law

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El momento en que Law la vio fue un quiebre en su rutina y en su legendaria compostura.
Trafalgar Law había dado la orden de que Bepo lo siguiera, pero el nakama polar se detuvo abruptamente. Law, absorto en sus pensamientos sobre las provisiones necesarias para la siguiente travesía, estaba a punto de reprenderlo cuando una risa clara y melodiosa lo sacó de su concentración. Era un sonido brillante, totalmente fuera de lugar en el constante murmullo del puerto.
Se giró automáticamente, y fue entonces cuando la vio.
Ella estaba riendo, tapándose la boca con una mano enguantada. Era hermosa. No solo atractiva, sino poseedora de una belleza inesperada y cautivadora que Law, con todo su cinismo, no pudo ignorar. El sol se reflejaba en su cabello, y sus ojos brillaban con una alegría pura.
«Tan bonita... joder, era bonita», pensó Law, sintiendo una punzada inusual en su pecho. Su mente, habitualmente dedicada a la cirugía y la estrategia, se había quedado en blanco.
Bepo, sintiendo la inusual inmovilidad de su Capitán, giró su gran cabeza de oso.
-¿Capitán? ¿Pasa algo? -preguntó Bepo en su tono suave.
Law ignoró a Bepo. Necesitaba un momento. Se dio cuenta de que ella se había girado por completo, y en su mano sostenía una canasta de frutas. Estaba hablando con un vendedor, ajena a la intensa mirada del temido Cirujano de la Muerte.
Si había algo que Law detestaba, era perder el tiempo. Y sin embargo, no podía moverse. Rompiendo con su carácter tranquilo y reservado, Law actuó. No con una amenaza, sino con una curiosidad que no había sentido en años.
Se acercó a ella, Bepo siguiéndolo con cautela. La chica notó su sombra y levantó la vista. Al ver al pirata de 3 mil millones de Berrys acercándose, el vendedor palideció y huyó, pateando accidentalmente una manzana que rodó hasta el pie de Law.
Ella, sin embargo, solo inclinó la cabeza, su risa anterior desapareciendo para dar paso a una expresión de calma desconcertante.
-Disculpa, ¿puedo ayudarte en algo? -preguntó ella, sin mostrar el miedo que Law estaba acostumbrado a inspirar.
Law la miró fijamente. Su mente había recuperado la compostura, pero su boca se movió antes de que pudiera formular una pregunta lógica.
-Señorita, esa risa... -Law se encontró balbuceando, algo que no hacía desde la infancia-. ¿Qué es tan divertido?
Una diminuta sonrisa tiró de las comisuras de sus labios.
-Solo la broma tonta de un amigo. Pero no creo que sea tan divertida para usted, Capitán Law.
El uso de su nombre lo sorprendió. Y el hecho de que ella no temblara ante él.
-¿Me conoces?
-Quién no lo conoce -replicó ella, encogiéndose de hombros. Luego, con una gracia natural, señaló la manzana magullada a su lado-. Soy (T/N). Y usted ha roto una de mis manzanas.
«Increíble. La mujer más hermosa que he visto, y lo primero que hago es causarle un daño material», pensó Law, sintiendo su orgullo profesional picado.
-Room -murmuró Law, extendiendo su mano para crear una burbuja azul.
Con la precisión de un cirujano, movió el resto de las manzanas a una nueva canasta limpia que apareció de la nada, dejando solo la magullada.
-Discúlpeme. Yo... yo pagaré por todas ellas. ¿Dónde puedo encontrarte más tarde? Necesito compensarte por esta falta de respeto.
No era una orden de pirata. Era una petición, una necesidad genuina de reparar el único daño que había causado a algo tan bonito. Y lo más sorprendente para el propio Law era que se dio cuenta de que solo quería una excusa para volver a verla.

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