Capítulo 17

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— No bo' ¿Qué mierda voy a hacer con ese corrupto?.—respondió Uruguay con un tono leve de molestia en su voz.

Estaba en su habitación, vistiéndose para desayunar.

Lo mismo Paraguay, que cuando se preparó todo, salió de su habitación cerrando la puerta tras de él, encontrándose con Uruguay, quien demostraba fastidio en su rostro.

—¿Pasó algo?.

—Debo irme.

—¿Dónde?, ¿por qué?.

—A una reunión en mi país.

—Oh, pero... ¿ahora?. Estás con el estómago vacío.

Uruguay dió media vuelta y caminó en dirección al comedor, seguido del mayor.

Es desayuno ya estaba servido.

—Sip, tengo que irme ahora.—agarró una chipa del plato que estaba sobre la mesa.—Voy a comer esto por el camino.

—¿Vas a volver?. Tus cosas se pueden quedar acá si querés.

—No sé si pueda volver, te aviso cualquier cosa, ¿dale?.—sonrió agradecido.—Gracias, pary.

El nombrado sonrió abrazando al menor.

—Podés volver cuando quieras, Uru.—se soltaron de aquel abrazo, bajando las escaleras hasta la puerta de entrada.

De despidieron, el de franjas salió de la casa de su hermano en dirección a su auto junto a su chofer personal que lo esperaba.

El paraguayo cerró la puerta, y al poner un pie sobre el escalón de la escalera, escuchó una voz no muy lejos.

—Buenos días.—saludó el guardia llegando desde la sala.

—Buen día. ¿Estás bien?.—cuestionó observando al contrario, quien parecía un poco agitado.

—No se preocupe.—alzó la vista, haciendo una pausa.—¿Uruguay sigue durmiendo?.

—Él ya se fue  tiene una reunión.

—¿De verdad?. Lástima que llegué tarde, no pude despedirme de él.

—No pasa nada, me dijo que me avisaría si podía volver.—dirigió su mirada al guardia, quién asintió despreocupado.

—Voy a desayunar, ¿te gustaría acompañarme?.

—Me encantaría, pero no tengo apetito.—quedó en silencio unos segundos hasta que volvió a hablar.—¿Está todo bien con respecto al tema de China?.

Paraguay bajó la vista, había olvidado por un momento aquel asunto. No sabía si sentirse mejor o peor por no recibir ninguna llamada del gigante de Asia, pero no negaba de que le parecía algo extraño.

—Al parecer... por ahora. Aunque, ¿qué lo que me va hacer?. ¿Bombardearme?.

El guardia soltó una leve risa contagiando al de doble escudo.

—¿Y Taiwán. ¿Sabe algo?.—se arrepintió y retiró la pregunta, disculpándose con el paraguayo.—Lo siento, estoy preguntando demasiado.

El pelirrojo soltó una risilla por la actitud del contrario.

—No, claro que no. Ayer a la noche me llamó y me dijo que hoy volvería a llamar.

—Entiendo. Bueno, yo me retiro, si me necesita, estaré en el patio. Nos vemos.—se alejó hasta la puerta trasera, cerrandola y dejando al sudamericano solo.

El mismo subió hacia el comedor a paso tranquilo.

(...)

Caída la tarde, Paraguay estaba en su habitación recostado en su cama con la mirada fija en la pared. Había conversado con Taiwán por videollamada, el asiático le contó todo lo que China le había dicho y lo mal que eso le hizo sentir.

El latino lo tranquilizó diciéndole que no hiciera caso a las palabras de su hermano mayor, que solo quería asustarlo para demostrar su "superioridad".

Hablaron por dos horas.

Al final Taiwán logró confesar que no pensaría más en ello y que estaba agradecido de tenerlo como amigo.

El paraguayo se sentía apenado por él, no le gustaba verlo desanimado, había sufrido mucho, pero a pesar de eso sabía que el taiwanés se sentirá mejor.

Luego de unos minutos, una llamada de parte del Uruguayo lo sacó de sus pensamientos.

—Hola, uru. ¿Cómo estás?.

—Todo bien, ¿vos que tal?. Che... me voy a quedar en mi territorio, ya no puedo andar de intruso en tu casa.

—No digas eso, podés quedarte el tiempo que quieras y cuando quieras.

—Muy amable como siempre, pary, pero en serio debo quedarme...

—Está bien, comprendo. Voy a guardar tus cosas.

—Gracias sos el mejor. Mandale saludos a los demás de mi parte.

—Se los diré.

—Te dejo bo' chau.—colgó.

Paraguay dejó su celular a un lado y salió de su habitación para entrar a la del uruguayo para acomodar sus cosas y guardarlas en el ropero.

Mientras tanto el país asiático disfrutaba una cena bajo las estrellas en el patio de su casa.

Luego de la conversación con el latino, comenzó a considerar que no debía dejar que le afectara, que él jamás dejaría de ser su amigo por más que le ofrecieran todo el dinero del mundo.

Porque la amistad verdadera es algo que no se puede comprar.

"La sinceridad mantiene la amistad", aquella frase que el paraguayo le había enseñado.

Pasadas un par de horas, el taiwanés ya se encontraba acostado en su cama, dormido profundamente.

Nota del autor:  Paraguay y
Taiwán tiene 12 horas de
diferencia. Un ejemplo; si en
Paraguay son las siete de la mañana,
en Taiwán son las siete de la noche.

Disculpen si los capítulos no están emocionantes :(

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