46. El almuerzo

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Desperté con la luz cálida del sol filtrándose por las cortinas y el sonido lejano de alguien moviéndose por la casa. Sentí el brazo de Timmy rodeándome con suavidad, su respiración tranquila pegada a mi cuello. Me giré lentamente para mirarlo. Dormía aún, con el cabello revuelto y una expresión serena. Parecía un niño.

—Despierta, dormilón —susurré, rozando su nariz con la mía.

—¿Mmm...? —murmuró, abriendo los ojos con lentitud—. Buenos días, Izzy.

Sonreí.
—Tenemos desayuno familiar con mamá. Eso suena más temible que cualquier premier de película, ¿no?

—Mucho peor —respondió con una risa adormilada.

Nos arreglamos rápido y bajamos de la mano. El comedor estaba tranquilo. Solo mamá, con su impecable bata de seda, hojeaba unos papeles mientras una taza de café humeaba frente a ella.

—Buenos días, chicos —dijo sin levantar la vista, aunque su tono era cálido. Luego miró a Timothée con una ligera sonrisa—. ¿Dormiste bien?

—Muy bien, gracias, Kris —respondió él con amabilidad.

—Bien. Aprovechen este momento de paz —dijo mamá mientras tomaba un sorbo de su café—. Las chicas vienen al almuerzo. Y eso, créanme, no será tan... silencioso.

Nos reímos, sabiendo exactamente lo que eso significaba.

El desayuno fue relajado: fruta fresca, tostadas con aguacate, jugo de naranja recién exprimido. Hablamos de cosas livianas: películas, viajes, las flores del jardín. Mamá parecía de buen humor, aunque no perdía de vista a Timothée con ese radar maternal que usaba cuando estaba evaluando a alguien sin admitirlo.

—¿Timothée, sabes que cuando Kate tenía seis años intentó "fugarse" de la casa porque no la dejé pintarse las uñas?

—¡Mamá! —exclamé con la boca llena de tostada, riéndome—. ¿En serio vas a contar eso?

Timothée se quedó boquiabierto, conteniendo una risa.
—Por favor, continúa.

Mamá se acomodó en la silla, encantada.
—Fue un drama. Estaba obsesionada con un esmalte rojo brillante que había visto en mi tocador. Le dije que no, que era muy pequeña, que tal vez para una ocasión especial. Se fue molesta a su cuarto y a los diez minutos, escucho que se cierra la puerta de entrada. Cuando salgo, la encuentro en la acera con una mini mochila rosa, su osito de peluche... y dos manzanas.

—¡Iba preparada para sobrevivir! —dije levantando las manos, resignada.

—Sí, claro —rió mamá—. Su plan era vivir en el parque "hasta que alguien la dejara ser libre". Cuando la traje de vuelta, me dijo con total seriedad que iba a conseguir una casa donde "las reglas no existieran".

Timothée soltó una carcajada, llevándose una mano al pecho.
—Oh no, esto es demasiado bueno. ¡Una rebelde desde los seis años!

—Desde antes, pero esa fue su primera fuga oficial —dijo mamá, levantando su taza como si brindara por ese recuerdo.

Yo solo negaba con la cabeza, riéndome.
—No entiendo por qué me siguen invitando a estos desayunos si me van a exponer así.

Timmy me miró con una sonrisa suave y cómplice.
—Sinceramente, me parece muy valiente. No cualquiera se va de casa con manzanas y un peluche por una causa tan noble como el esmalte de uñas.

—Gracias. Eso necesitaba oír —bromeé.

Mamá parecía relajada, contenta con lo bien que fluía la conversación. Era una forma silenciosa de dar su aprobación.

La última JennerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora