16. Detener una bala.

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Melissa Dagger

 
—Te pido Anthon, que me dejes a mí el tema de la fortuna, es mi herencia, déjame eso a mí—. Remarque severa.

—¡¿Cómo puedes ser tan egoísta?! Reduces la memoria de tu madre a una fortuna—. Intentó remediar su anterior actitud, redireccionando la culpa hacía mí.

—Es más, te pido que me dejes todo tema relacionado con mi madre—. Ignore su acusación.

—Olvidas que fue mi esposa—, me apunto amenazante con un dedo índice— Tengo el derecho en su memoria por el amor que tuvimos.

El abogado parece contenerse con cada trago de su bebida, como si esperase que mi padre no perdiera el control sobre la fortuna de mi madre, ante mi propiedad y poder fraternal. Luis, por otra parte, no deja de observar los alrededores de la casa, alerta a cualquier amenaza. Mi padre se retiró a regañadientes de la sala, en vista de que yo no respondí a su amenaza anterior, pese a que, si quería mantener un perfil bajo para no levantar mis sospechas, debía actuar con la mayor naturalidad posible, para poder ejecutar el plan que estoy segura que tiene. El abogado se levantó y se acercó hacía mí de forma tentadora, intentando seducirme con su andar tambaleante y su lenguaje errático, logrando acorralarme en la pared, significando eso una victoria para él, sin tomar en cuenta el arma que oculto con la mano detrás de mi espalda. Luis se acercó con rapidez al notar sus intenciones, pero lo detuve con una seña en mi mano y este obedeció en contra de su voluntad, el abogado no se percató de nuestra interacción y continúo con sus insinuaciones inapropiadas, con las que me hizo sentir que buscaba indagar en el contenido de mi cartera, al tocarla disimuladamente cuando intento tomarme de la cintura, pero antes de que sus sucias manos entraran en contacto con mi cuerpo, descubrí el arma y disparé detrás de el en un rápido movimiento, para luego colocarla caliente sobre su cuello, en ese momento mi compañero le puso las manos en la espalda para inmovilizar su cuerpo, antes de darle tiempo de reaccionar al dolor producido por el cañón caliente sobre su piel. Anthon apareció en la escena, seguramente atraído por el sonido del disparo, con intenciones de detenerme, pero antes de que se acercará lo suficiente como para hacerlo, disparé a sus pies impidiendo que diera un paso más, para luego regresar el cañón caliente a la piel del abogado.

—Abogado dices ser—. Acusé entre dientes, presionando el arma sobre la lesión que ya tiene su piel, para luego retirarla, dejando que Luis lo regresé de vuelta al sofá donde se queja de dolor.

—¿Ese disparó si lo escuchaste papá?, porque me resulta extraño que no fueras consiente del pequeño enfrentamiento que tuvimos en el bosque—. Señalé a Luis, para luego caminar hasta llegar junto a él.

—¿Enfrentamiento? ¡Hija, debiste decirme!— Fingió sorpresa, al mismo tiempo que buscó su arma por el lugar sin éxito.

—Tu, con tus agudos sentidos aún bajo las drogas—. Señalé inexpresiva— Nunca te he visto bajar la guardia, ¿Tu si Luis?.

— Nunca señorita —. Respondió a mi lado.

Mi padre iba a responder alguna cosa, pero antes una bala atravesó la ventana desde el bosque, pasando justo frente a mi rostro e impactando en la botella sobre la mesa. Iba a darle órdenes a Luis, pero en su lugar aparecieron los hombres de Anthon, quienes fueron en dirección al bosque para enfrentar la amenaza que allí se encuentra, otros hombres nos sugirieron bajar al sótano seguro de la casa, pero me negué, y por consiguiente Luis, quien como siempre cedía su desacuerdo ante mi autoridad, con la obligación o la voluntad de acompañarme en todo lo que decida. Emprendimos nuestro camino al bosque, en una formación para cubrirnos a Luis y a mí, avanzando entre la vegetación, inspeccionando la altura de cada árbol, sin encontrar nada sospechoso ni trastos de un francotirador. La formación estuvo a punto de regresar, pero recordé que mi vieja casa del árbol es un lugar perfecto para que un francotirador se oculte, por lo que los dirigí hasta allí, donde en la base del árbol yacían cartuchos vacíos, al ver esto todos disparamos buscando acabar con cualquier persona que estuviese en su interior, pero no recibimos respuesta alguna, así que uno de los hombres subió por la pequeña escalera y confirmo que el lugar estaba limpio.

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