borsalino ✨✨

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Pareja: Borsalino x T/n (con yandere OC / o personaje sorpresa que la acecha)
Ambientación: Base de la Marina, bar interno para oficiales
Tono: Tensión romántica + thriller psicológico

Trabajar como moza en un bar dentro de una base de la Marina era… peligroso. No por las peleas. No por el alcohol.
Sino por los ojos.

Los ojos que no se iban.

Los ojos que no parpadeaban.

Eran diferentes a los de Borsalino.

Él venía seguido. Siempre sonriente, con esa forma lenta de hablar, casi como si nada lo apurara jamás. Se sentaba solo, pedía un whisky suave y la miraba como si la conociera de antes.

—Tú eres la luz del día en este lugar tan gris, t/n —decía con voz arrastrada—. Una verdadera joya entre marines ruidosos.

Y cada vez que decía algo así, tu corazón se aceleraba.

Pero hoy… algo cambió.

Él estaba ahí, como siempre. Sonriendo. Tranquilo.

Pero vos sentías otra cosa.

Una mirada clavada en tu espalda.

Otra.

Diferente.

Más… cruda.

Saliste por la puerta trasera a tomar aire y lo encontraste. Un marine joven, ojos desorbitados, sonriendo con una flor marchita en la mano.

—T/n... me ignoraste de nuevo. Pero está bien. Sé que estás jugando difícil. Sé que en realidad me amás a mí... no a él. —dijo, dando un paso hacia vos.

Congelada. No podías gritar. No podías moverte.

Pero no hizo falta.

En un instante, una figura alta y dorada apareció entre las sombras, caminando con calma. Era él.

Borsalino.

—Ah… qué lento soy, parece. Me tomó más de lo debido notar a este insecto detrás tuyo… —dijo, y su tono cambió. La sonrisa seguía, pero sus ojos no reían.

Un destello de luz.

Y el marine cayó.

Vivo, pero inconsciente.

Borsalino no dejó de sonreír mientras se acercaba a vos.

—Lo siento, preciosa. No volverá a pasar. —dijo, tomando tu barbilla con sus dedos enguantados.

—¿Estás... bien? —preguntaste, con voz trémula.

Él te observó como si fueras una joya delicada.

—Ahora que estás a salvo, sí. Pero no voy a permitir que otro te mire así de nuevo. Ni siquiera tus clientes. Ni tus amigos. Ni tus compañeros. Porque sos mía, ¿entendiste? —su voz se arrastró, dulce y oscura como la miel podrida.

Y aunque su agarre era suave…

Sabías que ya no podrías irte.

No pasó ni una hora después del incidente, y ya tenías tus cosas guardadas. No porque vos lo decidieras.
Sino porque él lo hizo.

—Este lugar ya no es seguro para una dama como vos. No quiero que vuelvas a servirle copas a nadie más… jamás, —murmuró Borsalino mientras te seguía con calma por los pasillos de la base.

—¿Pero y el bar? Yo… —intentaste protestar.

Él no te dejó terminar.

—Ya está arreglado. Les dije que te asignaran como asistente personal mía. Vas a trabajar conmigo, estar conmigo, vivir donde yo diga. Así no te perdés nunca más, preciosa. —dijo, con esa sonrisa perpetua que ya no sabías si te calmaba… o te daba miedo.

Te detuviste, helada.

—¿Vivir...?

—¿Preferís que te encierre en mi camarote? —bromeó. O eso esperabas. Pero su mirada tenía ese brillo amenazante que te decía que si decías que no… quizás lo haría en serio.

—Borsalino… esto no es necesario. Solo fue un loco. No va a volver.

Él suspiró, acercándose. Su tono bajó, grave.

—No sabés cuántos hombres me han mirado así por tenerte cerca. No fue solo ese imbécil. Fue el quinto. El quinto en seis meses. Y todos pensaban que podían tocar lo que es mío. —te acarició el mentón—. No más.

—¿Y si yo no quiero ser tuya? —te animaste a decir.

Silencio.

Y después…

—Entonces vas a tener que convencerme… de dejarte ir. —susurró, acercando sus labios a los tuyos— Pero no vas a poder, preciosa. Porque vos también me querés. Lo veo cuando me mirás. Cuando sonreís al atenderme. Cuando te ponés nerviosa cerca mío.

Y lo peor era… que tenía razón.

Parte de vos se moría por él.

Por esa voz baja. Por sus manos lentas. Por su mirada que parecía quemarte sin tocarte.

Y cuando te besó, esa parte ganó.

one shot Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora