Es el ladrido más grave que he escuchado, el de un pastor alemán que me miraba fijamente.
— ¡...Tom... lindo perrito!. — En mis adentros volvió el pánico que tenía de niño, ladró, de nuevo.
— No le hubieras dicho por su nombre. — dijo riendo, Helen no sabía que yo en realidad estaba paralizado pero de pánico, Tom se dirigía hacia mí, corriendo y ladrando, me quede como estaba, cuando llego a mi, me movió la cola, puede cantar victoria sudando, acaricie su cabeza, en realidad era muy amigable y pude calmarme, un poco, Helen abrió la puerta estaba carcajeando, imagino que me vio medio tieso. De suerte que no me tomo por detrás, resulta que Tom solo estaba jugando. Me dio risa.
— De pequeño no tiene nada. — dije aun sonriendo de nervios.
— Bueno pero acabas de comprobar que es un solecito. — sonrió, apretó sus labios en forma de m. Sus labios estaban delineados por un tenue color burdeos, *es como una obra de arte, pensé, trate de simular el encanto, que me hacía sentir, me sentí algo tímido, pensé que estarían sus padres en casa, pero solo había una acogedora estancia y en ella varios estantes que se posaban en las paredes, encontré con la mirada unos viejos naipes de colección,. Mencionó que eran de su padre.
Inclinó la cabeza en forma de pregunta. — ¿Quieres jugar? —
— Puedes revolverlas, si quieres. — se sentó en el tapete cargándose en el sillón, yo me senté en este último. Comenzó a revolverlas, el sonido de la baraja revolviéndose me resultaba arrullador.
Jugamos 2 de 3 aunque se alargó un poco el juego. El primero lo ganó. el segundo nadie, el tercero yo, el cuarto ganó ella, sabía que tenía mi carta, también que tenía la habilidad, simuló una ola para celebrar como si se tratara de una niña. Me parecía bien tierna. Lo que me hizo reír.
— Tuve suerte — comentó sonriendo
— ¿ Crees en la suerte?. —
— Si, no, no lo sé... ambos lados son divertidos. Por un lado están las cartas que están a la suerte o al azar, el no saber la ubicación exacta de cada carta, por otro lado las circunstancias que comienzan a arrojar una lluvia de probabilidades que pueden ser manipulables para tomar el rumbo del juego. Haciendo deducciones correctas o no, pero basadas en lo que va ocurriendo — dijo mientras guardaba las cartas en su estuche... diría que sí creo en la suerte. — pensativa.
— Entiendo, si alguien sabe el orden de las cartas sería una estrategia bien planeada, pero eso ya no sería azar. La idea es desconocer completamente el orden he ir haciendo una probabilidad cada vez más probable. — concluí, ella asintió
— Interesante en realidad. Tu ¿Crees en la suerte Sus?—
— Bueno el caoses una realidad que existe irónico dentro del orden, no sé si le llamaría suerte... pero a veces hay instantes tan cruciales, que de verdad hace que me lo cuestione. Es decir, que hay de las ocasiones en que hay un juego perfecto en el que solo falta una carta para ser completado, pero curiosamente esa carta se encuentra al final de la baraja o justo después de la carta de la persona que ha ganado. Y de las veces que se gana con un juego tan pero tan malo que se daba por perdido ¿Qué hay de eso? Es verdad eso de que, hay factores que sí podemos controlar, incluso podemos modificar con una aguda observación, pero también hay otros tantos, que no dependen en absoluto de nosotros. Para mi la suerte es ese punto en el que se cruza una casualidad que parecía tan lejana. — *Como el estar aquí contigo. Pensé.
— De acuerdo. — asintió
Se levantó del suelo indicando que la siguiera. Subimos una escalera que estaba entre paredes oscuras, llevaba a un pasillo oscuro, que tenía varias puertas a los costados. Caminamos derecho pasando todas las puertas cerradas, me sentí en suspenso, ella parecía estar emocionada, pero no me decía nada, llegamos al final del pasillo en una puerta de madera, que abrió.
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REACCION.
Teen FictionEn México 1986. Susma; un estudiante de preparatoria, se cruza con personas de su pasado más crucial, lo que lo lleva a conocer las emociones más bonitas, y las que de vuelta estas traen.
