20. Cena

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Después de tantas aventuras, la ansiada cena finalmente había llegado al hotel

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Después de tantas aventuras, la ansiada cena finalmente había llegado al hotel. Llegaron contentos, en especial Houston porque no pagó ni un centavo. Lo único malo fue que solo tenían cuatro de las cinco pizzas que eran originalmente, ya que el amable señor de la pizzería se quedó con una como propina. ¡Pero ya nada de eso importaba! La cena había comenzado y eso era lo importante.

Houston seguía sonriendo por poder conservar sus sesenta billetes en el bolsillo... hasta que vio el lugar donde dormiría. —Menuda porquería de lugar, no puedo creer que lo hayan elegido para pasar esta noche—comentó Houston con amargura. —Incluso mi casa se ve mejor que este lugar tan nefasto.

Las palabras del barbudo fueron escuchadas por un Max hambriento que se asomaba desde la habitación cuatro.

—¡Tú ni colchón tenías, papi rico y sabroso! —gritó Max, alegre de que por fin llegara la hora de comer. —¡Vengan acá! Aquí será la rica cena... Obvio no tan rica como tu enorme verga, Houston—anunció Max, agitando su brazo como un niño.

—Supondré que es broma eso de que no tenías colchón, ¿verdad? Bueno, contigo uno se puede esperar lo que sea—juzgó Steve con su pequeño mirar.

—¡Wow, Steve, eres muy gracioso! —exclamó Houston con notorio sarcasmo. Caminó hacia la cuarta habitación. Abrió la puerta y experimentó su rostro congelarse gracias al aire acondicionado. Se quedó sorprendido por los refrescos tirados en el suelo y las papas fritas en forma de corazón. Allí estaba también un hambriento Max y un alegre William. Luego, dejó las pizzas con cuidado en la cama.

—¿Dónde están Juxs y Casey? ¿Ya llegaron? ¡No comeré si no están todos! —preguntó William sentado en el suelo.

La puerta se escuchó abrirse y, de allí, entraron los dos tortolitos. —¡Uh! Que bien, voy a comer hasta morirme—anunció Juxs. Se quedó viendo las cajas de pizza, babeándose encima y saboreándolas con su larga lengua.

Parecía que no estaba respirando y que en cualquier momento se desmayaría. Abrió una de las cajas grasientas, inhalando el glorioso aroma a... a pizza. —Esto es gloria pura... —comentó hambriento (hambreado). Tomó una rebanada con delicadeza, alzándola y gozando de mirar el queso derretido cayendo en la misma caja. Su saliva solo podía aumentar... Después de tanto, por fin le dio el primer mordisco, gimiendo de placer (raro). —Esto me lo llevaré—dijo Juxs. Agarró la caja entera de la pizza que comió, que era de champiñones y, con su otra mano, tomó un refresco entero y vasos. Todo esto mientras tenía una pizza colgando de su boca. —Vámonos, Cas —ordenó luego de tragarse la pizza que tenía en la boca sin usar las manos.

Cuando Casey entró, no dijo ni una sola palabra, solo admiró a su amigo Juxs. Al momento que le ordenó irse, solo tomó una bolsa de papas fritas picantes y de despidió con su mano. —Bye.

Absolutamente todos quedaron boquiabiertos al cómo, en menos de diez segundos, perdieron una enorme bolsa de papas picantes, una soda de uva de tres litros, dos vasos y una caja entera de pizza de champiñones. En un principio, el número de pizzas era cinco; después del incidente de la pizzería, fueron cuatro y, ahora, solo tenían tres pizzas a su disposición.

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