Tres días habían transcurrido con suma rapidez, como siempre. Nos ubicamos ahora en el edificio general de ONU, en Estados Unidos, Nueva York.
— ¿Quién es?.
La voz ronca de ONU se escuchaba desde el otro lado de la puerta, alzando la vista hasta ésta desde su escritorio.
— Alguien quiere hablar con usted, señor. Dice que es urgente.— habló uno de los dos guardaespaldas de ONU desde fuera de la oficina.
La organización acomodó su traje y su postura en la silla dónde estaba sentado.
— Adelante.
Dicho esto, la puerta se abrió lentamente. ONU abrió los ojos con sorpresa y confusión al ver a sus dos guardaespaldas acompañando a un país que jamás creía que volvería a ver.
Éste hizo contacto visual con la organización mientras daba pasos decididos hacia él.
Nadie dijo nada por unos segundos, había un silencio incómodo, hasta que el peliblanco rompió el hielo.
— ¿Taiwán?.—habló, con tono curioso, observándola sobre sus elegantes lentes.
(...)
— ¡No puedo creerlo!.—gritó el gigante de Asia, frustrado, se había enterado por teléfono que Taiwán se había escapado.
Rusia lo observaba con los brazos cruzados desde los pies de la escalera del avión, hoy era el día en el que regresaría a su país. Ya estaban en el aeropuerto, al parecer, Taiwán aprovechó que China acompañaría a Rusia hasta aquel lugar, para así, escapar.
Los guardias personales de China se habían enterado de manera rápida, debido a que Taiwán no tuvo tanto cuidado está vez como cuando visitó a Paraguay a escondidas aquella vez.
—¡Rusia! ¡Sube de una vez!.—gritó el acompañante personal del ruso desde la puerta del avión, todos los demás rusos ya estaban a bordo mientras esperaban al país.
El nombrado no respondió, aún mirando en dirección a China, quién soltó un suspiro lleno de ira y se acercó al ruso, actuando como si nada para despedirse.
—Buen viaje, Rusia.—alzó la mano para estrecharla con la del ruso, y éste correspondió.
—Gracias.—soltó su mano— Piensa en lo que te dije hace un momento, China.—Si Taiwán escapó, ¿A donde iría?.—sonrió con malicia— Luego me agradeces.
El chino frunció el ceño, observando a el ruso subir las escaleras hacia la puerta del avión. No le gustaba que alguien le diera un consejo cuando el sabía perfectamente qué hacer.
Se alejó, junto con sus guardias. Observaban desde el aeropuerto al avión volando lejos por el cielo hasta desaparecer.
—Señor, ¿Desea ir algún lado?.—preguntó uno de los guardias al asiático.
China pensó unos segundos, no quería hacerle caso a Rusia, pero esta vez parecía tener sentido.
—De hecho, sí.—respondió con naturalidad.
—¿Dónde, señor?.
—A Paraguay.
(...)
Volviendo a Latinoamérica, El gobierno de Paraguay ya había olvidado el asunto de las importaciones taiwanesas perdidas. Resultaba una gran pérdida, pero como no se descubría nada, le restaron importancia.
El corazón de sudamérica no estaba del todo de acuerdo con aquella decisión, quería hallar la verdad, para así, volver a hablar con Taiwán. Pensaba que estaría muy enojada con él como para hablar de nuevo.
Esto lo desanimaba un poco, pero no podía hacer nada.
—Paraguay, encontré tu celular.—se lo entregó al país pelirrojo, quién lo recibió con una sonrisa.
—¡Gracias, Marco!.
—Ni me lo agradezcas. Estuvo sonando en la sala mientras usted estaba aquí en el comedor.
—Oh, lo había olvidado ahí... ¿Y quién me llamaba?.
—Me fijé levemente y ví que era Australia.
El paraguayo alzó las cejas en señal de sorpresa y confusión.
—¿Australia?.
El guardia asintió varias veces.
—¿Desde cuándo Australia me llama por teléfono?.
El contrario se encogió de hombros.
—No lo sé, pero sería bueno saber.—dijo el humano, alejándose hacia el patio trasero, dejando al país solo.
Éste desbloqueó su celular y encontró dos llamadas perdidas del australiano, le pareció raro. No hace mucho se habían visto por última vez. Tal vez solo quería saludarlo o algo así.
Con este pensamiento, el americano marcó su número, y Australia no tardó ni siete segundos en contestar.
—¡Paraguay! Hola, ¿que tal?.—saludó con tono amigable.
—Ejem... Bien, todo bien... ¿Que estás haciendo?.—se golpeó el rostro con una palma, estaba nervioso.
—Acabo de terminar de revisar unas encuestas.—respondió neutral, acomodándose en su silla.
—¿Por qué me llamaste?. No quiero sonar grosero, pero me llama la atención.
El peliazul soltó una leve risa al notar el tono nervioso del guaraní.
—La verdad es que me enteré de lo que pasó hace poco y...—iba a seguir, pero el paraguayo lo interrumpió.
—¿Leíste las noticias de mi país? No sabía que te interesaban.—sonrió con los labios.
Australia rió nerviosamente, Paraguay lo atrapó.
—Bueno... Qué te puedo decir, me preocupas, Pary.
—He leído que unas importaciones de Taiwán desaparecieron, y que eran para tí.
—Sí, hasta ahora no sabemos qué pasó, y creo que jamás lo sabremos. Mi gobierno ya dejó el caso a un lado.
—Entiendo, pero, si surge algo, puedes contactarme y con gusto te ayudaré, lo sabes.
—Muchas gracias, de verdad no sé cómo agradecerte.
—Nada de agradecimientos, países amables como tú merecen amabilidad también.
Paraguay soltó una risilla, sintiéndose mejor de hablar con alguien y sentirse acompañado.
—Tendré en cuenta tus palabras, gracias de nuevo.
—Por nada, hablamos en otro momento, Pary.
—Suerte, adiós.—colgó la llamada, con una expresión conmovida y alegre.
(...)
China llegó a la recepción del aeropuerto junto con dos de sus guardias.
—¿Hay algún vuelo directo a Paraguay?.
La chica encargada buscó en la computadora algún vuelo directo a Paraguay.
—Lo lamento, Señor China, pero usted no posee vuelos directos con Paraguay ya que no son socios.
El asiático frunció el ceño, soltando un gruñido de decepción.
—¿Y cómo puedo llegar allá?. ¿Qué otros vuelos tienen?.
—Enseguida le informo, deme un segundo.—contestó una llamada.
China se alejó y se sentó en una silla en la sala de espera del aeropuerto, seguidamente sus dos guardias que lo acompañaban.
Estaba tenso y furioso, pero lo ocultaba.
Debía llegar a Paraguay lo antes posible.
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𝙋𝙤𝙥𝙪𝙡𝙖𝙧 ¿𝙔𝙤?
FanfictionDonde la fama y el dinero crecen, los conflictos y desgracias nacen. Quién hubiera dicho que una inocente amistad entre dos países sería una de las causantes.
