Jamás me había detenido a pensar lo maravillosa que ha sido mi vida, todo lo que he logrado, los lugares que he conocido, a las personas que he conocido, todo esto es gratificante
Esta es mi historia
Mi habitación estaba hecha un desastre. Zapatos por todos lados, ropa interior bordada en cajas con etiquetas doradas. Kendall entró sin tocar, como siempre.
—¿Ya decidiste qué playlist vas a llevar en el avión? —me preguntó, sentándose en mi cama como si no estuviera a punto de volar a la otra mitad del planeta.
—No sé ni qué zapatos voy a llevar, ¿crees que he pensado en música?
Ella se rió, y me lanzó una mirada que solo las hermanas saben dar: mezcla de apoyo y burla.
—Vas a estar bien. Te lo juro. Solo no te olvides de disfrutarlo. —Cuando decida lo de los zapatos y la playlist, me relajaré.
Kendall estiró las piernas, cruzándolas sobre la colcha como si no tuviéramos que estar en el aeropuerto en menos de seis horas.
—¿Y tú estás lista? —le pregunté—. Es tu tercer show, ¿no?
—Sí. Pero no se vuelve más fácil. Solo aprendes a no mostrar los nervios.
Suspiré y me dejé caer de espaldas en la cama.
—¿Crees que él venga? —pregunté, bajito, sin mirarla.
Kendall no necesitó que dijera su nombre.
—Timothée dijo que sí, ¿no?
—Dijo que haría todo lo posible. Tiene un casting en Nueva York. No es tan fácil.
—Kate... —Kendall se inclinó para mirarme—. Si alguien va a cruzar medio mundo por verte, es él. Confía. Suspire cerrando los ojos, sintiendo la cabeza pesada. —Usa esos tenis Alexander McQueen y tu playlist de los 80's —dijo Kendall saliendo de mi habitación, sin darme opción de protestar.
Sonreí sola, mirando el par de tenis blancos, elegantes, cómodos, discretos y perfectos. Tomé mi teléfono y descargué mi playlist de los 80's. —El jet sale a las seis —dijo mi mamá entrando a mi habitación—. Tus vestidos ya están en Shanghái, y Kim confirmó que iría al show. Ya mandó su vestido para el after party. Vintage Galliano, por cierto. No quiere repetir look como el año pasado.
Me quedé mirándola desde el suelo, sentada entre maletas abiertas y prendas con etiquetas que todavía colgaban como recordatorio de lo surrealista que era todo esto.
—¿Está nerviosa por el after party o por el desfile?
—¿Kim? Siempre por el after party —respondió Kris, dándome una sonrisa rápida mientras revisaba algo en su teléfono—. Pero yo... estoy emocionada por ti. Y no es porque seas mi hija. Es porque sé que vas a hacer historia.
Tragué saliva. Por más que me esforzara en mantener la calma, escuchar esas palabras de ella era como recibir una carga directa de presión en el pecho... pero también un empujón de confianza. De los que solo una mamá como Kris Jenner sabe dar.
—¿Ya empacaste tu maquillaje? —preguntó mientras caminaba hacia la puerta.
—Sí. Y los zapatos. Y la playlist. Y mi ansiedad también —dije en tono de broma.
Mamá rió sin voltear.
—Bienvenida al mundo, ángel.
Y salió.
A las seis de la tarde el avión estaba desesperado a Shanghai, viajamos todas juntas: Kendall, Gigi, Bella y yo. Gigi repasaba el orden de los segmentos del desfile como si estudiara para un examen. Bella dormía envuelta en una manta de cashmere. Yo estaba pegada a la ventanilla, viendo cómo el cielo pasaba de dorado a morado sobre las nubes.
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