Houston es un imbécil miserable que tiene que liderar a cuatro criminales un tanto raros para enfrentar las fuerzas de un Dios y sus súbditos.
Bizarra, random y única.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Unos jadeos muy reconocibles provenían del increíblemente inútil líder Houston, quién justo en esos momentos, tenía en su abdomen un asqueroso y rojo tentáculo. Fue atravesado por el infame hombre con el nombre de Aiden. —Ah...—se quejó ya que era lo único que podía hacer.
El causante de toda esta ola de violencia con dosis de destrucción y caos era Aiden. Dejó caer al barbudo sin ningún tipo de interés en lo que le pasara al mismo Houston. Cayó y Aiden, por segunda ocasión, regresó sus tentáculos a su espalda, volviendo a lucir como en un principio.
La mortal herida de Houston lo mataría en unos cuantos minutos. Ya la sangre se encontraba desparramada por toda la tierra.
—¡Te lo dije! Te advertí que terminarías igual que el otro tipo, imbécil—gritó Aiden mientras observaba con asco a Houston. Acto seguido, comenzó a burlarse de él por su situación.
Por otro lado, William estaba completamente en shock; plasmado por ver a Houston. Es por ello que se distrajo un breve momento, el cual Aiden aprovechó para atacarlo. Se impulsó con sus delgadas (pero muy fuertes) piernas para poder tumbar a William de un gancho al abdomen. Esta vez sí le atinaría el golpe.
Cuando los instintos de William le gritaron del peligro que se acercaba ya era muy tarde. Aquel repentino y feroz ataque logró hacer contacto con el abdomen de William, causando uno de los peores dolores al positivo hombre. Y, para sorpresa de nadie, este ya se encontraba rodando y raspándose por la tierra. Aiden iba cargado de furia.
Raspada tras raspada, todas le dolían muchísimo. Lo único que lo detuvo fue el mismo suelo. Como era de esperarse, toda su piel resultó severamente dañada por los mismos raspones.
—¡Ya ríndanse! Está claro que esta lucha ya tiene un ganador y por supuesto que soy yo. Quizás y como premio, los mate a todos...—. La sonrisa de Aiden se hacía cada vez más grande, llegando a lastimarse los labios.
Por todo el bosque se escucharon las infames risas. Y Juxs y Casey veían como era destruida la poca esperanza que quedaba. De rodillas, solo apreciaban destrucción, caos, violencia y mucho más, todo gracias a aquel hombre denominado por Aedus como su primera prueba.
Si no eran capaces de ganar la primera, ¿cómo mierdas podrían ganar la segunda?
En un desesperado intento de hacer algo útil, Juxs y Casey se miraron, asintieron sus cabezas como si estuvieran pensando o ideando el mismo plan y, con la poca fuerza que les quedaba a ambos, se levantaron con mucha adrenalina. Corrieron a por Aiden para atacarlo con lo que sea, aunque fuese algo demasiado inservible, ya que no había ni una mínima posibilidad de ellos pudieran lograr causarle algún daño a Aiden. La única persona capaz de matar a Aiden era William, pero se encontraba fuera de la zona de combate.
—¿Qué no se supone que ustedes deben estar adoloridos? —preguntó Aiden bastante desconcertado.
El dúo desesperado no le otorgó una respuesta a Aiden, pues estaban concentrados en el ataque doble.