(Law x Male Reader)
El Sol se colaba por el ojo de buey del Polar Tang, proyectando un haz de luz perfecto sobre el rostro dormido del Capitán.
(T/N) se quedó inmóvil junto a la cama, admirando la escena. La luz capturaba el brillo azul bajo las pestañas de Trafalgar Law, acentuando la curva impecable de sus labios y la caída de su cabello oscuro. Era una obra de arte, una estatua cincelada en mármol y tinta. Y era su obra de arte.
Law no era inocente en la batalla o en la medicina. Era el Cirujano de la Muerte. Pero era increíblemente ingenuo ante la veneración silenciosa y perturbadora de su primer oficial.
—Bellísimo —susurró (T/N), la palabra apenas un soplo para no perturbar el sueño de la deidad que custodiaba.
Law se removió, frunciendo el ceño por la luz que le picaba los ojos.
—(T/N)-ya... ¿Qué haces aquí? —preguntó Law con voz áspera por el sueño, llevándose la mano a los ojos.
—Solo te traje el informe matutino, Capitán —mintió (T/N), acercándose más. El informe estaba en su bolsillo. Su objetivo no era el papel.
Se arrodilló junto a la cama, tomando la mano de Law. El contacto despertó una oleada de necesidad en (T/N).
—Tu piel está algo seca —dijo con un tono de profunda preocupación. Tomó un pequeño tubo de crema que siempre llevaba consigo. No era una crema simple; era una mezcla de esencias raras que él había adquirido solo para Law, formulada para mantener esa piel prístina.
Law se sentó, confundido por el ritual.
—No necesito cremas, (T/N)-ya. No soy... —se detuvo, sin encontrar la palabra. No era vanidoso.
—Claro que no lo eres. Pero yo te cuido. Un artista debe cuidar su lienzo. —(T/N) ignoró su protesta y comenzó a masajear suavemente la crema en el dorso de la mano de Law, con una dedicación que rozaba lo sagrado.
Law suspiró, irritado, pero extrañamente incapaz de apartar la mano. La presión era suave, y las palmas de (T/N) estaban cálidas.
—¿Te hiciste más tatuajes? —preguntó (T/N) con la voz cargada de un interés casi doloroso. Deslizó sus dedos sobre los anillos negros grabados en sus dedos.
—Sí. La semana pasada. ¿No los viste? —Law era despistado sobre los detalles que no eran médicos.
—Los vi. Pero en la oscuridad no se aprecian bien —(T/N) tomó un pequeño mechón de cabello que caía sobre la frente de Law y lo apartó con una reverencia, revelando los últimos puntos de tinta.
—Cada línea. Cada trazo. Es fascinante. Me aseguraré de que la tinta nunca pierda su intensidad.
Law lo miró, ladeando la cabeza. Para Law, (T/N) era su tripulante más leal. Era protector, sí, siempre vigilando su dieta y sus horas de sueño con una intensidad que Law pensaba era simple devoción profesional.
—Te agradezco la... dedicación. Pero eres mi tripulante, no mi esteticista.
—Soy tu devoto, Capitán.
Law no entendió el peso de esa palabra. La inocencia en su rostro, la falta de malicia, era precisamente lo que (T/N) amaba y lo que quería proteger de las imperfecciones del mundo. Si alguien lo tocaba, si alguien intentaba dañarlo, si la luz del sol lo arrugaba, el mundo pagaría.
—Ayer vi a ese pirata de la barba blanca mirarte en el puerto —dijo (T/N), poniéndose de pie. La sonrisa se había borrado de su rostro, reemplazada por una frialdad glacial.
Law se encogió de hombros, volviendo a tumbarse.
—Era un degenerado, supongo.
—Lo era. Y lo que más me molesta es que sus ojos sucios mancillaron la pureza de tu silueta. —(T/N) se inclinó sobre él. Su voz era ahora un susurro venenoso, pero Law lo tomó como una advertencia más—. No te preocupes. Lo seguí.
Law abrió un ojo, ahora más alerta.
—¿Hiciste algo estúpido, (T/N)-ya?
(T/N) se limitó a sonreír, su rostro volviendo a ser la imagen de la calma perfecta.
—Solo me aseguré de que tuviera un accidente con una caja de explosivos en el muelle. Fue rápido. Y ahora, sus ojos ya no verán la perfección.
La inocencia de Law ante la monstruosidad de su tripulante era su debilidad. Su capitán, el Cirujano de la Muerte, solo frunció el ceño con una leve molestia.
—No quiero tener problemas con la Marina por tus "accidentes", (T/N)-ya.
—No los tendremos. Tú solo enfócate en tu belleza, Capitán. Yo me encargaré de todo lo demás. De todo. —(T/N) le dio una última mirada, una mezcla de adoración y demencia, antes de finalmente salir del camarote.
Law se limitó a masajear el bello olor de la crema en sus manos, suspirando. "Es demasiado protector," pensó, sin notar el peligro real que se escondía en la devoción absoluta de su tripulante.
(T/N) tenía su obra de arte. Y un artista debe aislar su obra de las miradas vulgares y los peligros innecesarios.
