Capítulo 20

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— ¿Y si lo llamo ahora?.

China, ansioso por charlar con el sudamericano de cabello rojo que tanto detestaba. Estaba en llamada con un socio suyo.

— Tranquilízate, China. No servirá de nada.— respondió una voz anónima del otro lado de la pantalla.—Debemos actuar con cautela.

— Quiero hacerle pagar, que se aleje de mi hermana.

—No puedes hacerlo a la fuerza, ONU podría intervenir y no quieres eso, ¿no es así?.

El asiático soltó un suspiro pesado, frotándose las sienes para calmarse.

—Por supuesto que no, él es un entrometido, pero no puedo evitar enojarme.

—¿Por qué detestas tanto a Paraguay?. ¿Te hizo algo malo alguna vez?.

—Ese no es tu asunto, tengo mis razones y no necesito explicarlas a nadie.

Hubo un breve silencio, hasta que la voz misteriosa rompió el hielo.

—No me digas que es por lo de–

—¡Qué no es asunto tuyo! ¿Y qué si lo es? ¡Se supone que yo soy China! ¡No ella!.—habló con tono alto y molesto mientras apretaba su celular con la mano.

—Bueno bueno, me callo. Pero no hagas ninguna locura, ¿ok?.

—Como sea, tendré cuidado, no pienso meterme en problemas por ese latino. Por eso te elegí a tí, para que me ayudaras. ¿Tienes todo listo?.

—Pensé que nunca lo preguntarías. Sí, tengo todo listo tal y como me lo pediste.

Una sonrisa torcida se formó en el rostro del gigante de Asia, observando el exterior a través de la ventana de su oficina, acomodándose el cabello, mostrando su ego.

—Perfecto.

(...)

—No digas eso, Tai.—decía la voz tranquila del latino a través del celular.

—Cada cinco años, cuando un nuevo presidente sube al poder en tu país, no puedo evitar pensar que romperá lazos conmigo para que reconozcas a mi hermano... Lo siento.—el tono levemente triste de la taiwanesa era evidente.

—Taiwán, eso jamás pasaría, somos amigos y nada cambiaría eso, ni siquiera unos papeles fabricados con hilo de oro que dijeran lo contrario. Siempre serás mi mejor amiga, ¿está bien?.

Taiwán soltó un risilla.

—Debes estar cansado de mí... ¿no?. Estoy siendo paranoica de nuevo...

—Jamás me cansaría de tí y lo sabes, hemos sido amigos desde hace décadas. Yo te acepto y aprecio tal y como eres.

La asiática sonrió levemente.

—Gracias, Pary...

—Descansa, Tai. Te lo mereces. Y no pienses mucho, ¿ok?.

—Bien, hablamos pronto.

—Buenas noches.

Oyó el pitido que daba por finalizada la llamada, bajó su celular a un costado suyo sobre la mesa del comedor, y observó su desayuno frente a él.

Un mbeju mestizo junto con una taza llena de cocido quemado, sin dudas una debilidad del pelirrojo.

Procedió a dar sorbos al líquido y mordiscos al mbeju. Luego de unos minutos, sintió una presencia no muy lejos de él.

—Provecho.

Era el guardia, quien había regresado del Palacio de Gobierno.

Paraguay alzó la vista hacia él y le dedicó una sonrisa amable, pero forzada, siendo notada por el guardia. 

—Gracias, ¿qué tal te fue?, ¿cómo van las cosas por allá?.—preguntó, levantándose de la mesa.

—Normal, los preparativos comenzarán hoy por la tarde, y la celebración será el miércoles a primera hora, dentro de una semana.

—Me parece bien.—apoyó su espalda contra la pared, soltando un suspiro ligero, mirando hacia el suelo.

El guardia notó su mirada, y se sintió preocupado.

—¿Se encuentra bien?.

—¿Qué sabes sobre el ganador de las elecciones?.—alzó rápidamente la vista hacia él, ignorando su pregunta.

—Bueno... sé lo básico, su partido político, dice que apoya la democracia...

Paraguay al oír aquello susurró bajito; "Sí, claro, como todos".

—... Tiene un muy buen currículum y experiencia laboral.

—¿Sabes si está en contra de la idea de que yo reconozca a Taiwán?.

—Mmmm... sí, unos entrevistadores le han hecho preguntas sobre ese tema, y él respondió firmemente que los lazos con Taiwán se mantendrán durante su mandato.

El pelirrojo mostró un gesto de alivio y sonrió levemente.

—Menos mal...

—¿Por qué la pregunta?. ¿Le preocupa algo?.

—No, no, descuida, solo quería estar seguro.

El humano asintió comprensivamente.
Había notado que el sudamericano estaba un poco decaído, pero decidió no meterse y dejarlo tranquilo.

Paraguay caminó hacia las escaleras para bajar a la sala. Siendo interrumpido por la voz del contrario.

—¿Tiene algo planeado para hoy, Paraguay?.

Éste contestó sin dar la vuelta a mirarlo.

—Solo quiero relajarme, me espera mucho papeleo la próxima semana.—bajó las escaleras y fue hacia la sala para tomar asiento en el sofá.

No quería hacer nada, era esa clase de día en la que su batería emocional estaba más baja de lo normal.

Se relajó todo el día, aprovechando que no tenía preocupaciones atormentándolo.

Lástima que esa agradable sensación no duraría mucho.

𝙋𝙤𝙥𝙪𝙡𝙖𝙧 ¿𝙔𝙤?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora