Título: "Llamas de Despertar"
El calor del sol sobre la cubierta del barco era abrasador, pero no comparado con el calor que se apoderaba de mi pecho cada vez que veía a Ace. Era inevitable; lo sabía, pero no podía evitarlo. Desde que lo conocí, algo había cambiado en mí. La forma en que su risa llenaba el aire, el brillo en sus ojos cuando desafiaba a los demás o cuando hablaba sobre sus sueños de libertad. Todo en él me atraía de maneras que no podía explicar.
Estaba sentado en la baranda, las piernas colgando sobre el borde mientras observaba el horizonte. Mi cuerpo, como siempre, respondía a su presencia, pero esta vez, la sensación era diferente.
—¿Qué miras? —su voz me sacó de mis pensamientos.
Me giré rápidamente, encontrándolo con una sonrisa amplia. Sus ojos oscuros brillaban bajo la luz del sol, y por un momento, sentí que todo lo demás desaparecía.
—Solo… el mar. —Trataba de ocultar mi nerviosismo, pero era inútil.
Ace se acercó, sentándose a mi lado con una agilidad que me hacía preguntarme cuántas veces había hecho ese mismo movimiento. La brisa marina despeinaba su cabello, dándole un aire aún más rebelde, pero era su cercanía lo que me descontrolaba.
—¿Estás seguro que no mirabas algo más? —dijo, sonriendo con esa sonrisa arrogante que me volvía loco.
Mi corazón latió más rápido, y aunque intenté mantener la calma, las palabras se atascaban en mi garganta. ¿Cómo podía decirle lo que sentía sin parecer un tonto?
—Nada… importante. —La mentira salió demasiado rápido, pero aún así no me atreví a mirarlo directamente a los ojos.
Ace soltó una pequeña risa y me dio un codazo juguetón.
—Vaya, qué misterioso. Te estoy observando, y ya te has puesto todo raro. ¿Es que te pasa algo?
Las palabras me quemaban en los labios, pero me costaba expresarlas. ¿Cómo decirle que cada vez que lo veía, mi pecho se apretaba de una manera que no podía controlar? Que sentía celos cuando otros se acercaban demasiado a él, o cuando su mirada se apartaba de mí. Todo lo que podía hacer era morderme el labio y mantener la mirada fija en el horizonte.
Ace, como si leyera mis pensamientos, se acercó un poco más.
—Si no quieres decirlo, no lo digas. No soy de los que obligan a otros a hablar —dijo suavemente, pero había algo en su tono que me hizo sentir como si todo estuviera demasiado expuesto.
Mi respiración se aceleró al ver la seriedad en sus ojos. Había algo diferente en la forma en que me miraba. Fue entonces cuando entendí que había algo más entre nosotros, algo que no había dicho en voz alta. Algo que Ace ya había notado.
—Ace… —mi voz salió apenas un susurro.
Él no dijo nada, solo esperó, como si ya supiera lo que quería decir, como si me estuviera dando espacio para descubrirlo por mí mismo.
Y entonces, con un suspiro pesado, lo dejé escapar.
—Tu… me gustas.—
El silencio que siguió fue aplastante. No sabía si me sentía aliviado o aterrorizado. Mi corazón palpitaba en mis oídos, y no sabía si quería desaparecer o enfrentar lo que acababa de decir. Pero antes de que pudiera arrepentirme, Ace soltó una risa suave, pero esta vez no era su risa burlona.
—Tonto… ya lo sabía. —Su voz estaba llena de una suavidad inesperada. Y con un movimiento rápido, me dio un abrazo, apretándome contra su pecho—. Y yo también siento lo mismo, idiota.
El aire a mi alrededor se desvaneció, y por un momento, sentí como si el tiempo hubiera dejado de moverse. Ace, el chico impredecible y libre, estaba sosteniéndome con una ternura que nunca había imaginado.
Entonces, sus palabras llegaron, susurradas contra mi oído.
—Si me hubieras dicho antes, no te habría dejado esperar tanto, ¿sabes?
El calor de su abrazo me envolvió, y por fin, supe que aquello era solo el principio de lo que podría ser.
