9. Vida Normal

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–Kate, Kate –gritaron desde las escaleras de arriba, haciendo que girara con brusquedad y, por accidente, golpeara a varios chicos que pasaban cerca.

–Oh, hola Micke –saludé a mi amigo con una sonrisa.

–Lo siento, creo que fui muy escandaloso –se disculpó Micke, visiblemente avergonzado.

–No te preocupes –le respondí con amabilidad.

Micke era un chico muy alto, delgado y con unos lentes que le daban un aire de intelectual. Una vez, una chica lo comparó con Leonard de la serie The Big Bang Theory. Lo conocí en el primer semestre de la universidad después de una fiesta, cuando estaba un poco ebrio y, por alguna razón, mi dormitorio parecía ser el suyo. Desde entonces, nos hicimos amigos. Micke me había confesado que le gustaba, pero nunca pasó nada porque para mí solo era un buen amigo.

–¿Qué tal las vacaciones? –preguntó Micke, mientras se acomodaba sus lentes.

–Perseguida por una cámara –le dije, refiriéndome a la serie KUWTK.

–Creo que fue una pregunta boba –dijo él con una risa nerviosa.

–No, no lo fue –aclaré–. ¿Qué tal tus vacaciones?

–Con dramas familiares, pero nada comparado con los tuyos –respondió Micke, con una sonrisa comprensiva–. Y ahora, ¿a dónde vas?

–Voy al periódico. Dominik nos dejó a Elle y a mí una sección para cubrir.

–¿Cómo puedes hacer todo eso? –me miró con admiración–. Actúas, cantas, practicas gimnasia, estudias y además estás en el periódico. Eres la viva imagen de la chica multitareas.

–Multitareas –repetí, riendo suavemente.

Los dos suspiramos al mismo tiempo y, después de un momento, Micke miró su reloj con los ojos muy abiertos.

–Se me hace tarde, pero oye, si algún día quieres salir de esta realidad y tomar un café o un helado, lo que prefieras, avísame –dijo, mientras se dirigía hacia la puerta.

–Lo haré –respondí, sonriendo.

–Llamame –añadió antes de salir corriendo por el pasillo.

Me dirigí a la sala de redacción y, como era de esperarse, Elle ya estaba allí, en medio de una acalorada discusión con Dominik. Dominik era el actual jefe de la gaceta de la universidad, un año mayor que nosotras, alto, delgado, rubio con ojos verdes. Siempre estaba bromeando con Elle y yo, especialmente cuando se trataba de los artículos que escribíamos. Me gustaba burlarme de ellos con frases como "recuerden que del odio al amor, solo hay un paso", y siempre terminaba recibiendo una mirada de recriminación o algún gesto que me hacía reír.

–¿Y ahora por qué pelean? –pregunté, mientras me acercaba a ellos.

–Dominik quiere cambiar cada palabra de mi último artículo por palabras ridículas –se quejó Elle, con un tono exasperado.

–No son palabras ridículas, Elle –replicó Dominik, tratando de mantener la calma–. Solo quiero asegurarme de que el artículo tenga un tono más profesional.

–Lee esto –dijo Elle, poniéndome varias hojas en la cara.

–¿Qué es esto? –pregunté, mirando las hojas que Elle me había dado.

–Mi artículo –respondió Elle, con una mezcla de orgullo y frustración.

Tomé las hojas y me dirigí a un rincón tranquilo para leerlo. Elle y yo habíamos estado juntas desde la preparatoria y, aunque ella era un año mayor, habíamos compartido el mismo salón de clases. Sabía que además de ser una actriz talentosa, Elle tenía un gran sueño de convertirse en escritora. Mientras leía el artículo, me di cuenta de que ella realmente se había esforzado y que cada palabra estaba cuidadosamente elegida.

La última JennerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora