.
— Debemos irnos, Paraguay. Tienes sueño. Y mañana te espera un nuevo y largo día.
El nombrado lo miró con ojos cansados.
—Marco.—lo llamó por su nombre, sorprendiendo a éste.
—¿Sí?, dígame.
Disimuló su impresión al escuchar su nombre de parte del paraguayo, casi nunca lo llamaba así.
—¿Estoy actuando ridículamente?.—lo miró a los ojos.
Marco lo miró también y se formó una sonrisa de labios en su rostro.
—Así es. Debería preocuparse menos.
Aquella respuesta hizo que el tricolor soltara una leve risa. Iluminando su rostro cansado.
—Gracias... siempre puedo contar contigo.—le dió unas palmadas en el hombro para caminar hacia el auto y subirse, siendo seguido por el guardia.
Condujo hasta la casa, al entrar a ésta la chica les ofreció la cena que había preparado el chef personal de la casa.
Paraguay le dió las gracias, pero la rechazó diciendo que estaba demasiado cansado y que se moría de sueño.
Al final, guardaron la cena para el día siguiente y todos fueron a sus respectivas habitaciones para dormir.
Otro día los esperaba.
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𝙋𝙤𝙥𝙪𝙡𝙖𝙧 ¿𝙔𝙤?
FanfictionDonde la fama y el dinero crecen, los conflictos y desgracias nacen. Quién hubiera dicho que una inocente amistad entre dos países sería una de las causantes.
