12. *DEL OTRO LADO DE LA LINEA*

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— Chicos, les agradezco la cena, si me permiten, estaré en el jardín fumando un cigarrillo. — Lucy se dirigió a la puerta lenta y delicada, buscando su cigarrera en su abrigo y sacando uno para ponerlo entre sus dedos índice y anular, como quien deleita un postre, se disponía a abrir la puerta.

— Lucy... quería preguntar si puedo tomar algunas hojas de tus plantas para hacer infusiones que calmen mi ansiedad — dijo el buen chef algo tímido, tocando sus dedos
Lucy se detuvo un momento, volteo pensativa, diría que tenía un poco de diversión en su gesto, indicando con sus dos dedos con los que sostenían el cigarrillo.

— Claro Alfred, tómalas, solo ten cuidado con la concentración que utilices, por lo que me dijiste de Marco, seguramente te enseño sobre algunas plantas... Si me lo permiten le haré una pregunta a los tres, ahora que lo mencionas, me gustaría saber que piensan.— los tres estábamos atentos.

— ¿ Cuál creen ustedes que sea la diferencia entre una adicción y una conexión hacia algo o incluso hacia alguien?. —

—¿por conexión a que te refieres? — pregunte.

— Pongámoslo así; la conexión se puede relacionar cómo esa razón por la que se quiere más de algo, en la mayoría de los casos una sustancia, por ejemplo, en un hábito, un vicio... Una persona quizá... Es como una insitación mental a la que nos volvemos adictos, entonces ¿Cuál creen que sea la diferencia?.— nos miró a cada uno por separado y tomándose su tiempo, planteó.

— Les diré la dinámica. Yo iré a fumar este cigarrillo y cuando vuelva, ustedes me dirán su punto. ¿ de acuerdo?. — Salió por la puerta corrediza sin esperar respuesta y cerró, dejando su idea al aire.

—Interesante. — dijo Alfred, tomando asiento de nuevo en la mesa sin mirar a nadie

—¿Ella nos dejó solos para pensar por separado?... ¿o para hacer una idea colectiva? — dijo la chica del cabello negro

— Nos pidió una opinión separada, de eso estoy seguro. — afirmó él

— Pienso que la diferencia es una línea que no se alcanza a ver salvo cuando ya se encuentra del otro lado. — dije al aire, meditando mi opinión.

— No lo sé, creo que la diferencia es la sustancia, o quizá pero sólo quizá la diferencia esté en la persona. — comentó Alfred al aire también.

— Interesantes puntos... pienso que no hay diferencia, solo conciencia, es decir, solo uno mismo sabe que tan gruesa es esa línea, solo uno sabe si lo está negando o si por el contrario sabe que tiene un problema. También se sabe cuando es una medicina y por eso puede ser muy confuso. —

Helen tenía el gesto melancólico, como si hubiera algo en el fondo de esa pregunta que la hacía sentir así.

—Lo siento, no puedo quedarme tengo que ir a casa, nos veremos luego. — escribió algo en un papel. —Este es el número de la casa de mis padres por si necesitan ayuda en lo que sea. —
—Gracias. -—dijo Alfred quien apenas prestaba atención.

Yo quería decir algo pero no sabía muy bien qué palabras usar. —¿Aún quieres que te vea por la tarde?. — dije por fin cuando ella ya había tomado su mochila y nos daba la espalda para dirigirse a la puerta. volteo a medias.

—Claro, Av. de los girasoles número 7, es mi dirección, a las 5 ¿te parece bien?. — asentí con la cabeza. Estaré esperando afuera, no quisiera que mi pequeño Tom, te de una paliza. — sonreí

—Que considerada. — le dije sonriendo un poco.

—¿Me despides de Lucy por favor?, dile que me disculpe. — salió sin voltear atrás.

Me quedé mirando la puerta un momento. Se escuchó un cuidadoso clic en la chapa al cerrarse.

—Perdiste. — dijo Alfred sacándome de mis pensamientos de nuevo.

— ¿Qué?. —pregunte desconcertado.

— Que perdiste. Ella acaba de invitarte a su casa antes de que le pudieras pedir un sacapuntas. Aun así cocinaré porque me encanta hacerlo. — Alfred estaba emocionado.

—... al parecer ve en mí un buen amigo, ¿tú qué dices?. — el chico de los chinos comenzó a recoger la mesa pensativo y lo segunde, mientras lo hacía contestó.

— Estarás bien, disfrútalo. Es en realidad hermoso que haya venido a verte. La chica tiene agallas, no puedes negarlo.— dijo mientras dejaba los platos en el fregadero, era verdad, y eso la hacía un imán en mi mente.

Entró Lucy, por la puerta corrediza.
— Chicos les tengo otra noticia. Ya está confirmada la solicitud de tutela por parte del teatro, así que Alfred podrás ocuparte con un trabajo de medio tiempo que te vendrá muy bien - noto que no estaba Helen pero no pregunto nada.

—Que buena noticia, gracias Lucy.—

— Confío en que darás lo mejor de ti —no pude evitar preguntar.

— ¿ Qué harás cuando puedas salir? — Tenía una emoción que trato de moderar.

—Bueno, aun no puedo cantar victoria, pero me encantaría seguir pintando, conocer nuevos paisajes...— Alfred y Lucy se quedaron hablando de plantas. Después de un rato Lucy cambió el tema radical.

— Ahora si, me van a contar, que pensaron acerca de la cuestión que les plantee. — nos miró a los ojos. — Quiero aclarar porque les pregunto esto, y es que las adicciones están más presentes de lo que se cree, y no intentaré cubrir el sol con un dedo. — respiro tomando un momento para continuar. —... ¿Qué opinan?. — me indicó con la mirada.

— Buen, pienso que la diferencia es solo una línea que no se distingue, hasta que se cruza del otro lado. Sin embargo, en un momento de crisis, imagino que no sirve de mucho saberlo Lucy. Esos momentos en los que tienes un sentimiento que te aprieta el pecho, y eso me hace replantearme el concepto de droga. —  Lo que dije me obligo a pensar en mi hábito de tomar café por la mañana desde los 14.

— Buen punto Sus, somos una sociedad llena de malos hábitos y excesos. ¿ Qué dices Alfred?. — pregunto mirándolo

— Pienso... que un factor importante para una buena conexión es la sustancia, la dosis y el estado mental de la persona que desea la experiencia. Sin embargo la adicción es el exceso que pienso depende de la persona. Al final todos somos simples mortales y a cualquiera le puede pasar, pero es posible dominarse a uno mismo, Se necesita una voluntad fehaciente, pienso que la diferencia está en uno mismo. —

Lucy se quedó pensativa, aceptando ambos puntos. —Es en verdad y complicado hablar de esto, sobre todo porque nadie puede decirse totalmente limpio, pero la intención de hablarlo nace cuando hay seres queridos de por medio, ustedes sabrán conocerse en situaciones difíciles, pero quiero que sepan que estoy para ustedes también, escuchen este diálogo, que alguna vez intérprete. — Lucy adoptó el semblante de algún personaje.

— Hablemos claro capitán, no es mi intención contradecirlo, todas las cosas tienen ciertos riesgos que hay que aprender a manejar, hay que aprender a controlarse. Lo que no tiene sentido es prohibir unas sustancias que están en la naturaleza y que tienen algunos efectos positivos tomadas de manera adecuada. La prohibición es una superstición, porque supone que son placeres prohibidos que alejan al hombre del trabajo y de la obediencia; en el fondo lo que se reprocha a las drogas es que las personas que las toman trabajan menos y obedecen menos u obedecen de peor gusto que los demás. Pero de hecho se obedecen mejor a sí mismos, hay que combatir las supersticiones y hacernos responsables de nuestras decisiones... — Lucy salió de aquel papel sonriendo.

—Bueno chicos, una vez tocado el tema, podemos tener un panorama mejor, y confiar en que pueden hablar cuando lo necesiten. Sé que la teoría no sirve de mucho en un momento de crisis, como bien lo mencionaron, pero es importante plantearlo incluso antes. La vida es larga, vivanla, pero no pierdan el tiempo o se les irá volando.—

Mire el reloj eran las 4 con 15. Les dije que iría a ver a Helen, tratando de no hacer mucho alboroto, pues ya de por si me sentía nervioso. Alfred y Lucy se quedaron en el jardín platicando.

REACCION. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora