Houston es un imbécil miserable que tiene que liderar a cuatro criminales un tanto raros para enfrentar las fuerzas de un Dios y sus súbditos.
Bizarra, random y única.
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Tan despiadado y tan sanguinario como para ser humano, después de una gran pausa, Aiden había vuelto a la acción. No tenía nada que cubriera la mitad de su cuerpo, parecía que lo hacía para presumir sus cicatrices de posibles batallas pasadas y también su cuerpo musculoso pero delgado.
Justo ahora se encontraba atrás de alguien tan débil como Casey, tomándolo del hombro con una de sus manos. Soltó una pequeña risa para luego hacer que emergieran de su espalda aquellas carnosas y viscosas extremidades, parecía que habían sido bañadas en sangre. Uno de los tentáculos recorrió con lentitud el frágil cuello de Casey, quién hasta el momento no paraba de temblar del miedo. Una vez rodeado el cuello, apretó el mismo y lo alzó. El mismo solo trataba de zafarse, cosa que logró cuando Aiden lo aventó lejos de manera bastante ruda.
Casi de inmediato, como un animal a punto de matar a su presa, Aiden caminó hacia donde lanzó a Casey con la intención de acabar con él de una vez por todas. Ya allí, solo gruñó y tomó a su presa de su suéter gris sin siquiera pensarlo.
Casey seguía oponiendo resistencia, usando sus uñas para lastimar los brazos de su enemigo, logrando que sangrara un poquito. No obstante, Aiden ni se inmutó. —¿Crees que alguien tan débil como tú puede hacerme daño? ¿¡Qué no han aprendido nada tú y los otros idiotas?! Yo gano y ustedes simplemente mueren, imbéciles—exclamó Aiden furioso. Sonrió y con su mano izquierda apretó los cachetes de Casey. —Je, tú todavía no sabes para que sirve mi ojo, ¿cierto? —preguntó emocionado y con las respiraciones agitadas. —Verás, tu líder y el otro idiota que lastimó a tu noviecito son ahora mis marionetas ya que vieron este ojito con la cicatriz... Y ahora tú también lo serás—comentó y, obligándolo, hizo que observara su ojo oscuro a la fuerza. Aiden le escupió a la cara burlándose del muchacho que tenía en manos para luego simplemente tirarlo como si nada, haciendo que chocara con el duro suelo. —Idiota—fue lo último que dijo.
Ahora Casey estaba bajo el control mental de un psicópata como Aiden. Sus ojos se tornaron de negro. Miró a Juxs y caminó hacia él.
Muy cerca de la zona donde se encontraban Aiden y sus marionetas, se encontraba William dirigiéndose a toda velocidad. En el camino se topó con varios trozos enormes del edificio que tuvo que brincar si quería llegar a derrotar a Aiden. Parpadeó y, antes de que pudiera reaccionar, sintió como un cuerpo impactó contra él a toda velocidad, llevándolo nuevamente de regreso. Sin embargo, llegó a soportar la potencia del impacto. Su cuerpo siempre se mantuvo en pie a pesar de la poderosa fuerza que quería tumbarlo, pero no pudo, dando a mostrar el increíble poder de alguien como William. Sea lo que fuese, lo terminó cargando.
—Por un momento creí que iba a rodar como cierto animal azul, ¡qué alivio! —dijo William preparándose para seguir corriendo, pero se percató de algo. —Espera un momento, ¡este es nuestro amiguito Juxs! —reconoció con sorpresa. Gracias a la misma sorpresa, William se tropezó, terminando casi casi de matar a Juxs, pues lo tiró por accidente. —¡Perdóname!