28. Corazón calcinado: el pasado de Steve

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Todo un relato trágico daría inicio con un joven que no era tan joven, pues acababa de graduarse de la universidad

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Todo un relato trágico daría inicio con un joven que no era tan joven, pues acababa de graduarse de la universidad. Su carrera elegida había sido médico-cirujano. Ese muchacho era Steve, actual miembro de la banda y uno de los más poderosos con sus infames ojos estrellas.

La noche de la fiesta de graduación fue muy tosca a palabras del mismo. Al salir del evento, decidió celebrarlo sólo e ir por algunas hamburguesas. Sin embargo, para él este no era cualquier lugar de hamburguesas baratas y de mala calidad, sino que para él este era el lugar de comida rápida que lo acompañó durante esos años de estudios. Su costo era casi regalado, lo que le caía genial a Steve, pues trabajaba de mesero en un restaurante cercano a su universidad.

Durante esa misma noche se percibía un fuerte silencio. Pero, nada de eso importaba. Lo que sí, era que por fin llegó al lugar de hamburguesas económicas.

Se notaba desde lejos como el local era de mala calidad. La pintura que decoraba a la construcción se desgastó con el paso del tiempo, aunque seguían siendo llamativos, más con esos dibujos exorbitantes de vacas caricaturescas. También en la pared había carteles de hombres buscados por el gobierno, asesinos despiadados y traidores a la patria, cosas normales.

Entró al local y su respingada nariz pudo experimentar el dulce aroma a aceites, grasas y veneno hecho comida. Además, con sus rasgados ojos miró el hermoso suelo negro y como los meseros portaban disfraces de vaca. Definitivamente este lugar era bastante "exótico".

Sentado en una de las sillas con la divertida forma de cajas de madera (que de hecho lo eran), esperó a que los vaca-seros o mese-vacas vinieran a tomarle su orden. Entonces, llegó un mesero bastante amargado con el disfraz. No dijo ni una sola palabra, solo esperó a que Steve pidiera.

—¡Quiero la hamburguesa más cara de su menú! Hoy tengo que celebrarlo —ordenó Steve casi gritando. Sin más preámbulo, el mese-vaca anotó su pedido y se largó de allí para dirigirse a la cocina.

Esa hamburguesa no era nada barata, le llegó a costar unos quince billetes aproximados, lo cual también fue la cantidad de tiempo que tardó su hamburguesa en llegar. Ya con la asquerosa, gigante, grasosa, aceitosa, horrible y monstruosa hamburguesa servida en un plato azul, la tomó con sus delgadas manos. ¡Ver como los cientos de aderezos que tenía esa hamburguesa escurrir en su mano era glorioso! Steve moría de hambre y esas seis carnes lo valdría todo.

Y justamente cuando estaba a punto de darle un enorme mordisco, creyó escuchar el leve sonido de un cerillo siendo encendido, lo cual captó su atención. En efecto, una mujer de unos veintiocho años encendió un cerillo para prender la vela de un pequeño pastel que tenía en su mesa. Parecía estar sola y, aparte, se veía triste y desganada.

Steve renunció a darle un mordisco a su comida y se levantó de la mesa con cuidado. Caminó hacia la mujer mientras lamía el aderezo que escurrió en sus dos manos.

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