52. After party

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El telón había caído.
Las luces se habían apagado y el ruido comenzaba a disiparse. Modelos corrían a camerinos, productoras daban órdenes por auriculares y el maquillaje comenzaba a correrse entre sonrisas y lágrimas de emoción.

Yo estaba de pie, aún con las alas puestas, entre abrazos, elogios y retazos de música que salían de las bocinas. El cuerpo me temblaba, pero no por nervios: por la adrenalina de haberlo hecho.

Y entonces, entre el caos, lo vi.

Timothée.

Cruzaba el pasillo del backstage acompañado por un asistente con gafete VIP, detrás de él venía Lucky.
—Izzy. —dijo, Timothée apenas viéndome.

Corrí.
Sin pensar, sin dudar, sin importar las cámaras o los flashes que aún parpadeaban. Lo abracé con tanta fuerza que sentí sus latidos en mi pecho.

—Lo lograste. —susurró él—. Fuiste... fuiste todo.

—Pensé que no llegarías —dije contra su cuello, tragando lágrimas que no quería soltar—. Pensé que no te vería.

—Y me lo hubiera perdido por nada del mundo —dijo, tomándome el rostro con ambas manos.
—Awww —escuché decir a Bella detrás de mí.

Timothée soltó una pequeña risa, sin dejar de verme. Sentí su pulgar pasar por mi mejilla.

Nuestros labios se encontraron entre alas, cortinas y caos. No fue un beso preparado, ni cinematográfico. Fue real. Urgente. Tierno. Como si todo lo que habíamos guardado estos meses se hubiera soltado en ese instante.

—Son tan tiernos —dijo Gigi con una sonrisa.

Al girar, nos dimos cuenta de que todas estaban mirando... y algunas hasta tomando fotos. Jasmine tenía su celular alzado, Candice sonreía como una tía orgullosa, y Bella nos hacía un corazón con las manos desde detrás de un perchero lleno de corsets y plumas.

—¡¿Estaban grabando?! —dije, medio riendo, medio escondiéndome detrás de Timothée.

—Dejen a los tórtolos en paz —dijo Lucky, riéndose mientras sacaba su celular y lo alzaba como si fuera una ceremonia sagrada—. Pero también... ¿pueden repetirlo? Fue oro.

—Demasiado tarde, cariño —canturreó Kendall mientras se acercaba con una mirada traviesa—. Este momento ya es historia. Hola, Timothée.

—Hola, Kendall —respondió él, algo sonrojado, pero con una sonrisa que no podía disimular.

—¿Ustedes se dan cuenta de lo ridículamente bonitos que son juntos? —intervino Gigi, cruzada de brazos, como si juzgara una obra de arte.

—Lo peor es que ni lo intentan —añadió Bella—. Simplemente pasa. Es molesto y adorable al mismo tiempo.

—Kate, cambio de vestuario para la after party en veinte minutos —interrumpió una asistente detrás de mí, sin aliento y con un headset torcido—. ¡Y maquillaje necesita retocarte ya!

—Ya voy —dije con una sonrisa, aunque por dentro solo quería seguir ahí, aferrada a ese momento.

Timothée me miró con esa expresión que me hacía olvidar que el mundo seguía girando.

—¿Tienes que irte ya? —preguntó, como si intentara detener el reloj con la mirada.

—Cinco minutos más —susurré.

—Ve —susurró Timothée—. Yo te espero.

Una hora después iba en una camioneta con Timmy y con Lucky hacia el after party. Yo había cambiado el corset dorado por un vestido largo verde esmeralda strapless. Llevaba el cabello suelto, ligeramente ondulado, y maquillaje suave.

La última JennerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora