12. Gravity

191 13 0
                                        




Domingo, 26 de julio de 2017

Los Ángeles, California. 6:50 a.m.

El teléfono no paraba de sonar, y yo, medio dormida, trataba de encontrarlo en medio de la oscuridad. "¿Quién demonios está llamando a estas horas?", pensé, mientras tanteaba con la mano hasta dar con él. Finalmente, lo encontré y, casi por instinto, contesté. Al otro lado, una voz agitada me sacó de mi letargo.

—¿Hola? —dije, aún con voz de sueño.

—¡Kat, Kat! —era Lucky, y sonaba fuera de sí—. ¡Ya!

—¿Ya qué? —pregunté, mientras intentaba despertar por completo y entender lo que estaba diciendo.

—¡Ya! —repitió, con palabras entrecortadas—. Estamos en el hospital, Kat.

—¿Qué pasa, Lucky? —insistí, ahora preocupada.

—Voy a ser papá —dijo finalmente, con la voz temblorosa de emoción.

En un segundo, salté de la cama y comencé a buscar ropa a toda prisa, con el teléfono todavía pegado a mi oído.

—¡Voy para allá! —respondí mientras me ponía lo primero que encontré.

Colgué el teléfono y terminé de vestirme sin dejar de correr por el pasillo. En medio de la carrera, toqué las puertas de las habitaciones de mis hermanas.

—¡Necesito que me lleven al hospital! ¡La bebé de Lucky ya va a nacer! —grité con urgencia.

Kendall, con los ojos aún cerrados, hizo una mueca de enfado desde su cama. Kylie, por otro lado, ya estaba comenzando a levantarse lo que me sorprendía en absoluto.

—Kate, tienes auto —gruñó Kendall, sin abrir del todo los ojos—. Podrías llegar sola a cualquier lugar y a cualquier hora sin necesidad de levantarme de la maldita cama un domingo a las seis de la mañana.

—No quiero ir sola, además no sé cómo llegar al hospital y...

—Existe el GPS, Kathrina —respondió, molesta, volviéndose en la cama.

—Yo te llevo —dijo Kylie, frotándose los ojos.

La miré, sorprendida. Kylie no era precisamente conocida por hacer favores desinteresados.

—Quiero saludar a Lucky también —continuó—. Solo me bañaré y vamos.

—Diviértanse —masculló Kendall, dándose la vuelta y cerrando su puerta de un portazo.

Esperé unos veinte minutos a que Kylie estuviera lista, y luego nos dirigimos al hospital. No sin antes pasar por una tienda para comprar algunos regalos para la bebé. Nos tomó media hora llegar, y, como era de esperar, el hospital estaba rodeado de paparazzi. Los flashes eran casi cegadores mientras nos abríamos paso entre la multitud.

—¡Hola! —dije al llegar, un poco abrumada por la atención.

—¡Kat! —Lucky corrió a abrazarme, su emoción era palpable—. ¡Ya nació! ¡Hola, Kylie!

—¡Lucky! —saludó mi hermana, abrazando a mi amigo—. ¡Felicidades!

—Muchas gracias —respondió él, con una sonrisa que iluminaba su rostro.

—¿Dónde está la bebé? —pregunté, ansiosa por conocerla.

—Está en los cuneros. Stormy aún está dormida. ¿Quieren ir a verla?

—¡Claro! —exclamó Kylie, con su típica fascinación por los bebés.

—Vamos —dijo Lucky, guiándonos por el hospital.

La última JennerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora