22. NEGRO LACA

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22. NEGRO LACA

De hecho sobrevivo sin usar oclumancia.

Granger está inconsciente casi por cuarenta y ocho horas y yo la mantengo entre mis brazos precisamente por cuarenta y seis horas y treinta minutos.

La primera vez que dejo su cama de hospital, lo hago solo para darme una ducha rápida y cambiar mi uniforme de combate empapado en sangre por ropa de ejercicio limpia. Después de eso estoy con ella consistentemente, a parte de algunas esporádicas e inevitables visitas al baño, mientras el cuarto de trauma, después de la puerta de su cuarto privado, se va haciendo más silencioso. La paz y calma gradualmente regresa al cuartel general de la resistencia.

Lovegood viene a revisar los signos vitales de Granger y a lanzar hechizos diagnósticos seguido, justo como lo prometió. Blaise nos visita una vez y me trae un libro que ni siquiera me molesto en abrir. Me dice que cinco rebeldes están muertos. Padma Patil y Angela Jonson, por nombrar dos de las víctimas que conozco personalmente. Conocía. Serán enterrados en los siguientes días. Después de sacarse esta noticia devastadora de su pecho, Blaise se queda unos minutos, aunque la mayoría son en silencio. El que se abstenga de comentar sobre el hecho de que estoy en la cama con Granger, me demuestra lo triste que está. Después de una hora más o menos, él aprieta mi hombro y deja el cuarto sin decir otra palabra.

Blaise y Lovegood no son nuestros únicos visitantes. Ginny me trae comida regularmente y se ve menos inquieta cada vez que entra. Eventualmente, Potter aparece, sin embargo, solo se mantiene en la esquina del cuarto con los brazos cruzados y mira a Granger preocupado. Weasel-Weasley no aparece para nada. No me cuestiono si es por decisión propia o si los otros simplemente no lo dejan entrar.

Por mi parte, miro al techo constantemente, solo ocasionalmente volteo de izquierda a derecha y de regreso para aliviar mi espalda adolorida y sobrepensar mis ideas oscuras.

Granger tenía razón, mierda. En su furia por nuestro, o más bien mi, traición, el Señor Oscuro es impredecible. Necesitamos tener algún progreso para prevenir que más personas mueran. Me siento más responsable que nunca y, lenta pero seguramente, se está volviendo inaguantable.

Cuando Granger se mueve por primera vez, estamos los dos de lado y su espalda está contra mi pecho. Uno de mis brazos está bajo su cabeza, el otro la rodea, pero, por suerte, mis manos están claramente visibles en el colchón frente a ella. Sin embargo, rápidamente cierro mis ojos y hago lo que parezco hacer mejor estos días: pretendo estar dormido.

No es para nada como esa mañana en la casa del árbol. Hoy, le doy más tiempo a propósito. No tozo fingidamente, ni bostezo. Siento como su cuerpo se pone tieso, mientras se da cuenta de la situación en la que está. Aun así, en mi abrazo, ella lentamente se voltea a verme. De repente, se me ocurre que ella no tiene ni la más mínima idea de qué rostro va a ver y mi corazón comienza a latir un poco más rápido. Pero me mantengo completamente quieto, mantengo mis ojos cerrados y mentalmente me preparo para el golpe, o al menos la cachetada, que seguramente viene.

Lo que pasa es...nada.

Deben de ser minutos en los que ella solo está ahí acostada y me mira silenciosamente. Puedo imaginarme la cara que está haciendo (cejas fruncidas, fosas nasales hiperextendidas, labios temblorosos), pero no me atrevo a parpadear o mirarla para saber si tengo razón. Aunque la necesidad de hacerlo es casi abrumadora.

Y luego Granger hace algo que en definitiva no esperaba. Algo que hace que mi inexistente indiferencia, que logre armar en los últimos dos días, colapse como una casa de cartas.

Ella se acerca y se acurruca contra mi cuerpo.

Necesito de todo mi autocontrol para no jadear sorprendido.

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