𝐒|| "No importa cuantos años han pasado, sigo sin poder olvidarte Mily"
「Donde Emily y Lando tenían la relación perfecta, pero luego de tres años ella desaparece sin dejar nada más que una carta」
O
「Donde Emily dejo a Lando para que pudiera cumpli...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
🗓️ March, 2023. 📍 Manama, Bahrain. 👤 Emily pov;
—Carlos, pásame ese vestido, por favor —pedí mientras terminaba de doblar algunas prendas de Sarah para acomodarlas en la maleta.
Él me pasó el vestido distraídamente y volvió a fijarse en mi hija.
Por la noche, Sarah y yo partiríamos solas a Madrid, ya que Carlos no regresaría a España. Por eso, él había pasado toda la mañana con nosotras y no quería despegarse de mi hija.
—¿De verdad no me pueden acompañar a la próxima carrera? —preguntó haciendo un puchero.
—No, Carletes, nos encantaría, pero tengo demasiado trabajo, y se acercan algunas competencias, así que debo organizar muchas cosas —respondí con una mueca.
Terminé de alistar la maleta y me acerqué a ellos, sentándome al lado de Carlos. Estaban viendo Cars.
—¿Cómo es que no se han cansado de esta película? —pregunté, un poco estresada.
Ya me sabía cada diálogo de las tres películas por la cantidad de veces que Sarah me había hecho verlas.
—¿Y cómo es que no te cansas de ver Teen Wolf? —respondió Carlos con otra pregunta.
—Buen punto.
Vimos la película en silencio y reímos cada vez que Sarah se quejaba por alguna escena. Cuando la película iba más o menos por la mitad, tocaron la puerta de la habitación.
—Voy yo —avisó Carlos, dejándome a Sarah en el regazo.
Abracé a mi pequeña y acaricié su cabello distraídamente sin dejar de mirar la televisión.
Pasaron aproximadamente diez minutos y me pareció extraño que Carlos no hubiera regresado, así que dejé a Sarah en el sofá y me levanté para acercarme a la puerta.
—¿Quién es? —pregunté detrás del piloto de Ferrari.
Él estaba casi fuera de la habitación y solo tenía un pequeño espacio de la puerta abierta. Al escucharme, volteó a verme, serio.
—Norris —respondió secamente—. Quiere ver a Sarah.
—Déjalo pasar, Carlos —ordené, a lo que él respondió con un bufido.
Abrió la puerta y dejó entrar a Lando, quien lo hizo con una mueca de incomodidad en el rostro.
Me saludó con un pequeño beso en la mejilla y siguió el mismo camino que había hecho Carlos por el pasillo para ir a ver a nuestra hija.
Sabía que esos dos no habían solucionado nada, así que aprovecharía la hora de la siesta de Sarah para obligarlos a hablar como los adultos que son.