𝐒|| "No importa cuantos años han pasado, sigo sin poder olvidarte Mily"
「Donde Emily y Lando tenían la relación perfecta, pero luego de tres años ella desaparece sin dejar nada más que una carta」
O
「Donde Emily dejo a Lando para que pudiera cumpli...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
🗓️ Marzo de 2023. 📍 Manama, Bahrain. 👤 Lando pov;
Al escuchar mi alarma sonar, me desperté exaltado y miré a mi alrededor, notando que no estaba en la cama, sino en el sofá, sobre un montón de toallas.
No recordaba el momento exacto en que me trasladé del baño al sofá, pero sí recordaba el beso en la frente que me dieron mis hermanas antes de escuchar la puerta de la habitación cerrarse.
Mi alarma volvió a sonar, por lo que me levanté del sofá estirándome, caminé hacia ella para apagarla y luego me dirigí al baño.
Al entrar, lo primero que hice fue mirarme en el espejo, asombrado por mi reflejo. Mi rostro estaba pálido, mis ojos tenían unas horribles ojeras debajo de ellos y estaban hinchados por lo mucho que lloré. El golpe en mi pómulo derecho ya no se veía tan mal como ayer, mi nariz estaba roja, al igual que mis mejillas, y mi cabello estaba completamente despeinado. Me veía horrible.
Me desvestí y entré a la ducha, encendiendo el agua fría de la regadera para poder despertarme bien.
Salí y busqué entre mis maletas un jean y mi típico suéter de McLaren. Me los puse, luego me coloqué unas zapatillas negras, mi gorra y tomé mi mochila para bajar al restaurante del hotel.
Entré buscando con la mirada a mi familia, pero lo que me encontré primero hizo que mi corazón se encogiera.
En una de las mesas apartadas estaban Carlos, Emily y mi hija. Desayunaban entre risas; se les veía muy felices y sentí celos. Deseaba estar en el lugar de Carlos.
Aparté la mirada, encontrándome con la de mi madre, que me miraba seria. Había notado todo.
Suspiré y me acerqué a la mesa donde estaba mi familia.
—Buenos días —murmuré sentándome al lado de Flo.
—Buenos días —respondieron todos de diferentes maneras. Mis hermanos y mi cuñada me sonreían, en cambio, mi padre estaba serio y mi madre ni siquiera me miraba.
—Ya no se te nota tanto el golpe —se burló Oliver antes de llevar su vaso de jugo a los labios—. Sigo sin entender cómo carajos te golpeaste con esa puerta.
Sí, esa fue la excusa que le di a mi familia. Claro que mis padres ya sabían la verdad, pero aún no había hablado con mis hermanos.
—No me golpeé con una puerta —suspiré, mirando hacia la mesa donde ahora solo estaba Carlos—. Carlos me golpeó.
Mi confesión los sorprendió. Mi hermano miró al español e intentó levantarse de su lugar, siendo detenido por mi madre.
—Se lo merecía —dijo esta, mirándome fríamente.
—¿Por qué? ¿Qué hiciste? —preguntó Cisca, mi hermana, frunciendo el ceño.
—¿Ya terminaron de desayunar? —pregunté sin mirarlos—. No es algo de lo que pueda hablar aquí.