El Vicealmirante Monkey D. Garp no era un hombre de secretos, pero contigo, (Y/N), guardaba un entendimiento que el resto de la Marina nunca comprendería.
Tu posición era singular: eras una de sus oficiales de confianza, su principal analista y, en las largas y silenciosas noches a bordo del buque de guerra, eras su confidente... y su amante.
Garp era un héroe. Tenía sus responsabilidades, su linaje y una reputación que mantener. Por eso, vuestra relación era una aventura fugaz, restringida a la privacidad de los camarotes y los momentos robados.
Esa noche, el buque estaba anclado en un puerto de descanso. La mayoría de la tripulación estaba en tierra. Tú estabas sola en el camarote de Garp, terminando de revisar unos informes mientras él llegaba. Escuchaste el familiar portazo.
—¡Estoy de vuelta, (Y/N)! —Su voz era el trueno habitual, pero se suavizó en cuanto te vio sentada en su cama.
Dejó caer su abrigo blanco sobre la silla con un estruendo, revelando solo una camiseta de entrenamiento. Sus ojos oscuros, habitualmente llenos de determinación, tenían ahora una calidez cansada.
—¿Problemas? —preguntaste, dejando los papeles a un lado.
Garp se acercó, la diferencia de tamaño entre ambos siempre abrumadora. Se sentó a tu lado, y el colchón se hundió bajo su peso.
—Problemas de rutina. Algunos piratas tontos. Y mucho papeleo —gruñó, envolviendo tu mano con la suya, la palma áspera y cicatrizada.
Te apoyaste en su hombro. El olor a sal, pólvora y un leve aroma a sake se mezclaba con el calor de su cuerpo.
—Deberías descansar.
—Descansaré —respondió, su voz ahora baja y ronca. Él no necesitaba el descanso que te ofrecía el sueño; él necesitaba el vínculo que solo tú podías darle.
Se giró ligeramente, liberando tu mano para deslizarla alrededor de tu cintura, atrayéndote más cerca. El gesto era posesivo, un recordatorio silencioso de que, aunque su vida pública pertenecía a la Marina, estos momentos te pertenecían a ti.
—Me gusta la forma en que el mundo se detiene cuando estamos aquí, (Y/N) —murmuró, inclinando su cabeza hasta que su barba blanca rozó tu frente.
Tú sonreíste con tristeza. Sabías que el mundo siempre volvería a girar en la mañana.
—A mí también me gusta. Pero es peligroso.
Garp te miró a los ojos. Había una intensidad en su mirada que hacía honor a su título de Héroe.
—Lo sé. Y es por eso que nadie lo sabrá jamás. Mi deber es con la Marina. Y con mis nietos. Pero mi... mi corazón necesita esto.
La palabra "corazón" viniendo del hombre más duro de la Marina era un ancla que te mantenía cautiva en esta aventura secreta.
Te acercaste, y esta vez, fuiste tú quien acortó la distancia. Lo besaste con una mezcla de afecto profundo y la desesperación de saber que esto era temporal. Él respondió de inmediato, su boca presionando con la familiar pasión que siempre sorprendía por su ferocidad.
Garp te levantó con facilidad, sin romper el beso, y te colocó sobre su regazo. Su mano se deslizó bajo tu camiseta, su piel caliente contrastando con la suavidad de la tuya.
—Quítate esa camiseta —ordenó, pero el tono era más una súplica que una orden.
Obedeciste, ansiosa por la comodidad y la fuerza que él ofrecía. Cuando finalmente te despojaste de la ropa que quedaba entre ustedes, Garp te sostuvo contra su pecho, su cuerpo sólido como una montaña.
—Eres mi mayor debilidad, (Y/N) —confesó, besándote el hombro con un afecto casi violento—. Mi escape. Mañana volvemos a ser oficial y superior. Pero esta noche...
Sus manos se deslizaron por tu espalda, presionando tu cuerpo firmemente contra el suyo.
—Esta noche soy solo tu hombre. Y no le debo explicaciones a nadie.
El resto de la noche se consumió en la intimidad robada, un juramento de lealtad profunda y física, oculto al resto de la Marina y al mundo.
