𝐒|| "No importa cuantos años han pasado, sigo sin poder olvidarte Mily"
「Donde Emily y Lando tenían la relación perfecta, pero luego de tres años ella desaparece sin dejar nada más que una carta」
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「Donde Emily dejo a Lando para que pudiera cumpli...
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🗓️ May, 2019 📍Madrid, Spain 👤 Emily pov;
Habían pasado siete meses desde que me enteré de que estaba embarazada. Al principio no sabía qué iba a hacer, pues un bebé distraería demasiado a Lando, y abortarlo no era una opción. Al final, fue mi madre quien me dio la solución: irnos de Bristol.
Al principio me negué, pero era la única opción que tenía, así que, siete días después, estábamos partiendo a Madrid. Estaba dejando la vida que había empezado a construir con el amor de mi vida por salvar su carrera.
No había tenido la fuerza suficiente para despedirme en persona, así que no dejé más que una carta diciéndole lo mucho que lo amaba y lo que me costaba dejarlo.
Contarle a mi padre y a mis hermanos fue más difícil de lo que pensé. Al contarle a mi padre, este simplemente abandonó la sala sin decir nada. En el caso de mis hermanos, ellos solo se quedaron en silencio por varios minutos, para luego decir que me apoyaban.
A mi padre le tomó dos días volver a hablarme, y cuando lo hizo, me abrazó llorando mientras decía que no podía creer que iba a ser abuelo. En ese momento supe que me apoyaba, y no pude sentirme más que aliviada.
El embarazo, al principio, fue un desastre. Estaba más sensible que nunca: por todo lloraba o me enojaba fácilmente, lo que comía lo vomitaba, tenía innumerables antojos... y, por favor, no hablemos de los mareos. Con el pasar de los meses, todo fue desapareciendo, menos los antojos y lo sensible que estaba.
Sentir a mi bebé moverse por primera vez fue maravilloso, y cuando supe que era una niña, fui la mujer más feliz del mundo. Pero, a la vez, lloré en silencio al no tener a Lando conmigo.
En esos momentos me encontraba con mis padres y hermanos en el patio trasero de nuestra casa. Mi padre había planeado una noche de fogata como las que hacíamos antes de mudarnos a Inglaterra.
—Marcus, pásame un malvavisco, por favor —pidió mi hermano mayor al más pequeño de nosotros, quien asintió en respuesta.
—¿Saben? Se me antoja una barra de chocolate —dije mientras miraba a la nada. Mis padres y hermanos se miraron entre sí para luego negar levemente, riendo.
—Yo voy —respondió Marcus, levantándose de su lugar, pero yo tomé su mano para detenerlo.
—Mejor ayúdame a levantarme. Yo lo buscaré y aprovecharé para ir al baño —pedí, haciendo una mueca ante un leve dolor que sentí de repente.
Marcus me ayudó a levantarme, pero en el momento en que lo hizo, algo se deslizó por mis piernas.
—Mmm... mamá, papá... creo que acabo de romper fuente —avisé, llevando mi mano a mi vientre, volviendo a sentir el dolor.
—¿¡QUÉ!? ¿¡AHORA!? —gritó mi padre, que parecía a punto de desmayarse.
William, mi hermano mayor, me sostuvo y ayudó a caminar hacia el auto, mientras Marcus corría a mi habitación a buscar mi bolsa y la de la bebé. Mi madre, por otro lado, le gritaba a mi padre que reaccionara y encendiera el auto, cosa que hizo poco después. Una vez todos en el auto, tomamos rumbo al hospital.
—Duele, mamá... —sollocé mientras inhalaba y exhalaba, tal y como había practicado con mi madre semanas atrás.
—Tranquila, mi cielo, ya casi llegamos —respondió, volteando a verme.
Al llegar, mi madre se bajó primero del auto para pedir ayuda, mientras mis hermanos me ayudaban a bajar para que mi padre pudiera estacionar.
Cuando me atendieron, tenía dos centímetros de dilatación. Al parecer, había empezado a tener contracciones, y al ser primeriza, no me había dado cuenta. Aún faltaban ocho centímetros para que entrara en labor de parto, por lo que me llevaron a una habitación en la que estaría hasta ese momento.
Las contracciones eran extremadamente dolorosas. Habían tenido que darme medicamentos para soportar un poco el dolor. Mis hermanos estaban sentados en unas sillas a los lados de la camilla, mientras mis padres estaban en un sofá frente a esta.
—Deberías levantarte a caminar un poco, eso ayuda mucho —comentó mi madre de manera suave.
Yo asentí, y mis hermanos me ayudaron a levantarme y a caminar por la habitación mientras me hablaban de distintas cosas para mantenerme distraída.
A pesar del esfuerzo de mis hermanos por distraerme, aún seguía pensando en lo mucho que necesitaba a Lando en esos momentos. Si bien me había ido para que pudiera cumplir sus sueños, no dejaba de pensar en lo que podría haber pasado si le contaba todo. Tal vez él habría estado a mi lado en las primeras ecografías, en las primeras patadas... y ahora que nuestra bebé estaba por nacer.
Cuando inició la temporada, vi cada carrera. Había descubierto que el sonido de los monoplazas calmaba a mi pequeña cuando estaba inquieta. Al parecer, también sería fanática de los autos, como su padre.
Cuando llegó el momento, me llevaron a la sala de parto, donde estuve dos horas seguidas en las que no se escuchaban más que mis gritos y las palabras de aliento de la doctora que me atendía, y las de mi madre.
A las 6:04 a.m. del 14 de mayo de 2019, escuché por primera vez el llanto de mi bebé. Fue la hora en la que nació.
Una de las enfermeras se la dio a mi madre para que la sostuviera, y esta se acercó a mí con ella en brazos para dármela.
—Bienvenida al mundo, mi pequeña Sarah —susurré, dejando un beso en su pequeña cabeza.
—Es hermosa, hija. Se parece mucho a su padre —murmuró mi madre, acariciando mi cabello—. Lo hiciste muy bien, mi cielo. Felicidades.
—No lo habría podido hacer sin ti. Gracias, mamá —agradecí, recostando mi cabeza en su hombro unos segundos.
Pocos minutos después, una enfermera se llevó a mi pequeña para asearla y hacerle unas cuantas pruebas, para verificar que todo estuviera bien.
A mí me llevaron a la habitación que se me había asignado cuando llegué al hospital. Allí me esperaban mi padre y mis hermanos, quienes al verme se acercaron rápidamente.
—¿Cómo estás? —me preguntó William, dejando un beso en mi frente.
—Agotada, pero muy feliz. A mi pequeña la traen en unos minutos —respondí con una sonrisa.
Marcus y mi padre se acercaron a felicitarme, contándome lo nerviosos que habían estado todos durante el parto.
Poco después trajeron a mi pequeña. El primero en verla fue mi padre, quien lloró a mares al verla. Luego se acercó William, quien no hizo más que mirarla con adoración y murmurar lo hermosa que era. Marcus, por su parte, se quejó de lo mucho que se parecía a su padre y, aunque intentó ocultarlo, pude notar las lágrimas que se formaron en sus ojos al verla.
Sarah, definitivamente, iba a ser una niña muy amada por su familia.
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Author Note; Ya nació la pequeña Sarah!!!
Les cuento que tuvo que investigar mucho para este capítulo, pues lo quería lo más realista posible.