Capítulo 13

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—¿Qué te dijo?, ¿De qué hablaron?.—apenas Paraguay llegó a su casa, Uruguay lo estaba llenando de preguntas.

—No fue nada importante.

—Paraguay, yo sé que fue lo suficientemente importante para que Argentina te invite a su casa para hablar sobre el tema.

El nombrado suspiró observando al más bajo, aveces olvidaba que el bicolor podía ser alguien muy astuto e inteligente cuando quería.

—Primero que nada, tengo una junta en el Palacio de gobierno a las seis, así que tendrás que esperar.

—Decímeeeeee, espera... ¿Me voy a quedar solito otra vez?.

—Pues sí, pero no tardaré mucho.

—Agh... bueno.

—¡Qué guapito el nene!.—le apretó los cachetes recibiendo un gruñido.

Luego de eso, el pelirrojo subió las escaleras para cambiarse e ir a su junta.

Uruguay observó cómo se alejaba, y cuando ya no lo veía se acercó al guardia de su hermano para averiguar si le podía quitar información.

—Hola Señor... ¿Qué tal?.—saludó.

—Muy bien, ¿Y usted Uruguay?.

—También estoy bien... ¿Puedo hacerle una pregunta?.—el guardia asintió con una sonrisa de labios.—¿Sabes de qué hablaron mis hermanos?.

El guardia soltó una risilla, notó la curiosidad del menor.

—Lo siento, estuve esperando a tu hermano dentro del auto. Pero no se preocupe, todo terminó bien.

Observó como la mirada del de franjas expresaba incertidumbre y molestia, por no haber logrado su objetivo.

—Ok... gracias.—se alejó nuevamente y se sentó en el sofá cruzando sus brazos.

Sí que era curioso.

(...)

— ¡Paraguay!.—era Uruguay, desde su habitación llamando a su hermano, quién se encontraba en la sala, acababa de llegar de la junta luego de tres horas.

— ¡Voy!.—respondió.

A paso apresurado, por las ganas de saber de qué hablo con Argentina, fue directo a la sala, topándose con el de sangre guaraní tomando un juguito en cartón.

—¿Qué tal te fue?.

—Bien, ¿Que estuviste haciendo?.

—Nada.

Hubo un silencio, Uruguay estaba agitado por haber corrido y Paraguay muy cansado para preguntar más.

El menor se sentó en el sofá dando un largo suspiro, Paraguay se sentó a su lado, dejando el jugo sobre la mesita.

—Argentina me pidió que no le cobrara más en la Hidrovía.

Uruguay volteó a verlo escéptico, reconocía y era consciente de la situación del argentino, pero le sorprendió saber aquello. Le sonaba algo injusto y atrevido de su parte, pero cuando uno se encuentra desesperado, hace todo lo posible para estar bien.

—¿Y qué le dijiste?.

—Le expliqué que eso era imposible, que si permito algo para uno debe ser para todos. Por suerte, no se enfadó, y todo terminó bien.

—Wow, creí que iba a ser algo más... serio.

—Yo también...—río bajo.

Nuevamente quedaron en silencio, pero un silencio cómodo. Se sentía la tranquilidad y comodidad de estar juntos.

—Ya que estamos acá...—volteó a verlo y Paraguay también.—Sé que nunca te pregunté, pero ¿Por qué el día que llegué estabas tan preocupado por lo de Taiwán?. ¿Qué tal tu relación con él?, ¿China sabe algo que no debería?.

Un pequeño silencio inundó la sala unos segundos, hasta que el pelirrojo respondió esa pregunta.

—Estamos bien, lo que pasa es que, Taiwán había venido hace poco en casa y se quedó por dos meses... y China no lo sabe, osea sí sabe que vino a este continente, pero no que se quedó conmigo. Y antes de eso el estuvo por aquí y me citó a un restaurante y trató de convencerme de que dejara de reconocer a Taiwán para reconocerlo a él.

El peliblanco no dijo nada, esperaba que el paraguayo hablara más si lo necesitaba. Se quedó escuchando atentamente.

—Y... unos "periodistas" nos vieron mientras salimos, nos tomaron fotos y las publicaron... ahora tenemos el riesgo de que China se entere y... no lo sé. Talvez se enoje, pero no quiero que le pase algo malo a Taiwán.

El de sangre guaraní observó a su hermano, ya había concluido su historia, ahora esperaba la respuesta del contrario.

—Estás muerto.—dijo en seco, de forma seria.

—¿Qué?.—lo miró confundido.

Uruguay soltó una risilla.

—Mentira, mentira... bueno, no lo sé. Pero lo que sí sé es que no debes preocuparte por eso, y deberías decirle lo mismo a Taiwán.

Pensó un momento al escuchar sus palabras, tal vez tenía razón.

—Gracias, Uru.—sonrió de manera tierna, recibiendo una de parte del menor.

—Acabo de recordar que mañana tengo una reunión en mi país... demonios.

—Entónces hay que dormirse.—se levantó y tomó del  brazo a Uruguay para llevarlo a su habitación.

Uruguay no se resistió ni nada por el estilo, le dio las buenas noches a su hermano y se tiró para caer en un sueño profundo.

(...)

Paraguay ya se había duchado y cambiado para acostarse. Cuando su celular comenzó a sonar.

Era Taiwán.

Contestó inmediatamente.

Hola Taiwán, ¿Todo bien?.

Hola, sí estoy bien. Sé que ya es de noche...
pero me gustaría decírtelo ahora que tengo
tiempo.

—¿Qué sucedió?.

Temía por la respuesta del Taiwanés. Pero temía más por su amigo que por el mismo, por su culpa, falta de cuidado, estarían en problemas. China odiaba verlos juntos fuera donde fuera.

—Estaba saliendo de mi trabajo, y
a China charlando con ONU.
Le mostró algo en su celular y luego pude ver
una foto donde estábamos  y yo.
Creo que lo saben... Paraguay... ellos lo saben.

𝙋𝙤𝙥𝙪𝙡𝙖𝙧 ¿𝙔𝙤?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora