El alboroto de la gente se había quedado atrás en el estudio. Ahora, estabas en la exclusiva boutique del centro, un lugar tan lujoso que el aire olía a cuero nuevo y a un perfume carísimo.
Ace, tu novio y una de las figuras más grandes del streaming global, caminaba a tu lado como si estuviera en pijama, ignorando olímpicamente las miradas envidiosas que recibía. Él ya tenía todo el foco, pero tú eras su prioridad absoluta.
Tus ojos se posaron en una chaqueta de cuero con detalles bordados. Era preciosa, pesada, y sabía que el precio era probablemente obsceno.
La tomaste entre tus manos, sintiendo la suavidad de la piel, y luego miraste la etiqueta. Tu corazón dio un vuelco al ver la cifra. Aunque tú trabajabas, esa suma era el equivalente a dos meses de tu sueldo. Con un suspiro, te preparaste para devolverla al estante.
Pero Ace, que nunca estaba lejos, apareció a tu lado como si te leyera la mente. Se inclinó, su aliento cálido rozó tu oído, y su voz profunda te hizo sonreír.
—Parece que te encanta.
—Sí, pero... es demasiado —murmuraste, intentando sonar casual.
Ace puso los ojos en blanco con afecto. Te tomó del mentón, obligándote a mirarlo. Su sonrisa, esa sonrisa genuina que guardaba solo para ti y no para la cámara, era irresistible.
—"Elige cualquier cosa, no es mucho y yo lo pago."
Y luego, antes de que pudieras protestar o argumentar sobre tu independencia financiera, deslizó una tarjeta negra, premium y sin límites, directamente en tu mano.
—Cómprala. O compra eso y media tienda si quieres. ¿Recuerdas lo que te dije?
Recordaste su mantra, el que te repetía cada vez que dudabas de aceptar sus regalos.
—"Todo lo que gano... lo gano para mimarte," —dijiste, repitiendo sus palabras.
—Exacto. Y no te atrevas a usar la palabra "caro" conmigo. Esto es calderilla comparado con los millones de personas que ven mi cara todos los días —Se rio, restándole importancia al asunto, como si estuviera hablando del clima.
Tú sonreíste, el peso de la tarjeta y la profundidad de su afecto abrumándote.
—Ace, es que... siento que no...
—Shhh. —Ace te interrumpió con un suave beso en la sien.
Él no estaba comprando la chaqueta; estaba comprándote felicidad y comodidad. Para Ace, tu satisfacción era la recompensa real de sus horas frente a la pantalla.
—Mientras tú seas feliz, mi stream es un éxito. Ahora, ve y date un gusto. Yo voy a buscarte un bolso a juego.
Te guiñó un ojo, te dio una palmada cariñosa en el trasero y se dirigió a la sección de accesorios.
Sostuviste la chaqueta y la tarjeta de Ace. No era solo la ropa; era la sensación de ser vista, valorada y, sí, mimada sin límites por el hombre más deseado del planeta. Y él te había elegido a ti.
Te dirigiste al mostrador de pago, sintiéndote como la persona más afortunada del mundo.
