Houston es un imbécil miserable que tiene que liderar a cuatro criminales un tanto raros para enfrentar las fuerzas de un Dios y sus súbditos.
Bizarra, random y única.
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John se dirigió lo más rápido que pudo a por Houston, el más herido. —Espero y esto funcione. Creo que sigues consciente. Mierda, hay que intentarlo—. Acercó su mano al hueco en su abdomen. Cuando la puso, los tejidos del barbudo comenzaron a regenerarse. —Qué alivio—suspiró. Se sorprendió al percatarse de como la ropa de Houston también se regeneraron como si fueran tejidos, aprendiendo así, una nueva habilidad sobre él. Primero, que era capaz de regenerarse así mismo infinitamente y, en segunda, que la ropa también la podía regenerar.
Luego de un rato, por fin Houston pudo decir algunas palabras.
—Creí que moriría... Yo estaba asustado porque pensé que me moriría sin verme guapo. ¿De qué sirve morirme si no lo haré viéndome sexy?
—Jamás te has visto sexy, ni siquiera pasable. Te ves algo asqueroso—respondió John.
—Tú no tienes ni un poco de piedad, ¿cierto? —preguntó Houston con una pequeña sonrisa retadora. John hizo lo mismo.
Mientras tanto, William se encargaba de cargar los cuerpos adoloridos de Juxs y Casey, colocándolos en el suelo. Para ese momento, John ya había llegado para regenerar sus heridas y eliminar su cansancio. Al mismo tiempo, William ya traía a Max en brazos, aunque este si vino caminando con una sonrisa. —¿Dónde anda mi nalgón? —preguntó Max.
—¡Atención, muchachos! —dijo Houston. Anunciaría un mensaje encima de una roca pequeña. —Sé que algunos de ustedes estarán molestos conmigo y sé que otros no tanto, pero acabamos de presenciar que ese tal "Aedus" existe y es real. El hombre que nos atacó, Aiden, es la prueba viviente de ello. Por ahora tomen un descanso, porque en veinte minutos nos iremos a algún lugar a platicar sobre todo esto, ¡quizás y les invite de comer! O algo así—. Solito se condenó.
Absolutamente nadie prestó atención al supuesto líder, ya que entre ellos charlaban. Quizás y sí lo escucharon, pero nadie lo miró en ningún momento.
Ya John acababa de terminar su labor como curandero, ayudando a todos. ¡Por fin pasarían un rato de convivencia en lo que se conocían mejor!
Las interacciones comenzaron por la parte de atrás de la cabaña destruida, iniciando con Houston, quien tomó del brazo a Max y se lo llevó allí. —¿Me harás el amor, mi bebé peludo? —preguntó Max con tono de burla.
—¿Es en serio? ¿Ya vas a empezar? Eres demasiado molesto e inútil
—¿Qué quieres que te diga? Quizás y soy alguien especial. ¿Es sobre esto de lo que querías hablar, chiquito? —soltó una risita. —Hubiese preferido hacer el amor—.
—¡Deja de decir cosas tan raras y tan extrañamente estúpidas! Y no, no venía a eso—respondió. —Venía a comentarte algo, y es que... ¿¡Cómo puta mierda se te ocurre traer a un completo extraño a la cabaña donde se supone me juntaría con varios criminales!? —gritó bastante enojado. —¿Eres idiota o qué? Usa el cerebro—.