Houston es un imbécil miserable que tiene que liderar a cuatro criminales un tanto raros para enfrentar las fuerzas de un Dios y sus súbditos.
Bizarra, random y única.
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La famosa ciudad reconocida por sus extraños habitantes era testigo de varias aventuras. Entre las calles estaban esparcidos los miembros de la banda. La única persona que no estaba recorriendo las calles o en alguna misión o aventura era John, quien descansaba en la primera habitación, habitación que compartía con William. Él era el único, mientras tanto, los demás tenían cosas que hacer:
William estaba junto a Max en la misión de conseguir alimentos poco saludables, tales como sodas o frituras.
Juxs y Casey se encontraban en la búsqueda de un cargador que funcionara para el teléfono de Steve.
Y, por último, Houston y Steve tenían la misión principal que consistía en ir por la cena y algunas cervezas (por parte del líder fracasado).
JUXS Y CASEY EN: OPERACIÓN ENERGÍA.
Elegidos para hallar el mítico cargador, fuente de poder que revive al artefacto donde se resguarda el conocimiento ancestral del mundo, Juxs y Casey salieron disparados de su habitación. Avergonzados por su último encuentro, se quedaron parados una vez salieron.
Los pensamientos de Casey lo ponían nervioso. De tan solo recordar como la pequeña mano de Juxs deslizaba con delicadeza en su abdomen, se sentía nervioso, poniéndose rojo.
De igual forma, Juxs estaba apendejado y también decepcionado de sí mismo, ni siquiera entendió porque hizo lo que hizo. Estaba nervioso por lo que Casey podría pensar de él.
—Oye, Juxs, ¿Crees que deberíamos preguntarle a la recepcionista si tiene algún cargador?
—Podríamos tratar, aunque... esa maldita mujer me cae demasiado mal.
—Entonces disfrutarás de irla a molestar otra vez.
Ambos se esforzaban al máximo para ignorar lo que había pasado allá en la habitación ocho. Recorrieron el pasillo de las habitaciones para llegar con la recepcionista. Cuando llegaron, encontraron a la mujer descansando tranquilamente. Ahora solo quedaba torturarla.
Pasaron los minutos y nada de lo que hacían parecía funcionar. La pellizcaron, movieron su cabeza y también su cuerpo como muñeca de trapo, le metieron un palito en la nariz y en el oído, le gritaron de igual forma en el oído y, a pesar de todos esos fallidos intentos, la mujer simplemente no despertaba.
Lo único que descubrieron al jalarla tan bruscamente fue su nombre. Aquella mujer de mechones morados tenía puesto un pequeño gafete en su ropa con el nombre de Lola.
—¡Oiga, despierte! —gritó Casey desesperado y a punto de seguirla agitando.
—Espera...
—¿Qué pasa? —preguntó por el repentino comentario de Juxs.
—No creo que sirva de algo sentir intentando—respondió viendo a la mujer directo a sus ojos cerrados. —Mejor busquemos otra forma. Vayamos afuera, allí vemos que podemos hacer—dijo yendo a la salida.