sabo🎩🎩

75 4 0
                                        

El fuego crepitaba suavemente en la chimenea, llenando la habitación con un calor agradable. Afuera, la noche avanzaba con el murmullo del viento entre los árboles, pero dentro de aquella cabaña apartada, solo existíamos Sabo y yo.

Habíamos terminado una misión complicada, y mientras esperábamos instrucciones, habíamos encontrado refugio en aquel pequeño escondite. Al principio, el silencio entre nosotros era cómodo, pero con cada minuto que pasaba, la tensión crecía en el aire.

Sabo estaba sentado en una vieja silla de madera, con la chaqueta desabrochada y su cabello rubio revuelto por el viento. A pesar del cansancio, su sonrisa seguía ahí, esa expresión traviesa que tanto me gustaba.

—No esperaba que fueras tan buena en el campo de batalla —comentó de repente, cruzando los brazos sobre su pecho.

—¿Subestimándome, comandante? —repliqué con una ceja alzada.

Él soltó una risa suave y negó con la cabeza.

—Nunca. Solo que… me sorprendes de formas en las que no estoy acostumbrado.

Su mirada se fijó en la mía, intensa, como si intentara leer mis pensamientos. Sentí un cosquilleo recorrerme la espalda, pero no aparté la vista.

—¿Eso es algo bueno o algo malo? —pregunté en voz baja.

Sabo se levantó lentamente de su silla y se acercó hasta quedar frente a mí. Su mano se elevó hasta rozar mi mejilla, y el calor de su piel contrastó con el frío de la noche.

—Definitivamente algo bueno —susurró.

Mi respiración se agitó cuando su pulgar acarició mi piel. Había algo en su mirada que no había visto antes, una chispa diferente, más profunda.

—Sabo… —Mi voz apenas fue un murmullo.

Él se inclinó más cerca, sus labios rozando los míos con una suavidad casi tortuosa.

—Dime que no lo haga —susurró contra mi boca, dándome la oportunidad de detenerlo.

Pero no quería detenerlo.

Así que, en lugar de palabras, lo besé. Y en ese instante, entre el fuego de la chimenea y el calor de sus brazos, supe que no había marcha atrás.

Sabo respondió al beso con la misma intensidad que yo le ofrecía. Sus labios eran cálidos, suaves al principio, pero pronto su mano en mi mejilla descendió hasta mi cintura, atrayéndome más hacia él. Mi corazón latía con fuerza, y en ese momento, el mundo exterior dejó de importar.

Sus dedos se enredaron en mi cabello mientras el beso se volvía más profundo, más urgente. El calor de la chimenea no era nada comparado con el fuego que sentía dentro de mí.

—Eres peligrosa —murmuró contra mis labios, con una sonrisa entrecortada.

—¿Y eso te molesta? —susurré, rozando su mandíbula con mis labios antes de mirarlo a los ojos.

Sabo soltó una risa suave, pero su mirada era seria, cargada de algo que no pude identificar del todo.

—Para nada. Me encanta.

Su confesión me hizo sonreír, pero antes de que pudiera responder, él ya me estaba besando otra vez, haciéndome olvidar cualquier palabra ingeniosa que tuviera en mente.

Nos movimos sin darnos cuenta, y pronto mi espalda chocó suavemente contra la pared de madera de la cabaña. Sabo apoyó una mano a mi lado, inclinándose sobre mí con una expresión que era una mezcla de deseo y ternura.

—Si seguimos así… —susurró, acariciando mi mejilla con el dorso de los dedos—, no voy a poder detenerme.

Su sinceridad me dejó sin aliento. Él estaba dándome la oportunidad de decidir, de marcar los límites. Pero yo ya había tomado mi decisión desde el momento en que dejé que me besara.

Tomé su rostro entre mis manos y lo miré fijamente.

—Entonces no te detengas.

Los ojos de Sabo ardieron con una emoción intensa antes de que su boca reclamara la mía una vez más. Y esa noche, entre sus brazos, supe que me estaba entregando a algo que jamás podría olvidar.

one shot Donde viven las historias. Descúbrelo ahora